Aportes cubanos contra el cambio climático, sin ser país contaminante

Con sus inventarios de gases de efecto invernadero (GEI), Cuba cumple sus compromisos con la Convención Marco sobre Cambio Climático de la ONU (CMNUCC) en vigor desde 1994 tras su aprobación en la Asamblea General del organismo.

La preparación, actualización periódica, reporte y divulgación de tales estudios son también una de las componentes principales de las Comunicaciones Nacionales que periódicamente deben preparar las Partes de la CMNUCC y remitirlas a su Secretaría, informó el Doctor en Ciencias Osvaldo Cuesta Santos, director del Centro de Estudios sobre Contaminación y Química Atmosférica. 

Señaló que desempeñan un papel clave para el seguimiento de las emisiones y remociones de GEI a nivel global, regional y local, la comprobación del éxito o fracaso de las medidas implementadas para la mitigación y son de suma  importancia para las actividades relacionadas con la protección del medio ambiente.

Mencionó estadísticas del último parte de su institución, correspondiente a 2014, según las cuales las emisiones brutas en la nación llegaron a  40 878.85 gigagramos de CO2 (dióxido de carbono), el más representativo al poseer el 68 % de las totales.

Incluso, relegó al CH4 (metano) y el N2O (óxido nitroso), con 23 y 9 por ciento, respectivamente, aunque se observaron  cambios respecto a 1990 al disminuir en importancia el porciento de N2O, cuya principal categoría de fuente estuvo en la gestión de suelos.

Respecto a la distribución por sectores, el mayoritario resultó el de energía con el 65 por ciento, seguidos por dióxido de carbono que provocaron incendios forestales y otros, y aunque en 2014 no hubo grandes transformaciones, advirtió que la depresión industrial repercutió en que subiera cuatro puntos el de energía.

Sin embargo, en el caso de las emisiones brutas indicó la existencia de un crecimiento de área forestal, pero en general se redujeron en un  15 por ciento en comparación con 1990, cuando las netas hicieron otro tanto en un 45 por ciento.  

En el reporte de la identificación de categorías principales se puso de manifiesto que puede brindar información útil para la priorización de las actividades de mejoramiento, a partir de las emisiones expresadas en equivalentes de CO2  para los gases de efecto invernadero directo.

Un ordenamiento aproximado de ellas contempla  la biomasa leñosa, industrias de la energía, construcción, ganado doméstico, suelos, aguas residuales, producción de cemento, silvicultura y pesca, ácido nítrico, arroz, hierro y acero.

Cuba no es un gran emisor de gases de efecto invernadero, pero ratificó el Acuerdo de París, el 22 de abril de 2016, que establece medidas para la reducción de las emisiones, mediante mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a fin de impedir efectos en el calentamiento global, con  aplicabilidad en 2020, cuando finaliza la vigencia del Protocolo de Kyoto.

Sin embargo, el primero de junio de 2017, el presidente Donald Trump anunció la retirada de Estados Unidos de ese acuerdo, lo que implica una reducción de transferencia de tecnología y financiación internacional que podría aportar ese país, cuyas emisiones de dióxido de carbono aumentaron un 3,4 por ciento en 2018, el mayor incremento en ocho años, según fuentes especializadas.

Osvaldo Cuesta Santos, Doctor en ciencia y director del Centro de Estudios sobre Contaminación y Química Atmosférica, del Instituto de Meteorología, es uno de los expertos que asiste desde hoy y hasta el próximo viernes a un taller, en la sede de la Sociedad Meteorológica de Cuba, sobre la contaminación atmosférica.

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