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La desigual Europa

Bajo el manto global de la Unión Europea (UE) se ocultan no pocas desigualdades, no sólo entre los niveles de desarrollo de los socios de este mecanismo integrador, sino que también en el seno de cada una de sus sociedades, y quizás las más recurrentes sean las que separan a hombres y mujeres en el mercado laboral.

Así lo confirmó un estudio publicado en estos días por la Agencia Europea de Estadísticas (EUROSTAT), acerca de las diferencias de género tanto en materia de remuneración, como de acceso a puestos de dirección, desarrollo profesional o, simple y llanamente a un trabajo, aún aquellos de condiciones precarias.

En una región que se ofrece a sí misma como plagada de oportunidades, resulta que a nivel promedio las féminas ganan 16,3 por ciento menos respecto a sus colegas hombres por tareas que requieren igual calificación y tiempo para ejecutarlas.

Parece poca diferencia, pero si se mira más allá de los escurridizos porcentajes, significa que por cada 1000 euros que un trabajador obtiene por la venta de su mano de obra, su par femenina sólo adquiere 837 lo que significa una notable diferencia en cuanto a las posibilidades de consumo, ahorro o aún de entretenimiento.

EUROSTAT advierte que esto es un promedio, lo cual quiere decir que hay sitios mejores y peores y en el extremo negativo se encuentran Estonia, con una diferencia de 26,9, más de la cuarta parte de un salario; República Checa, con 22,5 y, asómbrense ustedes, la desarrollada Alemania, donde las mujeres ganan el 22 por ciento menos respecto a los hombres.

En cuanto a Francia, otro de los motores de la economía en la UE, la brecha salarial de género es del 15,8 puntos, en tanto los países con mayor equidad de ingresos son Italia, con 5,5 por ciento; Bulgaria, 5,8 y Bélgica, que tiene 6,5.

Las notables desigualdades no varían si se analizan desde el punto de vista de los principales grupos laborales. Una mujer ejecutiva gana 28 por ciento menos que un hombre que ocupe la misma responsabilidad.

Aquí habría que agregar que salvo algunas excepciones, la dirección de las grandes corporaciones las ocupan representantes del sexo masculino, lo que ocurre también con las grandes cámaras empresariales.

Ellas también llevan la peor parte en el lado más oscuro del mercado laboral, como lo es el desempleo o el empleo precario, considerado este último como el trabajo a tiempo parcial o con salarios reducidos.

De acuerdo con la Agencia Europea de Estadísticas, el 31,9 por ciento de la mano de obra femenina está en el mercado informal, pero en Holanda llega hasta el 76,4, una cifra asombrosa. Por otra parte, 46 de cada cien alemanas que son madres de familia deben contratarse a tiempo parcial para poder cuidar de sus hijos.

Pocos países del mundo ofrecen completo derecho al trabajo con igual remuneración con independencia del género, o al acceso a puestos de dirección o desarrollo profesional.

Cuba es uno de ellos y en otros, como Venezuela, Bolivia o Nicaragua se hacen grandes esfuerzos por alcanzar estas garantías y, no obstante, suelen ser víctimas de críticas por aquellos que no acostumbran a mirarse bien por dentro, o no les importa lo que allí ocurre.

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