#Habana500/ La Bodeguita del Medio, de La Habana y de Cuba

A veces, el asfalto de la estrecha calle dibuja los contornos rebeldes de un antiguo adoquín. Es la denuncia de un tiempo lejano que dio nombre a la vía: Empedrado. Pequeña arteria desviada por el portón lateral de la Catedral. Con aceras para el paso de una sola persona, y una larga fachada interrumpida -a saltos- por antiguos faroles, balcones de hierro viejo, y, justo en la mitad de la cuadra, un sencillo letrero deja leer: La Bodeguita del Medio.

Cuando el nuevo visitante empuja la mampara de madera oscura... se sorprende. ¿Dónde están las mesas de este restaurante? Solo un bar antiguo en que botellas y público se confunden con el decorado del salón: fotos, carteles, estatuillas, disímiles objetos que cuelgan en los estantes adosados a las paredes.

Y en un rincón, casi inadvertida, una puertecilla comunica con un pasillo largo y angosto, cargado de olores que recuerdan la cocina hogareña.

Al final del pasillo, un viejo patio semicolonial filtra la luz que penetra en dos cuartos pequeños. Justo allí aparecen las mesas: rústicas y rodeada de taburetes criollísimos.

Comedor típico con sabor…quizás a barrio, quizás a campo. Sus paredes, como un gran libro de visitas, exhiben firmas y frases que señalan el paso del tiempo con sus mensajes entusiastas. No queda un rincón en blanco. Todo está sabiamente aprovechado. Y sobre estos murales poligráficos, cuadros de distintos tamaños dan preferencia a fotos y hechos que marcan distintas etapas de la Revolución Cubana.

La Bodeguita, más que restaurante, es peña de ambiente bohemio, cubanísimo, y así reflejado en su historia contada por Ángel Martínez, su fundador –ya fallecido-, que contó para la posteridad:

“En 1942 esto era una pequeña tienda de víveres. Mi esposa y yo comenzamos a vender frituras con las bebidas. Había clientes fijos –casi amigos- que nos pedían algo más de comer. Entonces, les ofrecíamos de nuestra propia comida. Poco a poco, se fue haciendo norma.

“Venían intelectuales de una imprenta cercana, y se daban cita para conversar. Así fue que un día, un periodista llamado Leandro García publicó en su columna del periódico El País un artículo sobre la Bodeguita. A partir de ahí, se definió para siempre, el nombre: Bodeguita del Medio”

Muchos han sido los visitantes de ese acogedor rinconcito habanero, entre ellos, Carlos Puebla, el trovador, Ignacio Villa “Bola de Nieve”, el inolvidable presidente chileno Salvador Allende y otras tantas personalidades de la intelectualidad cubana y extranjera.

Fue entonces que nuestro Nicolás Guillen, le dedicó un poema a Martínez que tituló: “A la Bodeguita”, y reza así: 

La Bodeguita es ya la bodegona,
Que en triunfo al aire su estandarte agita,
Más sea bodegona o bodeguita
La Habana de ella con razón blasona

Hártase bien allí quien bien abona
Plata, guano, parné, pastora, güita,
Mas si no tiene un kilo y de hambre grita,
No faltará cuidado a su persona.

La copa en alto, mientras Puebla entona
su canción, y Martínez precipita
marejadas de añejo, de otra zona.
Brindo porque la historia se repita,
y porque lo que es ya la bodegona
nunca deje de ser… la Bodeguita.

  

 

 

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