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Cuba-EEUU: No basta con la voluntad de una de las partes (+Audio, Fotos y Videos)

La resistencia del pueblo cubano llevó a Washington a sentarse a la mesa de negociaciones con la Isla vecina, en términos de igualdad, sin condicionamientos, y con respeto a la independencia y soberanía de la nación caribeña.

El 17 de diciembre de 2014, el entonces presidente Barack Obama reconoció que la política de agresión contra Cuba era un fracaso y había aislado a Estados Unidos. Sin embargo, su gobierno mostró que cambiaban los métodos, pero no los objetivos.

En poco más de dos años se restablecieron las relaciones diplomáticas, se reabrieron las embajadas en ambas capitales y se firmaron más de veinte acuerdos en diversas áreas, desde la reanudación de los vuelos directos hasta la cooperación en temas de seguridad.



Pero el panorama bilateral cambió cuando comenzó 2017 y con la llegada de Donald Trump el 20 de enero a la Casa Blanca, también llegó el retroceso en la política de Washington hacia La Habana.

Complaciendo a un minúsculo, retrógrado y aislado grupo de cubanoamericanos residentes en la Florida, la regresión de la actual administración estadounidense tuvo su primera expresión formal en el “Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el Fortalecimiento de la Política de los Estados Unidos hacia Cuba”, firmado y dado a conocer por el presidente Trump el 16 de junio de 2017, en Miami.


Mediante este documento, que derogó la directiva del gobierno antecesor, quedó claramente evidenciado que la política de la Casa Blanca en lo adelante no sería normalizar los vínculos bilaterales, sino retornar a la vieja política fracasada de recrudecimiento del bloqueo y la subversión contra Cuba.

Ciertamente, el estado de las relaciones entre los dos países se agravó sensiblemente, a partir de las decisiones adoptadas en septiembre y octubre por el gobierno norteamericano, de reducir de forma sustancial el personal de su Embajada en La Habana y de expulsar, de manera unilateral, infundada y arbitraria, a 17 funcionarios de la Embajada cubana en Washington, con el pretexto de los alegados incidentes que habrían afectado la salud de algunos de sus diplomáticos y familiares, y de que el gobierno cubano no había adoptado todas las medidas adecuadas para garantizar su protección y seguridad.

Esta calumnia no fue suficiente y la administración Trump escaló en su reacción: emitió una advertencia a los viajeros para disuadirlos de visitar Cuba y publicó un aviso sobre restricción de alojamiento en algunos hoteles de La Habana. Previamente, había suspendido todos los viajes de delegaciones oficiales y de funcionarios gubernamentales a Cuba.

En medio de esta compleja situación, las decisiones del gobierno estadounidense han repercutido negativamente en el funcionamiento de la Embajada de Cuba en Washington, en particular del Consulado; y han causado serias afectaciones en los servicios a los cubanos residentes en Estados Unidos que desean visitar a sus familiares en Cuba y a los ciudadanos estadounidenses interesados en viajar a nuestro país. También, al desmantelar la Oficina Económico-Comercial, han dejado sin interlocutor al empresariado del norteño país que mantiene interés en explorar e identificar oportunidades de negocios.

A su vez, la reducción drástica del personal diplomático estadounidense y la suspensión del otorgamiento de visas en el Consulado, hecho sin precedentes desde la apertura de una oficina en La Habana en 1977, ha paralizado los trámites de los ciudadanos cubanos para emigrar o visitar Estados Unidos, los cuales han sido transferidos a terceros países, haciéndolos totalmente inviables.

Lógicamente, estas medidas han tenido también un impacto negativo en la cooperación bilateral en temas de interés mutuo, los intercambios y los viajes entre los dos países, los vínculos familiares y las relaciones migratorias.

Según autoridades cubanas, los primeros efectos adversos ya se hacen sentir: muchos cubanos se han visto imposibilitados de asistir a eventos culturales, deportivos, científicos y académicos en Estados Unidos, al no poder recibir sus visas en La Habana, y se han cancelado las visitas de decenas de grupos estadounidenses, incluyendo de estudiantes universitarios.

En este contexto, entraron en vigor el pasado 9 de noviembre, las regulaciones para implementar las medidas anunciadas por el presidente Donald Trump en junio pasado, las que endurecen el bloqueo, generan confusión en cuanto a lo que es permitido o no, y tienen un efecto intimidatorio y disuasivo. Estas no han hecho más que confirmar el serio retroceso que ha tenido lugar en los vínculos entre ambos países.

La situación se agravó con la emisión de una lista arbitraria de “entidades cubanas restringidas”, supuestamente vinculadas, de manera infundada, al sector de la defensa y seguridad nacional, con las que en lo adelante quedan prohibidas las transacciones de Estados Unido. A eso se añade la decisión de prohibir los viajes individuales de los estadounidenses en la categoría de intercambios “pueblo a pueblo”. Estas medidas no solo dañan a la economía cubana y a sus sectores estatal y no estatal; sino también a los ciudadanos estadounidenses, cuyo derecho a viajar a Cuba se restringe aún más, y a sus empresarios, que se ven privados de interesantes oportunidades de negocios frente a su competencia.

Todos estos pasos han sido acompañados de repetidos pronunciamientos irrespetuosos y ofensivos hacia Cuba, por parte del presidente Trump y otros altos funcionarios de su gobierno, quienes retoman la retórica hostil de las etapas de mayor confrontación, añadiendo un componente negativo adicional que enrarece el clima bilateral.

Fuentes diplomáticas cubanas consideran que si el retroceso en las relaciones no ha sido mayor, como es el deseo de elementos de la extrema derecha de origen cubano y algunos aliados dentro del gobierno, se ha debido a la fuerte oposición de miembros del Congreso de ambos partidos y de numerosos sectores, incluyendo empresarios, académicos, militares retirados, entidades científicas y educacionales, agencias de viajes, organizaciones diversas, cubanos residentes en ese país e, incluso, agencias gubernamentales, que durante dos años constataron y recibieron los beneficios de un vínculo diferente con Cuba.

Expertos opinan que esto fue lo que hizo posible que la directiva de política anunciada por el presidente Trump, preservara en su texto la cooperación con Cuba en temas de interés mutuo y mantuviera sin cambios otras de las regulaciones promulgadas durante el mandato del presidente Obama para modificar la aplicación de algunos aspectos del bloqueo.

En esta coyuntura, el gobierno cubano ha reiterado varias veces su voluntad de continuar el diálogo respetuoso y la cooperación en temas de interés mutuo, así como la negociación de los asuntos bilaterales pendientes con el Gobierno de Estados Unidos, sin imposiciones ni condicionamientos.

Pero, ello no ha quedado en el plano declarativo, sino que en correspondencia con esta posición, Cuba ha dado pasos concretos para mantener una relación civilizada y mutuamente beneficiosa con el vecino país.

Recientemente se conoció que entre otras acciones, en los últimos meses, Cuba ha presentado al Departamento de Estado siete planes para la implementación de los memorandos de entendimiento suscritos sobre cooperación en materia de hidrografía y geodesia, áreas terrestres protegidas, sismología, meteorología, control del cáncer, sanidad animal y vegetal, y hermanamientos de parques nacionales.

Cuba ha reiterado además, las propuestas de bases para la cooperación bilateral en el enfrentamiento a la trata de personas, el terrorismo, el tráfico de personas y el fraude migratorio, y el lavado de activos, así como ayudas a la navegación y mapificación topográfica. La Isla caribeña está a la espera de las respuestas de las autoridades estadounidenses.

Al mismo tiempo, en medio de los retos que impone el marco restrictivo de las regulaciones y las leyes del bloqueo, que es el obstáculo principal para las relaciones económicas, comerciales y financieras entre los dos países; el interés y la persistencia de empresas cubanas y estadounidenses han hecho posible concretar algunos nuevos negocios en sectores de prioridad, como el transporte, equipos para infraestructura y agricultura, y el turismo. A su vez, se avanza en las negociaciones de nuevos acuerdos en otros importantes sectores como la salud, la energía y la biotecnología.

Vea en el siguiente video la Conferencia de Prensa del Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, sobre temas medulares de las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos.

En medio de estas circunstancias, la posición de Cuba ha sido ecuánime, inteligente y muy firme. Una vez más ha brillado el liderazgo cubano y su diplomacia, encabezada por el General de Ejército Raúl Castro, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, quien en diversos escenarios nacionales e internacionales ha ratificado la histórica y consecuente posición de la Isla en cuanto a su disposición al diálogo y la negociación con Estados Unidos; siempre que sea sobre la base del respeto mutuo y sin la más mínima sombra que afecte la independencia y soberanía de la nación cubana.

En el 2018, Cuba seguirá creando y venciendo, trabajando con todas las personas de buena voluntad en Estados Unidos, conscientes de que existe un consenso en las sociedades cubana y estadounidense a favor de mejores relaciones entre nuestros dos países y pueblos.

 

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