La Habana de papá Hemingway (+Audio)

Apenas el sol despierta de su letargo nocturno y, en el poblado de Cojímar, ya los pescadores echan sus botes a la mar. El sueño de volver con una abundante captura los impulsa a su odisea marinera. En el horizonte el legendario castillito los ve partir, mientras, desde la Terraza, la figura de un hombre con gorra de marinero y tupida barba blanca parece despedirlos.

A pesar de que hace casi 60 años que ese hombre no visita Cojímar, la presencia de “Papá Hemingway” es inmortal, porque él inmortalizó a este pueblo y a su gente en sus obras.

Su primer encuentro

Consta en los registros del puerto de La Habana que la noche del 1 de abril de 1928 fue una noche nublada y una densa bruma afectaba la navegación.

Justo a las 22:50 horas el vapor Orita, procedente de Francia y con destino Cayo Hueso, atracó en el Puerto de La Habana, para hacer una pequeña escala en su trayecto. A bordo del navío viajaban el joven reportero Ernest Hemingway acompañado de su segunda esposa Pauline Pfaiffer.

Apenas unas horas fueron suficientes para que el autor de Fiesta, quedara prendido de la mística de esta ciudad. Esta jugada del destino se convertía en el primer encuentro de Hemingway con la tierra que llamó su segunda patria.

 Un buen sitio para escribir

La habitación 511 del hotel Ambos Mundos, en la céntrica y siempre bulliciosa calle Obispo, fue el lugar escogido por Hemingway para hospedarse en su regreso a La Habana en 1939. Con una, ya entonces, vieja máquina de escribir, el reportero redactó sus “Crónicas de Pesca” y los primeros capítulos de su célebre novela “Por quién doblan las campanas”.

Sin dudas el Hotel Ambos Mundos ocupó en la vida del escritor Ernest Hemingway un espacio significativo en su vida, es en él donde escribe, por primera vez en Cuba, utilizando una modesta habitación del quinto piso.

Años después sobre este sitio entrañable, Hemingway afirmó:

“(…) es un buen sitio para escribir...”.

La Habana de Hemingway

En 1940 Hemingway decidió establecerse permanentemente en Cuba, para ello adquiere una vivienda en San Francisco de Paula, barriada de las afueras de La Habana. El ambiente de tranquilidad que se percibía en “Finca La Vigía”, convirtió al sitio el remanso de paz donde el escritor realizaría algunas de sus obras más célebres.

Sin embargo, la presencia de “Papá Hemingway”, como lo llamaban los pescadores de Cojímar, no solo se reconoce en los lugares donde vivió, si no que existen en La Habana varios sitios que fueron recurrentes en sus paseos y en los que su mística aún se percibe.

Su butaca en el legendario bar Floridita, su silla con vista al mar en La Terraza de la playa de Cojímar, recuerdan los 22 años que vivió en La Habana.
 
La literatura no fue la única pasión de Hemingway, legendarias fueron sus jornadas de pesquería a bordo de su yate, nombrado Pilar. Y de esa unión nació su novela más reconocida, “El Viejo y el Mar”.

Un cubano “sato”

En 1954, Ernest Hemingway fue galardonada con el Premio Nobel de Literatura, al regresar a la isla llevó personalmente la medalla hasta el Santuario de la Virgen del Cobre y allí la depositó como ofrenda a los pies de quien es considerada madre de todos los cubanos.

En una entrevista concedida a la prensa nacional, Hemingway sorprendería a la audiencia al considerarse el 'primer cubano “sato” en ganar el Premio Nobel…'.

Hemingway el inmortal

A solo unos meses del Triunfo Revolucionario de enero de 1959, Hemingway fue forzado, por los Estados Unidos a abandonar, esta isla que llamó su segunda patria. Poco tiempo después, el 25 de julio de 1960, el genial literato decidió acabar con su vida de un disparo en la mandíbula.

Luego de conocer la triste noticia, los pescadores de Cojímar, esos a los que llamó sus amigos, construyeron un busto con el bronce de sus barcos a modo de homenaje al hombre que los inmortalizó con sus obras.

 

 

 

 

 

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