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Huracanes en La Habana

Más allá de figurar entre las presuntas causas del traslado de su primigenia locación en algún punto del litoral sur -todavía no precisado- hacia su definitiva ubicación en la costa norte a finales de la segunda década del siglo XVI, históricamente los huracanes han mostrado particular "predilección" por La Habana.

Baste decir que, junto con Pinar del Río y Artemisa, la provincia habanera figura entre las tres más azotadas del país por esos temibles fenómenos naturales desde 1799 a la fecha, según muestra una investigación desarrollada en el Centro del Clima del Instituto de Meteorología, bajo la guía del Doctor en Ciencias Ramón Pérez Suárez.

Pero lo verdaderamente llamativo es que varios de los grandes huracanes ocurridos en Cuba durante la mencionada etapa impactaron a la ciudad de manera directa o indirecta.

Encabeza la relación la llamada Tormenta de San Francisco de Borja, la cual castigó severamente a La Habana entre el 10 y el 11 de octubre de 1846, con vientos máximos sostenidos que debieron sobrepasar los 250 kilómetros por hora.

Su ojo o región central cruzó sobre la urbe, reportándose a su paso una presión mínima central de 916 hectopascal, la más baja registrada hasta hoy en el país.

Tomando en cuenta las cifras mencionadas se considera que, de acuerdo con la clasificación actual, debió alcanzar la máxima Categoría 5 de la escala Saffir-Simpson, como acaba de suceder con el huracán Irma.

Documentos consultados por el profesor Luis Enrique Ramos Guadalupe, reconocido historiador de la meteorología, refieren el derrumbe completo de cientos de viviendas y la destrucción total de edificios de piedra muy sólidos, además del naufragio de decenas de embarcaciones en la bahía, y la pérdida de alrededor del 60 por ciento del arbolado citadino.

Murieron unas 175 personas y el número probable de damnificados rondó la cifra de 50 000. Asimismo, la mayoría de las fortalezas y los ocho hospitales existentes entonces tuvieron afectaciones considerables.

También sobresale el conocido con el nombre de Tormenta de San Francisco de Asís, que procedente del mar Caribe occidental, afectó a la capital los días 4 y 5 de octubre de 1844.

Ocasionó daños severos en la infraestructura habitacional y se le achaca la destrucción de la mayoría de los cafetales de La Habana, uno de sus principales renglones económicos en esa época.

Bien lejos en el tiempo vale mencionar el caso del intenso huracán conocido como Temporal de Barreto, que presuntamente pasó sobre la ciudad en junio de 1791.

Provocó lluvias torrenciales causantes de inundaciones de gran magnitud que destruyeron numerosos caminos y vías de comunicación, incluyendo el mayor puente construido hasta ese momento en la Isla en la zona de Puentes Grandes (ubicado entre los actuales municipios de Cerro y Plaza de la Revolución), que fue literalmente barrido por la impresionante crecida de las aguas del río Almendares.

Efectos del huracán de 1944 en Marianao.Efectos del huracán de 1944 en Marianao.A la lista se suman los célebres huracanes del 20 de octubre de 1926 y del 18 de octubre de 1944, sin duda los dos más destructivos del siglo XX en la capital y entre los grandes reportados en Cuba en esa propia centuria.

Surgido también en aguas del mar Caribe occidental, de donde provienen gran parte de los huracanes que han golpeado a La Habana, a su paso por la capital el primero de ellos registró un valor de presión mínima de 950 hectopascal en el Observatorio Nacional (hoy Instituto de Meteorología).

De acuerdo a un trabajo publicado por el desaparecido meteorólogo cubano Roberto Ortiz Héctor, aunque los anemómetros dejaron de funcionar al registrar vientos de 160 kilómetros por hora, se estima que estos pudieron llegar a velocidades entre 235 y 250 km/h, tomando en consideración la notable magnitud de los efectos causados sobre la infraestructura urbana y los árboles.

Murieron alrededor de 600 personas y cerca de cinco mil resultaron heridas.

En el caso del huracán de 1944 penetró en tierra por un punto al oeste de la ensenada de Majana, causando una verdadera invasión del mar por toda la costa sur que en las playas de Guanímar y El Cajío llegó hasta 10 kilómetros tierra adentro, con una altura entre 4 y 6 metros. Ambas localidades fueron completamente arrasadas.

Durante su cruce pudo medirse una racha máxima de viento de 262 kilómetros por hora, en tanto el sostenido estuvo por encima de los 224 km/h durante más de una hora, según los apuntes de Roberto Ortiz Héctor.

Al salir al mar por las inmediaciones del poblado de Cabañas, al oeste de La Habana, un barógrafo situado en el central Merceditas midió una presión mínima de 937 hectopascal.

La cifra de víctimas fatales dadas a conocer ascendió a más de trescientas con enormes daños en las edificaciones, el tendido eléctrico y telefónico, viaductos y la agricultura.

Desde entonces ningún otro gran huracán ha castigado con toda su furia a la capital y eso ocurrió hace ya más de setenta años, por tanto, las actuales generaciones de habaneros no conocen vientos tan fuertes y destructores.

Resulta oportuno aclarar que el huracán Alma, del 8 de junio de 1966, fue el último en pasar directamente sobre La Habana, pues el Charley del 13 de agosto del 2004 lo hizo bien al oeste de la urbe y al tener un campo de vientos huracanados muy reducido, con apenas 20 kilómetros de extensión como promedio a la derecha y a la izquierda del centro, estos no se sintieron en varios municipios capitalinos.

 

 

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