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Ni con votos, ni con drones

Más allá del blanco simbólico que constituye el presidente Nicolás Maduro, el atentado del sábado último en Caracas apuntaba a liquidar a la Revolución Bolivariana. En la tribuna presidencial estaba el más alto estamento político, estatal y militar de la nueva Venezuela y de un golpe pretendían descabezar a la dirigencia chavista.

Es ese un objetivo que buscan desde hace cinco años, cuando tras la muerte de Hugo Chávez, desde el Norte, con el involucramiento de la OEA que también vive por allá, llegó una avalancha para liquidar al proyecto socio-político venezolano.

Desde lo oscuro y a veces a plena luz, Estados Unidos ha sido el principal operador de esa campaña, en la que Colombia ha jugado un lamentable papel.

El intento de magnicidio apareció ahora, cuando Maduro trata de aplicar un plan de recuperación económica para fortalecer las bases de la Revolución.

Apuesta por la violencia

Después de perder las elecciones, de fallar en las sanciones económicas y de fracasar con el linchamiento mediático, poco espacio le quedó a la oposición venezolana.

Esa es una derecha que se cubre la cabeza con la sábana democrática, pero a la que se le salen los pies de la violencia. Solo cumplen lo que han dicho varias veces funcionarios norteamericanos, e incluso colombianos, que aspiran a sacar a Maduro del poder de manera violenta para liquidar al chavismo.

Eso explica sucesos anteriores con militares renegados y sobre todo el abandono de las guarimbas por un sofisticado intento de atentado, que más que magnicidio era una tentativa de masacre por la cantidad de personas que estaban sobre la tribuna.

Atacaron a Maduro, que es lo mismo que golpear a la Revolución Bolivariana, pero no pudieron, ni podrán, ni con votos, ni con drones.

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