Ania Ortega y el arte de comunicar

Entrevistar a quien está acostumbrada a hacerlo no resulta fácil. En esta oportunidad, dialogar con Ania Ortega superó mis expectativas pues, aunque hubo tópicos que tuvimos que dejar fuera de la entrevista, por obvias razones la conversación me permitió mostrar una parte poco conocida de esta historiadora devenida periodista que ha sabido develar más de una interesante historia de vida.

¿Hasta dónde ser graduada de Historia ha complementado tu interés por el mundo de los medios masivos de comunicación?

“Realmente no diría hasta dónde, sino de qué manera mi carrera como historiadora ha complementado mi interés por los medios. Estudié la carrera convencida de que me dedicaría a la investigación, pero la vida es más rica y a veces nos lleva por sitios inimaginados. De mi carrera inicial aprendí todo lo que después me ha servido como periodista. Ha sido un tránsito paulatino pero intenso, y qué es si no la Historia pues la consecución de hechos que dan lugar a otros. Y así ha transcurrido mi vida profesional.

“Ha sido una preparación continua. En 1995 me habilité como locutora y como tal me inicié en la radio. Conocí este medio, me enamoré de él y lo sigo amando. Durante unos cinco años laboré en Radio Metropolitana, mi primera escuela radial, exactamente en la revista Novedades, con el locutor Félix León, incluso esto lo hice antes de graduarme de locutora. En aquel curso conocí a los maestros Gladys Goizueta, Antonio Pera, Moreno de Ayala, a quienes recuerdo muy especialmente.

“Luego trabajé, por breve tiempo, en la COCORadio Ciudad de La Habana y Radio Progreso, donde aprendí muchísimo de todo tipo de programas, fundamentalmente informativos, pero fue en Progreso donde di mis primeros pasos dentro del periodismo, gracias a Julio Batista, como analista de temas sociales desde su programa Puntos de vista. Allí en varias oportunidades, a petición de él, laboré como guionista. Por tanto, ese programa constituyó mi llegada al periodismo. Luego estudié un diplomado de especialización en televisión, así que de alguna manera puedo decir que el periodismo llegó a mi vida de manera inesperada”.

¿Cómo llegas a la televisión?

“Comencé en la televisión para cubrir, dentro del Sistema Informativo, una necesidad de locutoras en la emisión del cierre, pues necesitaban periodistas para ese horario. En medio de ese tiempo me propusieron algunas funciones como periodista y muy rápido pasé a cumplir roles en la redacción. Abordé desde internacionales, que fueron los primeros, hasta culturales; incluso me asignaron una tarea que por entonces fue todo un reto: fungir como jefa de Redacción del Boletín del cierre y en Hoy mismo, espacio que conducían Isabelita Fernández y Héctor Rodríguez, y que luego fue sustituido por otro resumen: En tres minutos.

“El noticiero del cierre fue una etapa de intenso aprendizaje. Llevo conmigo una enorme lista de agradecimientos para colegas de esta época. Era un equipo de trabajo muy bien llevado. Recuerdo que disfrutábamos mucho y todo fluía sin mayores inconvenientes más allá de los propios del proceso productivo. Allí estuve pocos meses porque muy rápido pasé al resto de las emisiones hasta asumir el Noticiero estelar. En el Sistema Informativo llegué a tributar para todos los espacios y en todos los horarios, hasta hice la conducción de la revista Buenos Días durante casi dos años, en los tiempos en que tenía música y cocina en vivo.

“Incursioné en la sección infantil; también en TV Noticias, y llegué a asumir los miércoles, con una duración de entre cuatro y cinco minutos, una sección que se llamaba Todo sobre Historia.  Realmente fueron años de muchísimo trabajo, pero era tan feliz que no importaban los turnos de edición de madrugada, cuando teníamos entregas extras. Fue un proceso de aprendizaje continuo porque comencé cuando la tecnología cambiaba de UMATIC a BETACAM con el sistema analógico. Luego llegó la tecnología digital en que editar con AVID era privilegio de pocos, hasta que nos fuimos cruzando con el sistema digital”.

En medio de ese proceso de aprendizaje fuiste ampliando tu visión del periodismo. 

“Sí, es que cada vez más crecían mis expectativas y posibilidades hasta descubrir que podía hacer algo más desde el periodismo, solo que en esa época existían otros criterios que impedían un poco la realización, pues eran más cerrados los marcos para el periodista, y concebir documentales era transgredir la estructura preconcebida por años dentro de los estilos periodísticos. Era casi una violación, tanto, que podían decirte: “eres periodista, no documentalista”, “eres periodista, no locutora”, “eres periodista, no cineasta”, incluso la presencia del periodista en cámara era vetada muchas veces, tenía que estar muy justificada su aparición.

“Sin embargo, siempre aparece la oportunidad para alimentar los sueños y para mí, crear desde el audiovisual significaba moverme en un espectro más amplio. Así que mis reportajes siempre los trabajé siguiendo los estilos que me habían marcado los Noticieros Icaic. Ellos eran mis referencias. Santiago Álvarez fue un patrón muy fuerte en mi trabajo, pero fue algo que descubrí con el tiempo y la experiencia. Creo, entonces, que la vida me colocó en el lugar que desde siempre me perteneció. A través del audiovisual encontré mi terreno y mi razón de ser como profesional”.

¿Qué relación estableces con el documental? y experiencias internacionales de trabajo como Granada y Chile, ¿qué aristas han perfilado de tu visión como profesional?

“Mi relación con el documental se la debo a Octavio Cortázar. Fue quien me impulsó y me dijo por primera vez: “Pero tú puedes soltarte ya, he visto lo que haces con tus trabajos históricos y creo que ya puedes soltarte”. Eso fue para mí una total revelación. En esa época, junto con un grupo de periodistas, asistía a un taller sobre documental que justamente Cortázar impartía en la Uneac. Yo le había comentado un proyecto que comenzada a gestar sobre Salvador Allende (2003), a propósito del aniversario 30 del golpe de Estado en Chile. En esa época se usaban mucho los reportes especiales para el suplemento dominical, así que mi idea llegaba hasta ahí, mi sueño era realizar un gran reportaje, porque a pesar de que el documental era de mis géneros preferidos, todavía me resultaba inalcanzable.

“El tiempo pasó, creo que no pudimos terminar el taller, de hecho, Cortázar tuvo que partir para ofrecer una serie de conferencias en España. Yo hice aquel trabajo como reporte especial, pero me quedó mucha información guardada. Tres años después propuse un proyecto para realizar un documental sobre Allende, porque seguía en el tema y había presentado en el noticiero varios trabajos sobre Chile y la historia del proceso de la Unidad Popular. De ese modo mi documental transitó un largo camino desde que se gestó como idea hasta que se concluyó en 2009, en la edición 31 del Festival Internacional de Cine Latinoamericano de La Habana, en el espacio “Los Colores de la diversidad.

“Realmente fue Octavio Cortázar quien me planteó la idea de trabajar el tema como documental. Llegó a revisar parte del contenido planteado cuando aún era un proyecto en 2006; desafortunadamente, cuando pude terminarlo en el 2008 ya él no estaba entre nosotros. Fue una pérdida muy sentida para mí. Por eso se lo dediqué cuando el sueño fue logrado: La Habana- Arica-Magallanes, mi primer documental.

“Experiencias de trabajo como las de Granda y Chile han sido muy especiales. Visité Granada en 2005, fue por una cobertura sobre los trabajos de apoyo de Etecsa en la recuperación de este país, luego del paso de los huracanes de ese año. Fueron apenas dos semanas de estancia y una experiencia tremenda de la que pude presentar 14 trabajos de forma seriada. Recuerdo que me criticaron mucho la idea de mostrarlos de esa forma. Tenían una presentación inicial que ubicaba el tema y el país, y cada trabajo contenía los días y el lugar donde habíamos compartido junto a los linieros; de hecho, también incluí la labor de colaboración de los médicos cubanos en la Operación Milagro en ese país, tema que en ese momento era poco conocido. Aquellos médicos eran los primeros en realizar ese trabajo y los granadinos, los primeros grupos de pacientes que llegaban a Cuba desde el Caribe para ser tratados quirúrgicamente. Recuerdo que tuve que pedir autorización para abordar el tema.

“En Chile la experiencia fue otra. Marché sola, sin equipo, a un proyecto personal que contaba con el apoyo del Departamento Ideológico del Comité Central y del Ministerio de Cultura, gracias al entonces ministro Abel Prieto, la embajada de Chile, la Casa Memorial Salvador Allende en Cuba (CASAMSA) y el grupo de chilenos que dirigía esa institución. Es decir, que sin saberlo estaba asumiendo el periodismo de mochila, ese en el que te vas a rumbo a otro lugar del mundo sin otro recurso que los sueños, los conocimientos y alguien más con una cámara y su equipaje técnico.

“Aquí debo mencionar tres nombres indispensables para la realización de ese trabajo: el chileno Alberto Reyes, miembro del Comité de apoyo por la liberación de Los Cinco, que ofreció los primeros centavos para el proyecto fuera de Cuba, el camarógrafo Eric Delgado y Víctor Cassaus, director del Centro Pablo de la Torriente Brau, que aportó lo necesario económicamente para las primeras entrevistas en Cuba. Sin estos tres apoyos iniciales no hubiera podido seguir adelante. Con ellos tenía tres ladrillos importantes para levantar mi edificio.

“Vistas a la luz del tiempo, ambas experiencias fueron la base de la profesional que fui después, me hicieron madurar mucho en mis visiones como periodista, como realizadora y mi lenguaje cambió. Fui menos primaria en mis análisis, más objetiva, aprendí el valor de las palabras y la imagen como nunca antes, sobre todo en Chile, porque éramos dos haciendo el trabajo de un equipo completo. Eric, el camarógrafo, era al mismo tiempo director de fotografía, sonidista, productor y asistente. Y yo hacía el resto desde la investigación in situ, el estudio de campo, las entrevistas y llevaba a la par los apuntes para evitar complicaciones en la posterior edición al llegar a Cuba. Debíamos cumplir el plan pensado desde La Habana lo mejor posible y en tiempo récord. A Eric solo le habían autorizado un mes en Chile, a mí, tres, que fue el tiempo total de mi estancia, así que cuando me quedé sola tuve que hacer magia para terminar el trabajo. Aún me faltaban entrevistados importantes, entre ellos, Luis Corvalán, Volodia Teitelboim y la familia Allende, testimonios imprescindibles para mi documental. Fue casi una epopeya para mí en corta experiencia, pero jamás lo olvidaré”.

¿Qué significa ser reportera para ti?¿Cuál es el mayor desafío?

“El reportaje es el género más completo del periodismo, en cualquier medio que se aborde (televisión, prensa escrita o radio), porque permite todo tipo de realización, combinaciones o fusión de estilos y géneros. Me di a conocer a finales del año 1999 con reportajes históricos primero, y luego con otros temas. Así que es mi género preferido, aunque me siento muy cómoda también en la crónica y el testimonio. Desafíos como reportera hay muchos, desde encontrar el tema y el gancho para atrapar la atención hasta la forma en que vas a decir y demostrar la idea a través del tejido exacto entre imagen, texto, sonido, música, incluso, los silencios, que para mí resultan igual de valiosos”.

¿Cómo combinas el trabajo como periodista con tu labor académica en la FAMCA, y cuánto una completa la otra?

“Mi labor académica en Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisuales (FAMCA) es un alto temporal que me he regalado, por decirlo de alguna forma. Hay tiempos de aprendizaje, desde otras aristas, que debes experimentar porque enseñando también se aprende y mucho. Es un tiempo de autopreparación que se redescubre como retroalimentación indispensable para completar ciertas lagunas que de otro modo nunca hubiese descubierto. Pero no he dejado de ser periodista, quien lleva dentro la vocación es periodista en todo momento. Pero para ejercerlo en la televisión debes seguir en la línea, entonces es cuando los tiempos se juntan y la vida te demuestra que no puedes estar en dos sitios a la vez, sobre todo cuando ambas funciones demandan atención y dedicación por igual. Encontré cierto alivio en Cubadebate, donde colaboro desde hace algún tiempo, y aquí debo agradecer a Randy Alonso por permitirme el espacio”.

Un programa como “Cubanos en primer plano”, ¿hasta dónde pudo significar un antes y un después en tu carrera?

“El programa Cubanos en primer plano fue otra vuelta de página en mi vida. Cuando comencé ya este llevaba un tiempo al aire, estaba muy legitimado y gustaba. Así que yo tenía que ajustarme a un estilo preconcebido, sólido y muy establecido. Eso me ayudó a comprender los tiempos de realización. Duraba 15 minutos, pero el contenido debía contemplar los tiempos de presentación y los créditos finales con las pausas intermedias propias del programa, lo cual quiere decir que tenía unos 10 minutos para contar la mayor cantidad posible de historia de vida de las personalidades que me asignaban. Pero mi camino de reportera me había enseñado cuánto se podía decir en solo uno o dos minutos, así que diez eran un regalo.

“En este programa conocí a profesionales importantes de los que aprendí mucho, como Eduardo de la Torre, ya fallecido, excelente corresponsal de guerra y realizador experimentado. Los integrantes del equipo de realización eran todos muy serios, cumplidores y conocedores del espacio. No había que explicarles mucho, más bien eran ellos quienes me explicaban a mí, que recién llegaba con vicios del noticiero. El espacio reconocía a personalidades de todas las esferas de la sociedad: científicos, médicos, artistas, deportistas, hasta especialistas de los medios audiovisuales. Era muy preciado y estimulante para nosotros y para los entrevistados. Es una lástima que dejara de salir al aire. Aprendí muchísimo sobre todo en otro de mis perfiles de trabajo: la dirección de programas”. 

Te vemos recientemente como guionista y presentadora de secciones del programa “Entre tú y yo”. ¿Cómo defines esta otra experiencia televisiva?

Entre tú y yo contiene 11 años de mi vida. El programa tiene 21 al aire. Los guiones los asume en estos momentos su directora, Sonia Castro, pero cada uno de los que formamos parte del equipo de presentadores escribimos las secciones. Fue en una conversación con su directora que le propuse dedicar un segmento a la vida de los profesionales de la prensa en los medios, la sección era Mundo noticioso. Luego se fue ampliando el perfil de los temas que podía tratar y así mi enfoque como periodista “encartonada”, como me decía Sonia, se fue acomodando al estilo coloquial, diáfano, desenfadado y conversacional marcado por Irela Bravo, que es la fundadora y el rostro que identifica el espacio.

“Como ves, cada paso ha sido un escalón, cada experiencia un peldaño superior en mi formación que, por supuesto, no ha terminado, porque mientras más aprendo tengo más miedo de que no me alcance el tiempo para aprender y hacer todo lo que me falta. Incluso en este tránsito por el tema aprendizaje, renglón aparte merece que mencione mi paso por Telesur, donde se aprende y se asume el periodismo desde estilos totalmente diferentes a los nuestros”.

¿Proyectos inmediatos?

“Muchos, retomar mi vida en la televisión, que extraño muchísimo. Me gustaría también poder realizar algunos de mis proyectos de programas que duermen engavetados hace algún tiempo ya, crecer en mis propósitos como docente, seguir preparándome en la necesaria calificación y categorización que exige la vida de la academia, pero igual hay algunas ideas por ahí de un posible libro que le debo a la experiencia vivida en Chile. Y muy importante, seguir adelante, lidiando con las provocaciones de la vida que invitan a crecerse allí donde alguien pone un muro creyendo que no lo podrás saltar”.

Con las miras puestas en un futuro inmediato, Ania Ortega, locutora, periodista, profesora, y por sobre todas las cosas creadora, ha ido labrando un camino que, al mirar atrás, junto a la satisfacción se erige la necesidad de asumir nuevos empeños. Cámara, grabadora o celular en mano, así obliguen las circunstancias, está en el arte de comunicar el mayor peldaño de su realización personal. Es una profesional para quien palabra e imagen le han de seguir acompañando en ese ruedo inmenso y potente que es vivir. 

 

 

 

 

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