La COVID-19 y el caos del neoliberalismo

Por mucho que cualquier nación intente hacerle frente a una epidemia con un ilimitado alcance como la actual, sería muy difícil cuando los sistemas de salud de los países están en manos de instituciones privadas y miran más hacia el tema de las ganancias que a la preservación de la vida humana.

El derecho inalienable a la vida se ha visto totalmente cuestionado en tiempos de SARS-CoV-2, lo cual también es evidencia de que sistema social, el hambre, el desempleo, la desigualdad económica, no se puedan separar, porque son parte de un resultado que los interconecta para crear un muro insalvable entre dos bandos: los ricos y los pobres.

También es la causa fundamental por la cual millones de personas en el planeta están literalmente excluidos de atención por COVID-19, o ni siquiera tienen la posibilidad de pagar una prueba por PCR para confirmar o no si están enfermos, y ni hablar de tratamientos médicos posteriores.

Lo cierto es que, como acaba de afirmar nuestro presidente en su intervención en el debate general del 75 período Ordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, “en la gravedad del momento actual, que muchos atribuyen únicamente a la pandemia de la COVID-19, considero fundamental advertir que rebasa con creces el ámbito sanitario”.

El neoliberalismo, ese dejar hacer al mercado bajo la filosofía de que este lo resuelve todo, es la justificación del capitalismo para imponer plataformas perversas y no enaltecedoras y estimular la ganancia de capitales para favorecer a los más ricos.

Pero en una situación de pandemia como esta, en la que los hospitales, los sistemas sanitarios en general son parte de ese mercado de oferta y demanda, y dentro de él los recursos materiales y humanos, entonces al poner en una balanza necesidad de preservar la salud frente a las ganancias, ampliamente esta última se lleva las palmas.

Es la respuesta del por qué colapsaron terapias intensivas en Estados Unidos, por ejemplo, cuando proveedores de ventiladores mecánicos se enfrentaron al gobierno en conflicto de intereses para satisfacer la alta demanda en los centros hospitalarios, sin importar que se trataba de salvar vidas y el factor tiempo era fundamental.

Si usted analiza cómo Cuba ha enfrentado a la COVID-19, ha sido la voluntad del gobierno un factor esencial, unida a la disponibilidad de instituciones sanitarias que sirven a los propósitos de salud para todos, a lo cual se suma el empeño innovador de los hombres y mujeres de la ciencia, y la articulación de inteligencias y recursos para hacerle frente al actual desafío con sostenibilidad y eficiencia.

Es esta otra de las esencias del discurso del Jefe de Estado cubano este martes, cuando expuso un grupo de medidas que, en nuestro país, se sustentan en nuestras capacidades y fortalezas fundamentales: un Estado socialista organizado, capital humano altamente calificado y una sociedad con una elevada participación popular en la adopción de decisiones y en la solución de sus problemas, tres claves que mencionaba en su intervención come elementales para lograr el control de la pandemia en nuestro país. 

 Y cada esfuerzo en este sentido que ha costado, se levanta frente a otro muro de restricciones imperiales que se resume en el bloqueo que todo el tiempo lanza sus ¨flechas¨ que se estrellan contra un fuerte muro de resistencia construido durante más de seis décadas.

Y como si no bastara, el enemigo lanza dardos también contra uno de los símbolos de nuestra Revolución y un ejemplo de las aleccionadoras palabras de Fidel cuando aludía a ¨Médicos y no bombas¨. Se trata de fustigar la colaboración de salud cubana en cualquier parte del mundo, mucho más ahora en aquellas naciones que lo han solicitado y altruistamente nuestras brigadas pertenecientes al contingente Henry Reeve han tenido el privilegio de contribuir a salvar vidas.

Si volteamos la cabeza al lado contrario, Estados Unidos condena a la Organización Mundial de la Salud y se retira de este organismo, en tanto se gasta uno coma nueve billones de dólares en su desenfrenada carrera armamentista hecho que también quedó al descubierto en la intervención del presidente Miguel Díaz-Canel este martes.

Es otro ejemplo de la doble moral del Imperio, causante del 38 por ciento de los gastos militares a nivel global, donde cada vez la polarización de la riqueza se hace más evidente, y su desacato al multilateralismo crece.

El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, ha llamado a la unidad del mundo y al cese de las guerras en el mundo, una mirada que se enfoca al actuar de Estados Unidos hoy en el planeta.

Con esas malas credenciales, el mayor Imperio del planeta pone en riesgo a sus propios habitantes, y con una desfachatez tremenda condena a otros desde su rasero de gendarme del mundo.

Las propias palabras del presidente Miguel Díaz-Canel poco antes de concluir su discurso resumen hoy lo que debía ser este planeta hoy:

¨Salvar vidas y compartir lo que somos y tenemos, al precio de cualquier sacrificio, es lo que brindamos al mundo desde las Naciones Unidas, a la que solo pedimos un cambio de acuerdo a la gravedad del momento. Somos Cuba. Luchemos juntos por la promoción de la paz, la solidaridad y el desarrollo¨.

 

 

 

 

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