Maquiavelo, el bloqueo y la Helms-Burton

No hay otro modo de poseer un Estado libre, si no es arruinarlo primero, aseguraba en 1532, Nicolás Maquiavelo. Medio milenio después parece escrita para Cuba esa afirmación, contenida en El Príncipe, el texto más controvertido de la literatura política de todos los tiempos.

Y es que el bloqueo, con su expresión condensada en la Ley Helms-Burton, solo busca arruinarnos para arrebatarnos la soberanía.

Más allá de pretender acabar con la Revolución Cubana, ese engendro legal parte de la base de desconocer la independencia de manera más aberrante que la Enmienda Platt.

Si antes nos impusieron las intervenciones militares cada vez que quisieron, ahora dan un paso más allá y planean una anexión que incluye hasta darle el mando a un Procónsul.

Es el intento de echar atrás la Historia y hacernos esclavos.

Aunque la Helms-Burton está vigente desde 1996, hoy debe entrar en vigor el Título Tercero, que redondea el apretado cerco contra Cuba.

Ese acápite se activa parcialmente con la autorización a entablar demandas contra empresas cubanas que están en una arbitraria lista del Departamento de Estado hace poco más de un año.

Como si fuera poco, ayer entró en vigor la reducción, de cinco años a tres meses, de las visas de turismo y visitas familiares para los ciudadanos cubanos que desean viajar a Estados Unidos.

Aunque no lo parezcan, son dos medidas emparentadas en la hostilidad hacia un proyecto socio-político que provoca urticaria en los pasillos de la Casa Blanca.

Al final, todo no es más que el deseo descarnado de doblegar a Cuba, aunque sea usando viejas recetas de Maquiavelo.

 

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