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La muerte no fue en vano

Cuba no olvidó a sus héroes caídos en Angola, Etiopía y otros países africanos durante la gesta por la libertad definitiva de ese continente. Los restos mortales de 2 289 caídos regresaron a la Isla el 4 de diciembre de 1989, y con el retorno de nuestros mártires se selló para siempre la victoria sobre los crímenes del inmoral sistema de segregación, el Apartheid, en Sudáfrica y Namibia.

Los preparativos del traslado ocurrieron desde el 27 de noviembre de 1989.

Era una prioridad devolver los cuerpos a sus familias, a su pueblo, que con aquel sacrificio exaltaba para la historia el legado humanista e internacionalista de la Revolución Cubana.

El 7 de diciembre de ese año millones de cubanos rindieron honores ante los féretros de los caídos, expuestos en los municipios y en los entornos que los habían visto nacer.

Esta no fue una fecha escogida al azar. El 7 de diciembre de 1989 Frank País habría cumplido 55 años de edad y se arribaba también al aniversario 93 de la caída en combate del Lugarteniente General del Ejército Libertador Antonio Maceo y su ayudante Panchito Gómez Toro. Hombres que dieron su vida por la justicia, por la Revolución, como muchos de los héroes cubanos que cayeron en tierras africanas.

Fue un momento de dolor y de satisfacción por el deber cumplido, como dijera el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el acto efectuado el 7 de diciembre de 1989 en el Mausoleo de El Cacahual, sepulcro del Titán de Bronce Antonio Maceo y su ayudante, Panchito Gómez Toro.

De los países africanos se regresó, como los espartanos de la antigüedad, "con el escudo y sobre el escudo", añadiría el líder histórico de la Revolución.

Para el académico y escritor italo-norteamericano Piero Gleijeses, cuyos libros sobre la participación cubana en la guerra de Angola son clásicos de la investigación sobre este acontecimiento, ese momento supuso un noble y justo final para una historia digna de orgullo.

Cuba dejó su legado en África al salvar a Angola en múltiples ámbitos, aseguró Gleijeses. "La contribución de Cuba fue eminentemente humanitaria. Los cubanos hicieron posible la independencia de ese país en noviembre de 1975 e impidieron la instauración de un régimen al servicio del Apartheid".

Las proezas de los más de 300 000 combatientes cubanos que lucharon en Angola, Etiopía y otros países hermanos, ha sido desde entonces un orgullo de los combatientes internacionalistas, que sabían que detrás de cada uno de ellos estaba el país entero, como expresó Fidel.

Fue el acto de desprendimiento más generoso que pueda atesorar un país. Los cubanos regresaron de África, continente expoliado durante siglos de colonialismo, solo con sus muertos y con el agradecimiento de millones de personas.

El expresidente del MPLA-Partido del Trabajo y de la República Popular de Angola, José Eduardo dos Santos, aseguró que "los revolucionarios y las familias angolanas que hoy disfrutan de libertad e independencia, jamás olvidaremos el gesto de internacionalismo que practicaron centenares de cubanos".

"Con su sangre generosa -añadió- dieron sus vidas y fertilizaron la amistad entre ambos pueblos".

Fidel brilló en esta contienda, no solo como estratega, sino como el líder que dignificó aquel gesto extraordinario.

"Creía el enemigo que ocultaríamos las bajas en la misión internacionalista más prolongada y compleja, como si fuera una deshonra o una mancha para la Revolución", comentó en el acto del 7 de diciembre, hace 28 años: "Como si pudieran morir en vano quien muere por una causa justa".

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