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Algunas deficiencias en la labor informativa

En este capítulo no prevalece, lógicamente, el elogio particular o colectivo, pero sí algunas de las deficiencias o insuficiencias que, a nuestro juicio, ensombrecen la noble profesión de la prensa en nuestros medios. No debe ser de otro modo. Debemos ser autocríticos aunque no implacables, con más valor para el juicio sereno que para la exposición festinada o subjetiva que pudiera lesionar a nuestros estimados colegas.

Y siempre, el objetivo final debe ser, por supuesto, alcanzar metas mayores para servir mejor a nuestro pueblo, de hecho y por deber, no por consignas ni letra muerta. Preferimos no olvidarnos de lo necesario que resulta, de vez en cuando, desbrozar el camino de impedimentos para poder escalar mejor la cima, a la que obviamente no vamos a renunciar.

La inmediatez

Evidentemente no siempre cumplimos en rigor con esta premisa tan importante. En muchas ocasiones muchos compañeros se amparan en pobres argumentos para justificar tal falta: Se mencionan necesarias consultas previas de distintos niveles administrativos y políticos, se le achaca a la fuente la responsabilidad y otras explicaciones como pueden ser problemas de organización entre otros. De tal modo que, al final, queda relegada –o enterrada- una de las virtudes primeras y más elemental de la prensa: La inmediatez.

Claro, sabemos que esta problemática no es solo responsabilidad directa del periodista, si no que intervienen distintos factores administrativos y políticos y por ello creemos que vale una reflexión: Obviamente el periodista en nuestra sociedad es un ente muy importante y activo en el noble empeño de orientar, esclarecer, aconsejar, informar...y, para tamaña tarea se requiere de trabajadores tanto capaces como de un alto nivel de confiabilidad, integridad personal y con una actitud permanente en línea directa con los máximos intereses de la Revolución y el Partido.

Y, siendo así, simplemente hay que asumir y no evadir. Naturalmente el periodista dispone de un buen caudal de información que brinda el Partido a los Medios, domina la situación nacional y extranjera, sabe de las diversas prioridades y en fin, dispone de herramientas tales que le permiten conocer , en cada caso, hasta qué punto es aconsejable y sano transmitir una información dada. Es decir, se requiere convencimiento e identificación con el papel de la prensa. No es posible ejercer un periodismo pasivo o vacuo, porque sencillamente dejaría de serlo. Múltiples hechos y acontecimientos merecen una acción periodística inmediata, aunque solo se disponga de sus elementos principales y no complementarios, porque estos últimos pueden ser transmitidos a posteriori como ampliación de la noticia.

Recordemos a Martí cuando señalaba: "El periódico ha de estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano y la espuela en el tacón. Al menor accidente debe saltar sobre la silla, sacudir la fusta y echar a escape el caballo para salir pronto y para que nadie llegue antes que él"

Redacción incompatible al medio

Este es un mal lamentable. Con mucha frecuencia se escuchan informaciones cuya redacción es, prácticamente, una copia de otras publicadas en prensa plana, desconociéndose –o despreocupándonos- de una ley tan elemental como el lenguaje propio de la radio. Es, además, una práctica facilista que con el tiempo se convierte en una enfermedad profesional, es como si el periodista de la radio, sencillamente, dejara de serlo.

En la información radial esta situación puede calificarse como una deficiencia capital. El oyente no logra captar el mensaje porque en su contra actúan diversos factores como pueden ser el exceso de oraciones subordinadas, empleo de tecnicismos, abrumadora cantidad de cifras, lenguaje indirecto etc. Se levantan así verdaderas barreras entre el comunicador y el perceptor del mensaje, pues se prescinde precisamente de las características propias de nuestro lenguaje, el que –como se conoce- debe ser directo, concreto, diáfano y comprensible de inmediato, porque no hay posibilidad alguna de escuchar lo ya escuchado.

Al convertirse este mal en un mal común, o al menos utilizado por muchos, entonces el resultado es más dañino. Se produce un discurso único que se convierte en patrón, las mismas frases, las mismas citas, dejando al periodista de la radio en el papel de simple repetidor, papel para el cual no necesariamente se necesita ser periodista, además.

Pero hay más: Al no existir la reelaboración se mata la creatividad y el vuelo imaginativo. Así comprobamos como muchos se apoyan en las mismas frases e ideas expresadas –con las mismas palabras- por dirigentes y personalidades, como si éstos asumieran el papel de la prensa y aquellos el de fieles reproductores. Pero si continuamos con esta incisión también podemos pensar que el oyente se cansa, siente tedio, todo es igual, perdemos credibilidad, se produce el rechazo involuntario. Todo se recibe en conserva, empaquetado, como si las informaciones hubieran sido procesadas por procedimientos mecánicos donde el hombre no actúa.

La información humana

Todo compañero (a) periodista o no, habituado a leer y escuchar un amplio caudal de información, se puede percatar con facilidad de la ausencia del ingrediente humano en muchas de estas informaciones. Es como si los protagonistas de los sucesos, actitudes etc. fueran personajes mecánicos despojados de sensibilidad humana. Con frecuencia se abusa de la simple narración y no se atomiza ésta con ingredientes sensibles –no sensibleros- que embellecen nuestro trabajo, sin que necesariamente nos veamos obligados a la ampulosidad. No olvidemos que prominentes figuras de la literatura han sido magníficos periodistas, que el periodismo no riñe con el vuelo poético; y que además nuestra información debe tener correspondencia hasta con la propia idiosincrasia del pueblo, caracterizado por su capacidad, inteligencia, calor, solidaridad y fraternidad y, por sobre todo, su alta sensibilidad humana.

En este aspecto creo que el mejor de todos los consejos puede encontrarse en el fabuloso caudal de profesionalismo y entrega total del gran maestro de periodistas, MartÍ: Citemos dos de sus ideas que apoyan sabiamente lo dicho:

"Hay tanto que decir que ha de decirse con el menor número de palabras; eso sí, que cada palabra lleve alas y calor"

"No hay tormento mayor que escribir contra el alma, o sin ella"

Pero quiero añadir una bella y reveladora crónica del Maestro ante la muerte de un niño asesinado por la policía durante desórdenes huelguísticos. Veamos:

¿Qué han hecho los huelguistas? ¿Han devuelto muerte por muerte? ¿Han despedazado con los dientes la tablazón que guarda las riquezas de la compañía? No. En número de 10 mil, con la cabeza descubierta, en silencio, han acompañado en sus funerales al niño infeliz, y han dejado sobre su féretro una corona de flores pobres: ¡ A nuestro compañero ¡ Junto a la tumba rompió en sollozos la madre del niño asesinado. Los hombres, los 10 mil hombres, se volvieron a sus tugurios sin comida caliente y sin carbón, siempre en silencio.

"La compañía cotizaba sus acciones a 67 el año pasado, y este año las cotiza a 135"

Nótese: a) El Maestro puedo lograr en tan pocas líneas una carga emocional tal que llega a emocionarnos y, por supuesto, sin apelar a caminos trillados sensibleros; b) Demostró la injusticia y la avaricia de la compañía; c) La misma compañía que no tiene reparos en que se asesine a un niño si de preservar sus beneficios se trata; d) La policía llega a actuar contra los trabajadores y el propio niño para apoyar el poder económico representado, en este caso, por la compañía; e) Entre los pobres obreros existe una real y verdadera solidaridad humana, a diferencia del egoísmo de los acaudalados, comidos por el deseo de riquezas a toda costa; f) El énfasis intencionado que Martí hace en que son 10 mil trabajadores los que asisten al entierro del niño, posiblemente con el propósito de demostrar que los más son los desposeídos y los menos los ricos egoístas que actúan en contra de ellos. Finalmente, véase como al final se produce un "aparente rompimiento brusco", y que significa precisamente lo contrario; es como un sello que, con ribetes de expresión económica fría –deliberadamente- demuestra la codicia salvaje que practican las grandes empresas.

Oficialismo, apología y triunfalismo

Desafortunadamente el virus de estos males aún pugna por mantenerse en nuestro medio. Ellos, en su conjunto, atentan contra una divisa fundamental, que es la credibilidad. Al respecto vale una reflexión inicial, en este caso respecto al oficialismo: La identificación plena y sin reserva de los trabajadores de la prensa con los objetivos supremos del Partido, Gobierno y las diversas organizaciones de masa y sociales no implican, obligatoriamente, que nuestros profesionales se conviertan en reproductores-amplificadores mecánicos de las directivas y orientaciones de éstos. Podemos y debemos cumplir con las sagradas misiones que nos confiere el Partido, pero cumplirlas con el lenguaje de la radio, esclareciendo, orientando, persuadiendo, agitando. Así también somos leales.

Por su parte, las expresiones apologéticas y ampulosas, aún cuando sean de apoyo a la Revolución, dejan un sabor amargo a quien las escucha porque, de cierta manera, nos produce una sensación de servilismo y no de lealtad, de falta de sinceridad y convencimiento en lo que se dice. Sería algo así como vestir de ropaje artificioso a la virtud, y por ser precisamente virtud no lo necesita; es en última instancia el disfraz de la hipocresía. Pero seamos justos, no siempre se escribe de ese modo por oscuras intenciones.

En otro caso no debemos confundir lo exitoso con el triunfalismo, porque si bien es cierto que no todo es imperfección en nuestra sociedad, también lo es que tampoco todo es éxito. Sí hay deficiencias, errores e insuficiencias que incluso las máximas autoridades del país reconocen públicamente y nos llaman a diario a erradicar lo que nos daña, principalmente en el terreno subjetivo y lo que tiene que ver con la acción de los trabajadores. Es decir, nuestra labor deberá estar encaminada a ser un reflejo de la realidad que vivimos, pero con justeza, como una gran familia (la nuestra) a la que debemos también defender a toda costa ante el enemigo común.

En este sentido no debemos olvidar realidades irrebatibles: Nunca nuestro pueblo fue más culto e instruido que hoy, y ese mismo hecho hace que asuma posiciones críticas ante las situaciones que vive a diario; los trabajadores son los ejecutores directos de la realidad que vivimos, entonces cómo informar en color blanco brillante si ellos mismos saben que tenemos otras tonalidades aún cuando aquel color prevalezca? No es posible porque nos sentimos defraudados.

Personalmente me identifico plenamente con una de las formulaciones del Partido cuando afirma lo siguiente: "Elevar sustancialmente el nivel de información a la población. Reforzar la credibilidad en nuestros medios de difusión. Erradicar tanto la apología y el triunfalismo, que dan origen a falsas expectativas e incredulidades, como el hipercriticismo y el sensacionalismo que enrarecen las relaciones con las fuentes y pueden llevar al desaliento y la desmoralización".

Vale la pena apoyarnos en otra formulación, en este caso aparecida en un estudio de marzo/94 del Centro de Investigaciones Sociales del ICRT. Entonces se afirmaba: "Los resultados de este estudio demuestran que la información que brindan los Medios Nacionales está lejos de cumplir estas funciones, en tanto existe una apreciable distancia entre lo que la población vivencia como necesidad y lo que estos medios le brindan".

En relación a lo que hemos dicho me parece oportuno transcribir unas palabras muy oportunas de nuestro ministro de Cultura Abel Prieto, publicadas en Juventud Rebelde: "...y este pueblo nuestro tiene un olfato implacable para lo inauténtico, para el optimismo en cápsulas, para el optimismo inoculado por vía intravenosa, para la falsa solemnidad, para las poses, para el almidonamiento. No digiere ese mediocre alimento espiritual, y mucho menos si se acompaña de pretensiones políticas y movilizativas"

Quiero traer con placer renovado al Maestro, cuando a los 16 años dijo en El Diablo Cojuelo: "Nunca supe lo que era público, ni lo que era escribir para él, más, a fe de diablo honrado, aseguro que ahora como antes nunca tuve tampoco miedo a hacerlo".

Intrascendencia

Un periodista es mucho más que un buen redactor. Un buen redactor no siempre es periodista. Para el profesional de la prensa se necesita, además, atributos personales tales como la audacia, el ejercicio perenne de la investigación, amplia cultura, dominio del tema etc. Cuando no poseemos estas cualidades inevitablemente nuestro trabajo se desliza hacia la intrascendencia; las formas fáciles y los estereotipos se apoderan del periodista al punto de esclavizarlo sin remedio.

Muchos pueden ser los ejemplos de intrascendencia. Desde la simple inclusión de datos innecesarios hasta la propia información que no aporta absolutamente nada y por tanto carece de interés. Otras veces sucede que, existiendo un importante caudal de información acerca de un determinado hecho que puede llegar, incluso, a estimular nuestra imaginación, el periodista trata sólo lo simple, lo epidérmico, sin comprender que, en ocasiones hasta los sucesos aparentemente vacíos, supuestamente incoloros, pueden ser un potencial para ejercer nuestro periodismo: Porque el profesional de la información tiene que ser como una cuerda de alta sensibilidad capaz de vibrar ante cualquier movimiento que se produzca a su alrededor, con mayor o menor intensidad.

Una nueva lección del Maestro: "Emplearse en lo estéril cuando se puede hacer lo útil, ocuparse en lo fácil cuando se tienen bríos para intentar lo difícil, es despojar de dignidad al talento".

Cifrismo y uso de siglas desconocidas

El abuso de cifras en la radio es un mal muy lamentable, entre otras razones por las siguientes:

a) Se ha comprobado que es imposible que el oyente retenga en su mente muchas cifras, por tanto la efectividad de la información en la que se hayan incluido es nula.

b) En gran cantidad de ocasiones tales cifras no dicen nada, no demuestran, simplemente se enuncian pero no hay referencias o indicadores que demuestren su menor o mayor importancia. Incluso para la prensa plana se requieren datos complementarios.

c) El abuso de cifras oscurece el mensaje informativo y por tanto lo hace tedioso, aburrido, simple, cargante, abrumador...

En una ocasión en que impartía un taller a un grupo de compañeros se me ocurrió hacer una comprobación que consistió en lo siguiente: Les alerté que iba a leerles una información con el propósito de hacer una prueba; les pedí que se concentraran con la mayor atención para fijar sus elementos principales; leí la información en voz alta y con ritmo apropiado. Al final pregunté a algunos de mis compañeros por una o más de las aproximadamente 12 cifras que se habían consignado y el resultado no rebasó ni siquiera dos o tres.

De lo anterior se deduce muy fácilmente lo nocivo de esta práctica. Piensen, además, que el ejercicio referido se hizo bajo la condición de pedir la máxima atención y, sin embargo, no hubo respuestas satisfactorias, por tanto imaginemos qué sucede cuando escuchamos la radio simultaneando con otra actividad y en un medio, además, no ideal para la escucha.

Por su parte, el abuso de siglas desconocidas es un mal semejante. Los que incurren en este problema asumen a priori que el oyente está en la obligación de conocer el significado de tales siglas, que hasta el propio periodista en muchas ocasiones también desconoce. El resultado final es la duda, la inquietud, la sensación de sentirnos defraudados y la consabida pregunta: ¿qué será? Al respecto permítame consignar cuatro siglas para que piense si conoce su significado o no; de antemano le confieso que soy uno de los desconocedores: FUPRONU, IT-GRILAB, JARUGAS, KIT

Distorsión de géneros periodísticos

Con frecuencia se advierte la distorsión de algunos géneros, comprobándose signos evidentes de facilismo y mecanicismo, como una consecuencia del desconocimiento. Estas prácticas nocivas impiden o limitan las cualidades expresivas de los géneros y, por tanto, la forma, variedad y brillantez del programa. Veamos a continuación algunos ejemplos negativos en que se distorsionan los géneros.

En la entrevista:

a) El periodista hace una presentación excesivamente breve y de inmediato el entrevistado habla en demasía hasta el final, momento en que el primero dice "fue una entrevista de..."

b) El periodista se introduce mediante una intervención sumamente extensa y deja al entrevistado–digamos desdichado-únicamente la posibilidad de palabras muy breves. El primero expresa ideas que deben ser pronunciadas por el segundo.

c) Se inicia la entrevista con las palabras del entrevistado; el algún momento el periodista interviene no para preguntar si no para afirmar; entonces concluye el entrevistado.

d) Es común trabajos que se definen como entrevista cuando en realidad son informaciones apoyadas por determinadas declaraciones.

e) Se percibe ausencia total del lógico y natural diálogo.

Precisemos algunas particularidades de la entrevista:

 Es un género espinoso. En él se pone a prueba las cualidades del profesional.

 Hay que mostrar conocimiento del tema, iniciativa, tacto y talento expositivo.

 Exige habilidad para establecer un vínculo armonioso y respetuoso.

 El periodista tiene que guiar la entrevista. No puede permitir que se desvíe por cauces no previstos.

 No puede perder de vista que la información que suministra el entrevistado constituye, precisamente, el contenido que identifica al género.

 Las preguntas deben ser directas, concretas y breves, sin regodeos que cansan; nunca hacer las conocidas 3 en 1 que suponen un esfuerzo mental muy grande por parte del entrevistado (es una forma de condenarlo a respuestas superficiales y minimizar su personalidad)

 El trato a la persona que entrevistamos debe, indudablemente, ser diferenciado. No se puede establecer una forma única para todos, porque no es lo mismo una figura muy popular, digamos en la música aun cuando sea una persona de gran calidad humana, a otra de muy alta relevancia intelectual, científica, política, héroe nacional etc.

 El acopio previo de elementos es necesario para el éxito de la entrevista, salvo algún suceso inesperado.

 Las preguntas deben corresponderse con el nivel cultural del entrevistado.

 Hay que eliminar preguntas que impliquen un simple sí o no. Es una forma de restarle personalidad a la persona que entrevistamos.

 Robert Mcleish nos dice que las opiniones del entrevistador no son pertinentes, que no debe dejarse atraer por el entrevistado para responder a una pregunta que le haga éste; que cualquier indicio de que ha sido ensayada perjudica la credibilidad del entrevistado y el propio Medio, hasta el punto de hacer pensar al oyente que todo ha sido "arreglado".

 Y no debe faltar una definición breve de la entrevista: "Diálogo en que el periodista procura obtener declaraciones de interés de máxima eficacia comunicativa"

En el radio debate

Comencemos a partir de su definición: Programa de enfrentamiento de opiniones en tono conversacional sobre un tema de gran interés para el público. Tiene como objetivo la explicación o análisis de un problema desde posiciones o ángulos divergentes. Cuenta con un moderador imparcial. Claro, me parece conveniente expresar que, por ejemplo, dos panelistas pueden estar de acuerdo sobre algo específico en su esencia y objetivo, aunque no en la forma o el camino para lograr tal objetivo. En tal caso, como ven, está la divergencia, aunque no necesariamente tenga que ser totalmente antagónica e irreconciliable. En la práctica escuchamos presuntos debates que, en realidad, constituyen la contradicción de la definición mencionada.

Dos, tres y más personalidades emiten opiniones sobre un tema determinado, cuyos enfoques –todos- apuntan a una misma dirección, es decir, son convergentes. Aunque la forma de expresarse es distinta las opiniones son iguales y por tanto contradicen su peculiaridad principal, que no es otra que los puntos de vista diferentes. Cuando los criterios son distintos se le brinda la oportunidad al oyente de extraer sus propias conclusiones, como mecanismo eficiente para respetar su personalidad e inteligencia propias. Lo contrario implica una manera sutil de IMPONER opiniones a toda costa y el oyente se siente subestimado o, en el peor de los casos, manipulado.

Falta de redundancia

Un elevado por ciento de las informaciones que se transmiten por la radio no cuenta con la imprescindible necesidad de redundar en sus elementos más importantes, entre otras razones porque no se tiene en cuenta la fugacidad del mensaje radiofónico, característica que nos obliga a tal redundancia. Es decir, usted debe escribir para que lo escuchen y no para que lean. Si lee puede releer, pero si escucha no puede reescuchar, de ahí la importancia de redundar, lo que no resulta imprescindible en la prensa escrita.

Al respecto me parece oportuno consignar lo siguiente: Cada mensaje tiene una meta con una motivación específica. Si por la no redundancia el oyente no entiende, entonces se crea el llamado ruido o barrera en la comunicación que, a su vez, produce una frustración o meta propia, llamada también evasión.

Me atrevo a afirmar que la redundancia debe ser lógica y creativa. Lógica por las razones expuestas, y creativa porque, obviamente, no se trata de repetir simple y mecánicamente, si no de redundar utilizando distintas formas de expresión. Vale la pena mencionar la recomendación clásica de George Hills: 1) Dile al oyente lo que vas a decirle, 2) Díselo, 3) Dile otra vez lo que haz dicho.

Sobre la reelaboración de informaciones

Es una gran deficiencia la repetición mecánica de materiales periodísticos sin tenerse en cuenta el tipo de programa informativo. Hay ocasiones en que, originalmente, se transmite en la revista informativa de apertura y después, consecutivamente, en boletines, noticieros y hasta resúmenes. El problema es que no se tiene en cuenta las características de cada espacio; no es lo mismo un boletín que un noticiero. El primero solo requiere de sus elementos medulares o principales, mientras que en el segundo se cuenta con la posibilidad de ampliar la información con sus aspectos secundarios y detalles.

La reelaboración también es necesaria ante despachos redactados deficientemente, pero contentivos de datos imprescindibles, como es el caso posible de algún corresponsal voluntario.

En definitiva debe comprenderse que la repetición mecánica en varios espacios noticiosos llega a causar tedio y en consecuencia rechazo. Pero tal resultado negativo puede revertirse fácilmente. Para lograrlo hay dos vías conocidas: a) Aplicando una redacción distinta a la información original manteniendo su esencia y elementos principales, mediante síntesis o amplitud y b) Utilizando, a partir de la información, algún otro género que nos permite "recrear", por así decirlo, el mismo tema u objeto de la información periodística.

Sobre el protagonismo y la humanización

Una gran cantidad de informaciones se nos muestran incoloras, lineales, grises, sin elementos atrayentes ni humanos. En ellas comúnmente se nos da cuenta de eventos de todo tipo; en otras nos refieren sucesos y acontecimientos que tal parecen promovidos y ejecutados por Instituciones, empresas, fábricas, etc y no por el ser humano en su condición de obrero, intelectual, científico, mujer, campesino, estudiante...y a tal punto llega esta deficiencia que en el desglose de protagonistas un por ciento elevado aparece como "no definido".

Por tanto, es lógico pensar que existe una imperiosa necesidad de dotar a la información de una redacción más humana y sugerente, mediante una redacción atractiva que sitúe al hombre como centro de atención. El mensaje positivo sobre un miembro de la sociedad le imprime prestigio social, lo destaca de la multitud anónima, le confiere categoría, status, posición social, liderazgo de opinión, un patrón a imitar que mueve el esfuerzo de otros. Curiosamente he podido comprobar que los programas informativos en nuestro país sí tiene al trabajador como destinatario, pero son escasos los mensajes periodísticos cuyo protagonista sea "un trabajador individual".

Cuando el caudal de información refiere una acción general, el resultado de la percepción es dudoso y acaso no se logra excitar la atención de la gran audiencia. Centenares de informaciones plantean: "La brigada tal llegó al primer paso del millón...", "La empresa tabacalera sobrecumplió el plan de...", "Los dignos hombres de los cascos blancos entregaron..."

No permiten una codificación clara del mensaje, es demasiado abstracto, nebuloso, estéril y aburrido por el abuso practicado durante muchos años. Habría que agregar que un ingrediente contaminante en la comunicación lo es el protagonismo colectivo, etéreo, sin rostro. A lo que hay que añadir el abuso de estereotipos, lenguaje manido, sin frescura y carente de estilo personal.

Información económica aburrida

Una cantidad apreciable de los mensajes informativos que se emiten en los noticieros se vinculan a la actividad económica nacional. Pero, independientemente de lo cuantitativo, lo cierto es que tales mensajes resultan densos, aburridos, redundantes, y sin eficacia comunicativa. Si bien es cierto que el tema es fiel a la necesidad nacional, su dudosa eficacia en la comunicación con el oyente hace que estos mensajes se conviertan en nulos o vacíos, desprovistos de atracción.

Según estudios se ha demostrado que un altísimo por ciento del total de informaciones económicas contenían componentes cognoscitivos exclusivamente; solo un pequeño número mostraba entrelazamiento con componentes emocionales. Por tanto, si tales materiales no son dotados de emocionalidad no alcanzarán el corazón de la gente y no serán recordados.

Creo que vale la pena continuar meditando en este asunto. No se trata de atomizar palabritas sensibles a la información, por decirlo así. De lo que se trata es de lograr que los oyentes no crean que la información económica es sólo para eruditos en la materia, o que constituye simple referencia acerca de cómo marcha. Lo medular, en mi opinión, es que el oyente perciba fácilmente el interés nacional por el bienestar de la población y, consecuentemente, todo el esfuerzo humano que se realiza para lograrlo o, por otro lado, perciba también con claridad todo lo que atenta contra tal objetivo, tanto en el ámbito nacional como internacional (incluyendo, por supuesto, el bloqueo). Que aparezca también el protagonista de las acciones positivas en su empeño particular por el crecimiento económico de nuestro país, sus desvelos y sacrificios para lograrlo, y todo ello sin ampulosidad y retórica barata en la expresión.

La información turística

La gran mayoría de las informaciones que se relacionan con el sector turístico dan cuenta solo de componentes cognoscitivos, pero muy pocos poseen valores emocionales que contribuyan a que la población humilde y trabajadora interiorice los beneficios que esta industria reporta para el bienestar de todo el pueblo. De tal modo se habla de hoteles que contarán con tantas habitaciones, restaurantes, cafeterías, bares, salas de juego, tiendas etc; que fue construido en menos tiempo del planificado; que cuenta con mobiliario elaborado con maderas preciosas y muchos otros datos que sugieren confort y placer.

Pero, en contraste con lo anterior, es cierto que una porción de nuestra población vive en difíciles condiciones de vivienda y, por elemental lógica, es poco probable que las personas más afectadas reciban con agrado informaciones que hablan de inversiones cuantiosas en materiales y recursos de todo tipo. Por ello es necesario:

Explicar, con argumentos sólidos, la trascendental importancia que en el plano económico representa el desarrollo del turismo; insistir en que los beneficios que reporta inexorablemente repercuten a favor de la población; y que no se ha contado, en su momento, con otra vía de solución a los problemas que el enemigo nos ha impuesto en su despiadado bloqueo.

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