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Cuando un amigo se va…

José Ramón Marcos, actor del cine y el teatro cubanoJosé Ramón Marcos, actor del cine y el teatro cubanoLa difícil noticia de la muerte de José Ramón Marcos me  llegó, entre los fuertes vientos de los días de abril, instalándose en la memoria,  como un ruido  ensordecedor que el silencio fue cercando hasta dejarlo sin aliento. Luego vinieron las horas para el recuerdo, para permitir que las palabras de las largas conversaciones se corporizaran.

Su muerte esperada-inesperada para mí deja, como en las buenas amistades, ese esencial vacío que duele cuando un amigo se va.

Fueran varias las ocasiones que le hablé para  entrevistarlo y ahí siempre acudía a esa sonrisa (para mí asiática) donde casi no me dejaba otra opción que la espera. Y de espera en espera la muerte salió triunfante pero no fue definitiva. Los  años de amistad nos llevaron por variados caminos en conversaciones donde  el teatro y la literatura cubana y universal  flotaban sobre el mar tal como un velero rompiendo las olas para que el camino se hiciera profundo y provechoso. De cualquier forma te hice más de una entrevista mientras tratabas de arreglarme mí maniática computadora medieval. Y en eso eras un lince, un gato trepado en los techos (no de zinc caliente).

-Al final uno domina estos aparatos…déjame decirte, Roberto, que incluso he escrito un Manual para su aprendizaje... ¿qué te parece?

-No lo puedo creer.

-Yo solito…machacando. El detalle está en que tienes que caerle a la computadora con inteligencia, paciencia, y horas-nalgas…es lo que decide.

Pero Marcos, como le decía, militante del Partido con profunda visión de la problemática política y socio-cultural de nuestro país, fue un hombre sencillo y amigo. De esos amigos de a cualquier hora. Atento, abierto en la ayuda si necesitabas de él. Gustaba de preparar el buen café para las buenas conversaciones. Y me hablaba de todo, de lo humano y lo divino. Del nuevo libro que estaba leyendo, de lo que estaba escribiendo, de la investigación histórica donde estaba insertado en cada momento.

-Tendría unos quince años cuando ya estaba  en la Escuela Provincial de Teatro aquí en La Habana….recuerdo que estaba situada en El Vedado. Y la dirigía un hombre de mucho prestigio en la cultura cubana: Mario Rodríguez Alemán. Sus clases eran maravillosas.

-Por ahí comenzó tu historia.

-Bueno…de niño soñaba con esas cosas…pero lo que te acabo de decir de esta Escuela fue para mí como el despegue necesario.

-¿Qué vino después?

-Con el tiempo esta Academia de aprendizaje se cerró y pasé junto con  amigos entrañables y que nos hemos mantenido unidos toda la vida en torno al Teatro, a estudiar en la Escuela Nacional de Arte (ENA).

-¿Para qué año te gradúas?

-Fue en 1970.

-Intensos estudios, sin dudas…

-Y hay algo que recuerdo con mucho amor y fue que junto a otros estudiantes como Yolanda Ulloa, en la actualidad poeta y actriz  y el hoy actor Faustino Hernández  y con la ayuda  de alumnos de la especialidad de Artes Plásticas  nos dimos a la tarea de construir la Sala-Teatro Elsinor que emergió esplendente entre las viejas construcciones de aquel mágico lugar.

-¿Y por qué Elsinor?

-Por entonces cursábamos el tercer año y aunque estábamos montando la obra Romeo y Julieta nos atraía más Hamlet  y por ahí vino la idea del nombre. Aquel intenso trabajo ha significado para las nuevas generaciones de actores y amigos del teatro tener un sitio emblemático para diversos encuentros de esa especialidad. Y ello, es indudable, nos quedó como algo hermoso en nuestras vidas por la utilidad cultural de lo realizado.

La vida profesional de Marcos se multiplicó en el tiempo. Quedó reconocido su talento como actor en el Teatro Escambray, el Teatro Político Bertolt Brecht y el Pequeño Teatro de La Habana, y  además, el cine cubano atesorará sus actuaciones en los filmes Mella del reconocido director Enrique Pineda Barnet,  también en la propuestas fílmicas Río negro  del director Manolo Pérez, Baraguá  de José Massip y en  Habanera de Pastor Vega.

También se desempeñó como escritor para la Radio y la Televisión, y se consagró a la literatura para niños. Su pieza teatral Lluvia de oro obtuvo el Premio La Edad de Oro en 1984. Al recoger ese y otros textos en un libro homónimo mereció en 1995 el Premio La Rosa Blanca.


-Y claro, tanto va el cántaro a la fuente que solté lo que tenia dentro y un buen día aparecieron mis libretos para programas de la Radio y la Televisión.  En la Televisión escribí muchos cuentos breves para niños que cubrieron una etapa de mi vida. Ya para la Radio el tema histórico me obsesionaba.

Ya  tu trabajo en la Radio nos unió  en largas conversaciones  donde  el tema del dramatizado y sus esenciales componentes en una novela para el medio lo debatíamos con amplitud y seguridad. Yo notaba en ti una fuente inagotable de ideas para desarrollar en la Radio, una auténtica búsqueda que, a ratos, me dejaba esa sensación de intranquilidad por conocer las trampas que ya el corazón te venía tendiendo con pasos sutiles y taimados.

Tu literatura para niños nos deja un fino mensaje en las historias, tus elocuentes momentos en páginas literarias de notable desplazamiento artístico.

-Creo que un artista se debe nutrir de variadas formas de trabajo. Por eso mismo mi vida se ha movido en varios campos. Son necesidades del espíritu.

-Y todo comenzó por el Teatro.

-Ha sido esencial en mi vida. Mi etapa en el Teatro Escambray fue una fuente nutricia en mi formación al igual que mi paso por el Teatro Político Bertolt Brecht y el Pequeño Teatro de La Habana. Cada uno en su momento, al igual que cada película o cada página literaria para un  libro,  para la Radio o para la Televisión, me formaron y me proyectaron  como un hombre entregado al proyecto cultural de la revolución misma. A esa Revolución se le debe todo y habrá que seguir debiéndole todo.

Ahora, amigo, partes para ese viaje eterno del que se regresa cada día cuando la memoria queda por buena y definitiva. Te seguiré saludando y agradeciéndote esa sonrisa de que hablé, tus conversaciones donde las palabras saltaban entre luces y cortinas de teatro, tus momentos de juntar las cejas como quien descubre una injusticia que enmendar y, lo sabes bien, vamos a continuar desatando los diablos que Shakespeare y Cervantes nos entregaron y a los que siempre acudíamos en señal respetuosa y quien sabe si enigmática.

En el abril miliciano también recuerdo tu entrega a la Patria y como tú seguro que ni campañas mediáticas ni miserables mentiras podrán  desviarnos de este camino martiano con todos y para el bien de todos.

¡Descansa en guerra, amigo…los hombres como tú duermen despiertos!

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