La fortaleza de asumir nuestra historia (+Audio)

La agresión anexionista de Estados Unidos contra Cuba tiene una larga historia; pues mucho antes de que nacieran los padres fundadores de la nacionalidad cubana, ya en el norteño país concebían apropiarse de la Isla vecina.

Ciertamente, fue José Martí quien alertó acerca de los propósitos anexionistas de la potencia estadounidense. Por ello, ferviente independentista, reiteró en innumerables ocasiones la necesidad de lograr la plena libertad de su país antes de que los Estados Unidos continuaran su extensión por América, tal y como ocurrió en 1898.

Martí no vio nunca como opción emancipadora la propuesta anexionista. La realidad impuesta por la intervención con la que los Estados Unidos frustran la independencia de Cuba y se adueñan de Puerto Rico, confirmará luego las previsiones martianas.

Durante el siglo XIX, las pretensiones de políticos y gobernantes norteamericanos con respecto a Cuba rondaron en torno a la teoría de la “fruta madura”. Según este postulado, al desgajarse de España, la Isla caería inexorablemente en las manos de Estados Unidos.

Tal como lo vislumbrara José Martí, con la “fruta madura” llegó la intervención norteamericana. Lo que ocurrió después, los cubanos lo conocemos bien: la Enmienda Platt; la corrupción y el entreguismo de los gobiernos de turno; las injerencias externas; la dictadura de Fulgencio Batista...

Fue entonces, con el pensamiento martiano asumido por el joven Fidel Castro, que comenzó a despertar una verdadera conciencia contra las garras anexionistas de Washington.

El anexionismo del siglo XXI

En la actualidad, el anexionismo es un fenómeno nada nuevo que ha de enfrentarse y vigilarse sigilosamente, porque implica un debate por la defensa de nuestra soberanía y nacionalidad.

Nadie puede ser ingenuo. La realidad demuestra que Estados Unidos le ha hecho la guerra a Cuba durante más de medio siglo. Por ello, la historia y la cultura de la nación son espada y escudo frente a los anhelos anexionistas de la superpotencia.

A Estados Unidos le ha dolido siempre que sus pretensiones anexionistas se han frustrado en este pequeño país, donde se impuso la bandera de la estrella solitaria, símbolo de dignidad y autodeterminación. 

Eso lo han sabido políticos, gobernantes, incluso la derecha más reaccionaria agrupada en el sur de la Florida. La anexión en Cuba está llamada al fracaso, porque se le opone una barrera bien firme: la línea revolucionaria que sustenta a la nación cubana.

Los anexionistas de entonces y los de ahora celebran en Estados Unidos la mentira inventada acerca del supuesto “significado patriótico” de la fecha del 20 de mayo de 1902. Los cubanos tenemos bien claro que ese día Cuba exhibió por primera vez su condición de neocolonia de Washington.

Tras más de sesenta años intentando asfixiar a la Revolución Cubana con agresiones de todo tipo, incluso armadas; y un férreo bloqueo económico, comercial y financiero que perdura; la extrema derecha anexionista radicada en Miami se atraganta de vanas ilusiones.

Estados Unidos jamás ha perdonado a Cuba su independencia. En estos tiempos, como nunca antes, recordemos una frase memorable de ese gran intelectual cubano, profundamente martiano, que fue Cintio Vitier: “en la hora actual de Cuba sabemos que nuestra verdadera fortaleza está en asumir nuestra historia”.   

 

 

 

 

 

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