De Chabuca a “Cariñito”

Desde que la “presencia” de Chabuca Granda aportara un sello distintivo a la ceremonia inaugural, quedó claro que la música asumiría protagonismo en la bonita intención de rendir culto a lo tradicional durante los Juegos Panamericanos organizados en Lima.

La noche del 26 de julio la tecnología permitió que la gran compositora e intérprete subiera a escena de manera virtual, para cantar a dúo con el tenor Juan Diego Flórez, y los miles de asistentes al Estadio Nacional se rindieron ante su célebre La Flor de la Canela.

Merecido homenaje a la autora de ese reconocido vals peruano (Jazmines en el pelo y rosas en la cara...), quien recibió como nombre  María Isabel Granda Larco y es considerada entre las más sólidas exponentes del quehacer musical en Sudamérica.

Pero no todo quedó ahí en materia de rescatar acordes emblemáticos en el contexto de la cita continental llegada a la nación inca. Y quizás el más sonado de los ejemplos es un tema devenido “himno” enriquecedor del buen ambiente reinante en los escenarios de competencia.

Se llama Cariñito (Lloro por quererte, por amarte, por desearte...) y pese a su “juventud” clasifica como clásico de la cumbia local. 

Fue escrito en 1979 por Ángel Aníbal Rosado y tuvo su “bautizo” de difusión con la agrupación Los hijos del Sol.

Numerosas reseñas aseguran que meses después de “ver la luz” alcanzó el rango de éxito nacional. Y lo más llamativo: lo reeditó en los dos años siguientes, afianzado como compañía imprescindible, lo mismo en bases que en autobuses, al tiempo que crecían sus versiones.

Simultáneamente su popularidad se extendió fuera de frontera, incluso en naciones que jamás visitó su creador, quien nació el 4 de mayo de 1942 y a los 15 años fabricó su primera guitarra, instrumento desde el que erigió una obra demandada por numerosos artistas.

Cumbias, chichas, salsa y valses le colocaron en un lugar de preferencia. Suyas son igualmente composiciones como Mis celos, Mis ensueños, No me culpes, Adiós a mi guitarra y Falsa indiferencia, mencionadas aquí cuando se indaga por sus aportes.

Cosechó grandes éxitos y supo de ellos, llegados incluso a Hollywood, pero vivió modestamente. Recibía una pensión como maestro de música y algo ganó por sus creaciones, pero jamás supo de lujos.

Cuando el 10 de septiembre de 2008 un cáncer de próstata le arrebató la vida, se marchó sin aquilatar del todo la dimensión de su legado y colegas suyos sufragaron los gastos del servicio fúnebre.

Cuentan que miles de amigos, compañeros y peruanos en general lloraron conmovidos, y quienes acompañaron su cadáver de la iglesia al cementerio cantaban Cariñito, la pieza que vuelve a encumbrarse ahora, al moderno compás del grupo Bareto, en la cita grande del deporte americano.

Lloro por quererte/Por amarte y por desearte/Lloro por quererte/Por amarte y por desearte/Ay cariño ay mi vida. Nunca pero nunca/Me abandones cariñito/Nunca pero nunca/Me abandones cariñito.

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