La Constitución es hija de la Revolución

La Constitución de la República “ (…) no es la madre de la historia, ni es la madre de la Revolución, nuestra Constitución socialista es hija de la historia, es hija de nuestra Revolución”.

Esta idea preclara del significado de la Carta Magna y el papel que le asiste para refrendar los derechos y deberes de los ciudadanos, la formulaba el Comandante en Jefe Fidel Castro, en el discurso de clausura del XVI Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, el 28 de enero de 1990.

“En nuestro país la Constitución socialista no creó un Partido, sino que en nuestro país un partido comunista creó una constitución socialista. Del mismo modo que no existe el socialismo en Cuba porque haya una constitución socialista, existe una constitución socialista porque hubo primero socialismo en Cuba”.

No fue casualidad que reiterara esas ideas, al mes siguiente, en la sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Sin embargo, sus reflexiones acerca de la denominada Ley de leyes se remontan al principio del triunfo de 1959.

En el discurso pronunciado en el Club Rotario de La Habana, el 15 de enero de ese año, reafirmó la garantía que daba la Revolución a todos los derechos civiles, políticos y humanos de la Constitución.

Recordemos que una semana antes, el Gobierno revolucionario había decretado la Ley Fundamental, por la que debía regirse el país.

Ya había sentenciado durante el discurso del 21 de mayo de 1963, ante estudiantes cubanos y otros invitados, en la Universidad moscovita Lomonósov, que “(…) no es un buen procedimiento imaginar leyes e instituciones y luego tratar de adaptar las realidades a esas formas ideales”. Al contrario, son las instituciones las que deben adecuarse a las condiciones del momento.

El paso a la nueva Carta Magna de 1976 fue precedido el año anterior por la creación de la Comisión Redactora del Anteproyecto, en cuyo acto Fidel expresó la importancia política, revolucionaria e histórica de ese proceso, el cual pondría fin a la provisionalidad del Estado revolucionario y daría paso a una Constitución por cuyos preceptos habría que luchar tenazmente, para su cumplimiento.

Al recibir los compromisos del pueblo en saludo al Primer Congreso del Partido, por dirigentes de las organizaciones de masas, el 29 de mayo de 1975, subrayó el interés que tomaron los ciudadanos en la discusión del anteproyecto, y la repercusión internacional de este hecho.

Y hoy, con la nueva Constitución convocada a referendo el 24 de febrero, se cumple uno de sus enunciados en el Informe Central al magno evento partidista, acerca de la máxima ley por aprobar en aquel momento: “Hoy necesitamos una Constitución socialista, en correspondencia con las (…) convicciones ideológicas y las aspiraciones de nuestro pueblo. Una Constitución que refleje las leyes generales de la sociedad que construimos, las profundas transformaciones económicas, sociales y políticas operadas por la Revolución y los logros históricos conquistados por nuestro pueblo. Una Constitución, en fin, que consolide lo que somos hoy y que ayude a alcanzar lo que queremos ser mañana”.

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