El desprestigio público de Estados Unidos

No demoró mucho Estados Unidos en desenvainar su hostilidad hacia la Revolución Cubana. Cuando apenas el gobierno revolucionario se instalaba, primero la suspensión de los envíos de petróleo y más tarde el drástico recorte a la cuota azucarera, marcaron el derrotero de las relaciones bilaterales, rotas en enero del 61.

Un año después, en febrero del 62, nos caería encima el bloqueo, una pesada losa con la que pretendieron, y aún pretenden, enterrarnos en vida.

Trece administraciones, de Einsenhower a Trump, de una u otra manera han tratado de rendirnos por hambre durante más de medio siglo, en el más largo genocidio que recuerde la Historia.

Y sí, es un genocidio porque ese apretado cerco persigue el exterminio de un pueblo que se niega a entregar su soberanía e independencia.

El bloqueo es una sombra amenazadora agazapada en todos los rincones de la vida en Cuba, aunque Estados Unidos no se esconda para apretarnos el cuello.

En todos los aspectos de la cotidianidad aparece, de una forma u otra, la huella de una política hostil, ilegal e inhumana.

Por eso, usted puede enumerar cualquier sector de la economía nacional y siempre encontrará afectaciones millonarias que lastran dolorosamente el desarrollo de la nación.

Cada vez que un cubano abre los ojos en la mañana, irrumpe en casa el bloqueo de manera silenciosa. Y es en las carencias donde más evidente se hace  el apretón de un cerco que en poco más de medio siglo nos ha hecho mucho daño, pero que también se ha convertido en el desprestigio público de Estados Unidos.

Pin It

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar