Las luces de Carilda se expanden por Matanzas

Ha muerto el verso de Matanzas, el verso de la Patria. Dejó de respirar Carilda Oliver Labra y, con ella, también la poesía queda un poco huérfana de luz.

No hay palabras posibles para describir la nube de tristeza que cae sobre esta ciudad a la que amó intensamente, sobre toda una isla prendada de su pluma, de su sensibilidad exquisita y la sonrisa que permanecerá siempre alojada en la Calzada de Tirry 81.

Un dolor intenso que alcanza, incluso, a quienes aman su obra y su vida a lo largo del mundo.

Cuba entera llorará a Carilda, la del Canto a Matanzas y la admiración eterna por Fidel, la que envió su agradecimiento poético al Comandante en Jefe a la Sierra en las botas de un soldado; a Carilda, la desordenada, la que tuvo que vender una puerta de su casa para poder subsistir en otros años y aun así, nunca abandonó a su país, a su querida Matanzas; a la mujer que impuso su voz cuando muchos no se atrevieron, de manera hermosa, pero contundente; al ser bañado de luminiscencia y ojos eternamente inspiradores, la de las nueve décadas más bellas que he conocido.

Hace cerca de dos años me hablaba de sí misma como una poetisa que estaba terminando de vivir… y no lo creí. El derecho a la muerte no debería existir para gente como ella que irradiaba alegría, esperanza, gente cuya bondad no le cabe en el cuerpo y la ofrece con cada mirada lúcida, con cada palabra melodiosa, con cada sonrisa agradecida.

El espacio corpóreo de la Novia de Matanzas ha expirado, pero, desde ahora, su espíritu libre, renacido, desandará las calles de la ciudad a la que debía, confesó, sus más grandes alegrías; desde ahora sus luces infinitas se expandirán por la urbe que tanto le debe a su huella, a su impronta invaluable para la cultura cubana.

El 29 de agosto será desde hoy una fecha triste, porque no todos los días un símbolo se convierte en leyenda, no todos los días el silencio se apodera de las calles y la gente permanece como si el tiempo se hiciera más lento y el aire más denso. La naturaleza también te rinde honores, Carilda, a ti que te fuiste con 96 años, radiante, victoriosa, vibrante e, irónicamente, llena de vida.

Ha muerto el verso de la Patria. Matanzas y Cuba están de luto. La poesía desde hoy permanecerá un poco más muda.

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