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Mujer, savia vital

En ella es tangible la ternura; la música se baña con notas de infinito, la creación vibra y todo se convierte en luz.¿Qué obra posible, qué arte eminente ni sueño noble podría realizarse sin el genial néctar de mujer? Ella es crisol, oasis, inspiración, flor, motivo, accionar enérgico y sublime esperanza.

Este 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer; ese que de los más de trescientos sesenta de cada año debiéramos hacernos recordar que el de ella son todos los días. Uno para celebrarlo, y entender que bien poco nos serviría si no hacemos de éste la razón para el perpetuo honrar.

A la mujer, por encima de todo, reverencia y respeto; oído presto al consejo y caballerosidad sin límites. De ella proviene el género humano; sin ella la palabra vida no existiría.

Cuba recuerda a sus mujeres de ayer y hoy que en la vida pública unas, en el anonimato otras, las más, nutren la Patria de realidades hermosas y como bálsamo increíble curan heridas, consuelan y edifican.

¡Cuántas de ellas mencionar! Llenaríamos incontables espacios con sus nombres henchidos de virtud. Omitir uno solo de sus nombres no sería menos que deslealtad inconsciente. Digamos ¡mujer!, y solo así digamos Patria, Amor, Vida, Esperanza y Futuro.

En un día tan especial un nombre precisa mencionarse: el de Mariana, la que parió a los Maceo y es por derecho propio Madre de la Patria; la ejemplar mujer cuyos restos reposan en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, lugar donde junto a ella descansa y renace la historia cubana.

"¿Qué había en esa mujer, qué epopeya y misterio había en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre…?"- escribió Martí. ¡Y qué hermoso es contemplar cómo se prolonga a través del tiempo en sus hijas, las cubanas de todas las generaciones! Las de las guerras contra el colonialismo, las luchadoras en la república, las del Moncada, la Sierra Maestra y las ciudades; las internacionalistas de cualquier época y circunstancia de nuestra historia.

Pedestal merece, ¡y grande!, la mujer cubana para adorarla y rendir tributo eterno a su ternura, por sus dolores, y por inspirar sentido y vida a la existencia.

Amarlas, venerarlas, respetarlas y protegerlas, porque son las cubanas el patrimonio y la savia vital de la Patria. Por ellas y para ellas queda mucho todavía por hacer y somos los varones sus hermanos, hijos, esposos, compañeros del fraguar patrio, responsables de que siempre se les respete como merecen, y más.

El próximo año la Federación de Mujeres Cubanas celebrará un nuevo Congreso; como los anteriores de trascendencia, esta vez ante los que de ellas reclama la actualización del modelo económico y social cubano. Ellas son mujeres de vanguardia, -quizá redunde en la expresión porque en verdad la mujer es y será siempre un ser de vanguardia- en la primera fila del protagonismo nacional.

Ante los nuevos desafíos, con nuestras mujeres saldrá triunfal la Patria. Ya un día escribió el Apóstol:

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