Un crimen para el que no existirá jamás el perdón (+Video)

Con el atroz crimen de los ocho estudiantes de medicina el 27 de noviembre de 1871 el colonialismo español apagó en pleno goce sus vidas despojando a la Patria de quienes representaban lo mejor de la juventud de esa época. Un crimen para el que no existirá jamás el perdón.

Su inocencia nos llega con más fuerza cada año y conmueve con igual intensidad a las nuevas generaciones que lo conocen. El vil asesinato nos estremece una vez más, y a la distancia de 149 años, los cubanos condenamos la vileza que mató la esperanza y cubrió de luto los corazones.

Alonso Álvarez de la Campa, de 16 años de edad. José de Marcos y Medina, de 20,Angel Laborde y Perera, de 17;Anaclato Bermúdez, de 20, Juan Pascual Rodríguez, de 21, Carlos  de la Torre y Madrigal, de 20, Eladio González y Toledo, de 20 y Carlos Verdugo y Martínez, de 17 años de edad. Esos eran los nombres de los muchachos a quienes se les arrebató la vida. 

Con excepción de un alumno peninsular y miembro del cuerpo de sanidad de apellido Godoy, a quien se le exoneró de culpa, el resto de la clase, 45 en total, fueron conducidos a la cárcel a las ocho de la noche el sábado 25 de noviembre; se efectuó el primer consejo de guerra que procesó a los estudiantes en un juicio sumarísimo. El fallo no fue aceptado por los voluntarios españoles amotinados frente al edificio de la cárcel, por lo que fueron procesados por segunda vez, y ocho condenados a muerte.

Una turba ávida de venganza y odio los acusó de profanar la tumba del reaccionario periodista español Gonzalo Castañón, director del diario La Voz de Cuba, muerto en 1870 en Cayo Hueso en un encuentro a tiros con un patriota cubano.

El hecho calificado como asesinato judicial, fue acogido por el gobernador civil Dionisio López, figura siniestra en el crimen, y José Gener, fiscal actuante en el segundo acto de la farsa infame donde se dictaron las ocho condenas a muerte. No fueron pocos los testigos del horrendo crimen que repitieron entonces llenos de indignación la palabra asesinos.

¿Cómo llamar de otra forma a quienes mataron sin piedad la inocencia de quienes empezaban a vivir? Las descargas de fusilería que trocharon la vida a los ocho estudiantes de primer año de Medicina retumbaron por mucho tiempo en los oídos de quienes las escucharon.

De nada valió la defensa del capital español Federico Capdevila, quien sin temor a los voluntarios enardecidos, proclamó la inocencia de los estudiantes injustamente acusados, y dijo que en el supuesto caso de que hubieran profanado la tumba de Castañón, mientras esperaban un turno de clase del Doctor Pablo Valencia la sentencia no podía ser en ningún modo la pena de muerte.

No hubo oídos para la clemencia pedida por los familiares y amigos de los ocho jóvenes, y aquellos que en Cuba amaban la verdad y las causas justas: el odio y la prepotencia de los entonces gobernantes españoles de la Isla pudieron más que cualquiera otra razón lógica; las descargas de fusilerías se sintieron como latigazos en los corazones y a partir de entonces nunca se han dejado de oír.

La ejecución fue realizada a las 4 y 20 de la tarde del lunes 27 de noviembre de 1871, a sólo dos días de la detención de los jóvenes, en la explanada de la Punta por el piquete de fusilamiento al mando del capitán de voluntarios Ramón López de Ayala.

Fermín Valdés Domínguez, el amigo de José Martí, demostró años más tarde que las rayas que aparecían en la tumba estaban allí mucho antes de 1871, según declaraciones del propio hijo de Don Gonzalo Castañón. 

A 149 años del trágico suceso que conmovió al país el 27 de noviembre de 1871, aún estremece imaginar la escena; por ello cada año el estudiantado y el pueblo cubanos junto a estudiantes de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y de la enseñanza media (FEEM), les rinden homenaje en el lugar donde cayeron y sobre todo, no olvidan el horrendo crimen.

El más universal de los cubanos, José Martí, también enalteció la memoria de los jóvenes en artículos publicados en el extranjero y en su poesía “A mis hermanos muertos”, que en una de sus partes dice: -¡Oh -clama- pavorosa sombra obscura! ¡Un mármol les negué que los cubriera, y un mundo tienen ya por sepultura!¡Y más que un mundo, más! Cuando se muere en brazos de la patria agradecida, la muerte acaba, la prisión se rompe;¡empieza, al fin, con el morir, la vida!

A continuación el Trailer del filme "Inocencia", de Alejandro Gil

 

 

 

 

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