La infamia constante contra los médicos nuestros

Los médicos cubanos no son una moneda de cambio. No son, como afirman publicaciones de derecha, un alfil dentro de la política de nuestro país. Sin embargo, sí son, para quienes asisten, esperanza, solidaridad, cura, salvación...

En fusión con el principio de un internacionalismo auténtico, la Medicina nuestra fue temprana abanderada de la colaboración en este campo y, según creció en la formación de profesionales del sector, multiplicó las fuerzas con que asistió a cada vez más países, cuya expresión contundente puede verse con formidable claridad en este trance pandémico de la COVID-19: Cuba acudió, con más de 50 brigadas médicas, a 39 naciones, donde ha salvado más de 13 000 vidas y ha atendido a más de medio millón de pacientes.

Tales argumentos, conocidos por el mundo, hacen todavía más indignante la burda manipulación de la administración actual de Estados Unidos y gobiernos satélites, quienes se empeñan en tildar de «esclavitud» la labor de alto sentido altruista que realizan los profesionales cubanos de la Salud.

Mientras Cuba, en fiel consecuencia con el postulado de Fidel, envía médicos a los pueblos vulnerables y no bombas, las agresiones contra la Isla y, particularmente contra los de batas blancas, han ido en incontenible ascenso; al punto de acudir a presiones y chantajes sobre entidades como la Organización Panamericana de la Salud, para que cuestionara el programa Más Médicos para Brasil, acción que denunció el Ministerio cubano de Relaciones Exteriores.

Según la declaración presentada por el Minrex, el nivel de satisfacción y aprobación de los pacientes, médicos y gestores de ese programa fue muy alto. En correspondencia con un estudio de la Universidad Federal de Minas Gerais, el 95 % de los pacientes estaba satisfecho o muy satisfecho con la atención.

Alegó, además, que «si Cuba no se hubiera visto conminada a retirar sus médicos de Brasil, estos habrían podido contribuir al control y enfrentamiento de la pandemia de la COVID-19 en ese país, el segundo más afectado a nivel mundial».

Resulta un cinismo colosal que el Gobierno estadounidense, que carga sobre la espalda más de 200 000 muertes en su propia nación, a causa de la pandemia, manifieste «preocupación» por una iniciativa que demostró eficacia en la atención primaria de cientos de miles de personas desfavorecidas, en lugares recónditos del gigante sudamericano. 

ANTECEDENTES DE LA INFAMIA

A lo largo de las últimas seis décadas, la Mayor de las Antillas ha tenido que soportar reiterados ataques contra su colaboración médica. Uno de los más conocidos, y descarado, es el Programa de Parole para Profesionales Médicos Cubanos, establecido por el Gobierno de George W. Bush.

Durante su tiempo activo (2006-2017), esta política constituyó un incentivo ilegal para que el personal cubano de la Salud, que colaboraba en terceros países, abandonara sus misiones y emigrara a Estados Unidos.

A pesar de su derogación en 2017, los senadores de origen cubano Marco Rubio y Bob Menéndez introdujeron un recurso en el Congreso, a fin de restablecer un programa de robo de cerebros entre los internacionalistas

 

 

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