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Como elaborar un proyecto de programación

Me ha parecido oportuno incluir en este texto algunas consideraciones acerca de cómo debe elaborarse un proyecto de programación en la radio. En primer lugar veamos por qué causas se justifica:

a) Por la pretensión de inaugurar una emisora, como ha sucedido durante los últimos años en el caso de varias de nivel municipal.

b) Porque se ha conocido que un grupo de programas habituales ya han cumplido la misión para la cual fueron creados, y por tanto ello genera la necesidad de cambios sustanciales.

c) Por la gran dinámica de nuestros tiempos, la que nos exige cambios significativos.

d) Porque la situación económica, política y social ha experimentado también determinadas variaciones, las que a su vez producen necesidad de cambio.

Porque en definitiva, la vida cambia, porque todo no es vitalicio, porque algo fue y ya no es. Un ejemplo me viene a la mente: Antes se hablaba de una real crisis energética, de los apagones constantes en nuestro país; ahora no se debe mencionar "crisis"; sería, en todo caso, nueva situación energética –para bien- ya que los apagones prácticamente están eliminados.

Por tanto, lo primero que imprescindiblemente se debe conocer es la caracterización del entorno sociopolítico y económico del territorio al cual se dirigirá nuestra programación. No conocerlo sería algo así como disparar al aire. En este sentido siempre será conveniente aglutinar la mayor cantidad de datos posibles. Entre otros pueden mencionarse los siguientes: Desglose por géneros (cantidad de hombres y mujeres); grupos de edades; cantidad de personas por los distintos niveles de enseñanza; categorías ocupacionales (administrativos, dirigentes, técnicos, etc.); extracción social (obreros, campesinos, intelectuales...); principales centros de trabajo; símbolos del territorio; actividades económicas fundamentales; historia local (sus principales protagonistas, figuras que han enaltecido a la patria, hechos de gran relevancia, etc.); militantes del Partido y de la UJC; membresía de las distintas organizaciones de masa; instituciones culturales; cantidad de Círculos Infantiles, de Hogares de Ancianos y muchos otros datos, siempre que aporten, repito, al conocimiento del territorio.

Si observamos detenidamente los indicadores mencionados nos daremos cuenta de inmediato que obtenerlos no es tarea fácil. Evidentemente se requiere el apoyo de varios organismos y organizaciones a fin de establecer una relación recíproca: La radio los necesita y éstos a ella. En términos de comunicación no se concibe el divorcio entre unos y otros. Una vez sobre la mesa de trabajo el conjunto de los datos estaremos en condiciones de ver con la mayor claridad las características del entorno. Por ejemplo, podremos concluir que es un territorio típicamente industrial; que tiene un gran potencial de instituciones científicas; que hace varios años mantiene la mortalidad infantil muy baja; que cuenta con centros de trabajo únicos en el país; o, contrariamente, es una región rural; gran potencial agropecuario; se encuentra la mejor CPA del país; considerable número de iglesias y feligreses, etc.

En definitiva, lo que intento demostrar es lo que una vez le escuché a un gran compañero y maestro, Renaldo Infante, cuando dijo que la flecha del mensaje radiofónico era para dar en el blanco y no para evadirlo. Y, al afirmar esto, me viene a la mente alguien que pretendía contar con un programa específicamente de zafra azucarera –por supuesto de gran importancia para nuestro país- en la emisora municipal Radio Camoa, en San José de las Lajas provincia de La Habana; y que felizmente no se aprobó, sencillamente porque tal municipio es eminentemente industrial y su peso en la contienda era prácticamente nulo. Naturalmente, ello no implicaba desconocer el tema como tal, aunque no necesariamente utilizando el marco de un programa específico.

Otro ejemplo, en este caso supuesto, sería pretender contar con varios programas para la difusión exclusiva de la gran música sinfónica en una emisora cuyo entorno fundamental es campesino y, contrariamente, no incluir en su programación general ningún espacio de música guajira. Claro, es un clásico ejemplo de extremos, pero mencionado así solo con el propósito de que se comprenda la ineludible necesidad del conocimiento, porque sin él ni siquiera se puede hablar de comunicación.

Es también de gran importancia saber cuáles son los hábitos de audiencia de la población, para lo cual –indudablemente- se requiere una investigación social adecuada a ese fin. En este sentido es imprescindible que el instrumento que se proyecte cuente con una variada selección de encuestados, es decir, la representación de obreros, campesinos, intelectuales, estudiantes, jóvenes trabajadores, mujeres, científicos, etc. y también de las zonas urbanas y rurales.

Tras los pasos anteriores ya estamos en condiciones de proyectar con la mayor eficiencia que seamos capaces. Pero, con independencia de la capacidad, es un imperativo observar las siguientes recomendaciones:

a) Recordar en todo momento que usted se debe a la gran audiencia y no a su gusto personal o de grupo.

b) Que tiene una muy alta responsabilidad ante el pueblo.

c) No defraudar los grandes objetivos que el Partido le ha conferido a los

medios de comunicación.

d) Que debe mantener una lucha frontal contra el esquematismo, la mediocridad, la chabacanería, la vulgaridad y la apelación a fórmulas simplistas que inferiorizan a la radio.

e) No subestimar, jamás, la inteligencia y el nivel cultural del pueblo, porque ya dejamos muy atrás la época oscura de la ignorancia.

f) Elaborar el proyecto con la participación activa de los compañeros más capaces y de mejores resultados, presididos por el jefe de la Programación, de modo que a posteriori se someta a la consideración del Consejo de Dirección (preferible ampliado) y pueda ser informado a los trabajadores, los que podrán formular sus criterios al respecto.

Y algo de extraordinaria importancia, tanto respecto al proyecto como a su consecuente desempeño, lo es sin duda el establecimiento del objetivo y perfil de la programación en general y de cada espacio en particular. Es decir, cada programa debe contar con su ficha o guía técnica, en la cual, imprescindiblemente y entre otros datos aparece lo que se pretende con el programa (objetivo) y cómo se logrará (perfil o características formales).

Por lógica, tales datos dan paso a su propia representación en la programación general. De lo que se deduce, por elemental lógica, que todo contenido del perfil debe responder al interés del objetivo. En resumen, veamos una fórmula consecutiva del proceso: Investigación del entorno --encuesta de los hábitos de audiencia--elaboración del proyecto--confección de las correspondientes guías técnicas con la precisión de objetivos y perfiles--fiscalización frecuente de su estricto cumplimiento.

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