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Los ciclones, miedos y creencias

Cada año la temporada ciclónica pone en alerta a todos los que viven en el Caribe, no importa si en las islas o un poco más allá, en un sólido continente.

La imagen paradisíaca de esa zona geográfica del mundo se vuelve un aterrador infierno cuando los embates de los huracanes convierten las plácidas aguas del mar en torbellinos arrasadores, devastadores de todo lo que encuentran a su paso.

Su presencia está recogida en la historia, desde la llegada de los españoles a lo que llamaron el "Nuevo Mundo", en esos momentos los rudos marineros se aterraban ante las enormes olas y los azotes de los vientos, que en ocasiones volteaban las naves con la consiguiente desaparición de las tripulaciones.

La oralidad trae hasta el siglo XXI creencias y leyendas en torno a esos fenómenos meteorológicos que muchos califican de monstruos del aire nacidos en el mar.

Los dolores de la injusta esclavitud de la raza negra calaron tan hondo los sentimientos humanos que hasta hoy llega una leyenda justificativa del por qué los huracanes casi siempre se forman en las costas africanas y atacan con ferocidad al Caribe.

Las voces populares aseguran que los ciclones encarnan el espíritu de una mujer africana, robada, violada y golpeada por los comerciantes de negros.

Esa joven fue arrojada a la fuerza a uno de los grandes barcos que realizaban la ruta hacia el continente americano para reponer la fuerza de trabajo en los campos.

Por el maltrato que sufrió y las penurias propias del viaje, la mujer murió antes de llegar a las costas caribeñas.

Eso motivó que los diferentes huracanes comienzan cerca de los puntos africanos desde donde salían los enormes barcos cargados de hombres y mujeres, otrora libres y luego encadenados y condenados a la más vil de las condiciones.

Y es la razón por la cual los ciclones golpean los sitios donde hace mucho tiempo se detenían los barcos para descargar la preciada carga.

Desde la antigua Grecia provienen otras creencias y leyendas relativas a la actividad ciclónica, una de ellas narra que Eolo, dios de los vientos, al terminar la guerra de Troya le regaló a Odiseo un recipiente de cuero que contenía todos los vientos, también le indicó como usarlos.

Una vez en el mar los marinos creyeron que el envase contenía un gran tesoro y lo rompieron, de ahí salieron aires tempestuosos con potencias y fuerzas desconocidas, la nave regresó al puerto desde donde hacía poco había zarpado, y se considera que ese fue el origen de todos los huracanes en el mundo.

En Cuba algunos campesinos aseguran que cuando los gallos cantan menos, y los grillos no se sienten anuncian la proximidad de los también conocidos como Hijos del Mar.

Los tiempos pasan, y el desarrollo se impone, la mayor de las Antillas recibe sistemáticamente estos fenómenos meteorológicos, pero ahora para proteger la población y salvaguardar sus bienes, tiene establecido un eficaz sistema.

El Consejo de Defensa, en sus diferentes instancias, asume la dirección en estos casos y a este se le subordinan el resto de las instituciones y organizaciones estatales, realidad que marca la diferencia con sus iguales porque evita muertes, reduce las pérdidas y garantiza que la fase recuperativa sea rápida.

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