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El oficio de la verdad

Escritor, locutor, director de programas radiales. Musicógrafo e investigadorEstudioso, de carácter amable, explosivo y silencioso al mismo tiempo, energético por añadidura, con una verdad siempre para  ofrecer a toda persona que acuda a él y que responde al nombre de Gaspar Marrero  (La Habana, 1952), lo he encontrado en  uno de los pasillos de la CMGL Radio Sancti Spíritus.


Tras el abrazo, un mundo de cosas por decirnos. Planes literarios y radiales, ideas como fogonazos cruzando de lado a lado, sin alcanzarnos el tiempo, como siempre. Y es que el tiempo es una especial categoría que se nos  agota en su largo periplo del pasado al presente y (Oh, misterio de los misterios) su acelerado desplazamiento al futuro.

Conociéndolo ambos (al tiempo, afirmo)  nos convertimos en una suerte de cronopios con permiso del maestro, y todo fue acordado en un santiamén: la entrevista va y en brevísimos días. Para dar verídico testimonio de mis intenciones apreté el botón de mi cámara y en un segundo la imagen  de este amigo que ahora ya ven los lectores quedó  sin equívocos tal como es la expresión de su cara cuando idea una maldad necesaria para el alma divertir.

Graduado como profesor de Matemática en la Universidad de La Habana (1972). Locutor, escritor y realizador radial, trabaja en emisoras municipales, provinciales y nacionales, donde mantiene varios espacios con comentarios acerca de la música cubana y temas costumbristas e históricos. Algunos de sus programas han alcanzado premios en diversos concursos. Se desempeña también como musicógrafo e investigador musical. Los anteriores son apenas algunos datos de este hombre de la cultura cubana.

Por otra parte, ha publicado trabajos en la revista Salsa Cubana y en el suplemento cultural Vitrales, de Sancti  Spíritus. Es colaborador del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana y ha impartido cursos y conferencias en centros docentes y otras instituciones, así como en eventos teóricos y coloquios, entre ellos los festivales internacionales Danzón Habana (UNEAC, marzo de 2007) y Boleros de Oro (UNEAC, junio 2007). Formó parte del jurado del Premio CUBADISCO  2000, en la categoría de Compilación y Música de Archivo. Ha escrito notas discográficas para las producciones Campeones del Ritmo (1992), Orquesta América del 55 (2001), Conjuntos famosos de Cuba (2001) y Orquesta Aragón (2005), todas de la EGREM de Cuba. Autor de La Orquesta Aragón (Editorial José Martí, 2001) y coautor, junto a otros investigadores, de los cuatro volúmenes de la serie Voces de la República: una visión contemporánea (Ediciones Luminaria, 2003, 2004, 2005 y 2006). Escribió el prólogo al Diccionario de la Trova Espirituana (Ediciones Luminaria, 2001). Próximamente será publicado su ensayo Presencia espirituana en la fonografía musical cubana, por Ediciones Luminaria.

Así pues, aquí tienen mis averiguaciones y las respuestas de don Gaspar quitándole el don y dejándole el Marrero, que  le gustará más.

¿Qué razones motivaron a un profesor de Matemática a vincularse a la Radio y cuándo ocurrió?

Desde niño, por herencia familiar, sentí una gran atracción por la Radio. Razones de salud me condenaron a permanecer en casa  largos períodos, y mi ocio prolongado se llenaba con los primeros programas de la televisión de la época y, también, la Radio. Mis padres escuchaban mucha Radio y esa afición la recibí por un  agradable contagio. Con el tiempo a los trece años, mi pasión se trasladó a la pelota y mi mayor deseo era entonces ser narrador deportivo. En 1968, más o menos, se abrió una escuela de formación de narradores en la entonces ESEF Manuel Fajardo, pero exigieron dieciocho años como edad mínima y yo sólo tenía dieciséis.

Años después, se produjo  para mí, una feliz coincidencia: cuando cursaba mi último año en la Universidad, descubrí en la emisora COCO de La Habana una audición con discos de Panchito Riset y Roberto Faz, quien ha sido siempre mi cantante favorito. Un día, se me ocurre escribir (creo que es un atrevimiento usar ese verbo) una especie de biografía de Faz y decidí, cuando la terminé, llevarla al programa. Al fin, a pocos días de mi graduación, exactamente en 1972, entré por primera vez a una emisora de Radio. Allí en la COCO y ese mundo comenzó a fluir.  Me gradué de profesor de Matemática y comencé a trabajar. Pero desde esa tarde de julio, convertí en una obligación visitar la emisora al menos una vez por semana. Primero elaboré  listas de los discos de 78 que atesoraba la planta (muchos y muy valiosos, por cierto). Meses después  producía ya un programa.

Escribí mi primer libreto radial para el dominical Los Matamoros. Demoré tres horas de un domingo para escribir tres cuartillas. La audición salió al aire el domingo 14 de enero de 1973. Esa fue la primera vez. De tal suerte, me mantuve muchos años colaborando con la emisora y ejerciendo mi profesión de maestro de Matemática en preuniversitarios de La Habana.

Las dos décadas finales del siglo XX (director de programas, guionista, conductor, profesor) ¿cómo se fueron definiendo en tu vida profesional?

Los años ochenta me permitieron un apreciable desarrollo como profesor. En  1986, paso al equipo del Departamento de Matemática del entonces Instituto de Perfeccionamiento Educacional, hoy Centro de Convenciones Pedagógicas. Y durante mi estancia allí me designan para elaborar algunas reseñas históricas y un capítulo del libro de texto de Matemática 7° Grado, específicamente el de Geometría del Espacio. Pero, al mismo tiempo, después de una etapa en que simultaneaba mi labor profesoral con los programas de Radio Metropolitana y otro amigo del medio me lleva como escritor y locutor para uno de los primeros espacios de origen propio que tuvo Radio Taíno, titulado Al Caer el Sol. Fue la primera vez que trabajé en serio la locución.

Para 1989, meses después  me llaman para escribir y conducir la revista Coctel de Medianoche que inauguraba la programación de madrugada de Radio Taíno. Aquel 21 de marzo, a las doce de la noche, se producía un punto de giro importante en mi vida. Seguí escribiendo y empiezo en la locución de modo profesional en 1992. Así, en los noventa, escribo y conduzco un número importante de programas en Radio Taíno; en 1994, sale al aire De 5 a 7, un espacio que nació en mi casa de la Víbora, del cual fui locutor y escritor; en septiembre de ese año, paso otra vez a la COCO, donde asumo varios espacios como escritor, comienzo a dirigir y también a conducir un informativo diario, en vivo. Y en 1996 me llaman para conducir la Discoteca Popular de Radio Progreso.

Con la escuela de la COCO, y el apoyo de experimentados compañeros y amigos, pude salir airoso (eso creo) de ese reto de mantenerme casi seis años en el equipo de locutores de Radio Progreso. Esas dos décadas fueron definitorias, indudablemente, en lo que fui y en lo que he podido alcanzar.

¿Qué te inclinó a investigar sobre músicos cubanos donde se abren caminos de aristas bien complicadas y, sin dudas, con un gran componente de rescate cultural que presupone riesgos de todo tipo?

Fue, precisamente, mi comienzo en la COCO. Tal vez muchos recuerden  al  periodista Guido García Inclán, director y antiguo propietario de la emisora. El exigía que el peso de la programación descansara en la música cubana. Es por eso, que en 1973, cuando empiezo a escribir, la emisora mantenía programas de media hora con el Trío Matamoros, Vicentico Valdés, Benny Moré, Clara y Mario, Barbarito Diez y otros grandes. Esa etapa me marcaría de modo definitivo. Pero había un serio obstáculo: yo debía escribir el espacio dedicado a Los Matamoros, por lo cual debía incluir suficiente información como para que aquello ameritara un guión. Entonces yo tenía veinte años de edad y ni por mi cerebro pasó la necesidad de contar con un archivo.

La mañana en que conocí personalmente a Guido, él me preguntó cómo me iba con el trabajo  Ingenuamente me atreví a confesarle que me gustaba hacerlo, pero que necesitaba que me facilitaran materiales para incluirlos en los programas. Ahí mismo recibí la mayor lección de mi vida. Guido me colocó una mano en el hombro y, muy serio, pero amigable, me respondió: Mire, Marrero, los periodistas no podemos esperar a que nos traigan la noticia: tenemos que salir a buscarla. Aplíquelo a lo suyo. Días después, hice mi primera sesión de lectura en la hemeroteca de Biblioteca Nacional José Martí. Y ese bichito de la búsqueda de información se ha convertido en el máximo aliciente de mi carrera. A Guido se lo debo.

Ejemplifícame algunos de tus trabajos investigativos de más complejidad y qué métodos científicos empleaste para despejar lunares y llegar a la certidumbre expositiva de lo estudiado.

Como habrás podido comprobar, toda mi labor cultural ha sido fruto total de la intuición. Es cierto que mi nivel educacional constituye una herramienta importante, pero no olvides que lo que estudié no parece relacionarse mucho con el arte (aunque opino todo lo contrario).Eso de investigar, ya en serio, es mucho más reciente. Fue el inolvidable cantante Roberto Espí quien me citó a su casa del reparto Casino Deportivo para proponerme que escribiera las Memorias del Conjunto Casino, legendario grupo musical cubano que dirigió durante treinta años. Eso fue en 1983. Confieso que escribí las Memorias... con mucho más entusiasmo que posibilidades. Ahora, por cierto, luego de recibir el cariñoso pero exigente regaño de Marta Valdés, las rescribí y parece que, por fin, tendrán mejor destino.

Cuando conversé por primera vez con Espí –a quien recuerdo eternamente como un padre-, me di cuenta de que no podía limitarme a su testimonio, ni a las vivencias que pudieran contarme sus compañeros del Casino. Como debía compartir esa tarea con mis responsabilidades laborales como maestro y mis trabajos de la Radio, preferí acudir, inicialmente, a cuanta fuente de información apareciera. Después de acopiar una cifra apreciable de fichas y revisar años y años de periódicos y revistas, fue cuando comencé a hacer entrevistas.

Las hice a la antigua, porque no conté nunca con las posibilidades de una grabadora: empleé la memoria y las notas, y en eso de las capacidades memorísticas sí me ayudó muchísimo mi especialización en Matemática. Figúrate: revisé la colección del periódico El Avance Criollo correspondiente a los años 1949 a 1955; la revista Bohemia, del 1955 a 1959..., en todos los casos, ejemplar por ejemplar. ¿Te imaginas? Fíjate que comencé la búsqueda de información en 1983 y terminé el trabajo siete años después. Ese ha sido el trabajo más difícil, sobre todo porque fue el primero.

Hoy, con mucha más experiencia y conocimientos, lo hubiera hecho de otra forma; de hecho, debí rescribirlo para cumplir con el reclamo de Marta Valdés. Una coyuntura familiar aparentemente intrascendente me condujo a escribir el libro La Orquesta Aragón, que llegó a la Editorial José Martí gracias al querido estudioso de la música, Lino Betancourt,  uno de los más conocedores de la trova cubana, quien en  gesto inolvidable propuso a la editorial mi trabajo ¡sin leer una sola línea de lo escrito! Él lo leyó cuando pude obsequiarle un ejemplar. Con el apoyo del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana y del Museo Nacional de la Música, sigo en la investigación.

Como especialista en el tema ¿cuál consideras la canción cubana emblemática del siglo XIX y cuál en el siglo XX?

Resulta muy fácil calificar a La bayamesa, de Céspedes, Castillo y Fornaris, como la canción más importante del Siglo XIX, no sólo por lo que representó históricamente, sino también por ser el antecedente directo de lo que luego será la trova cubana. Sin embargo, definir cuál es la canción cubana emblemática del siglo XX resulta un verdadero acertijo. Prefiero no comprometerme con una sola, si me lo permites, y decidirme por El manisero, de Simons, que dio a la discografía cubana su primer record millonario en 1930; Longina, de Corona; Yolanda, de Pablo Milanés; Unicornio, de Silvio; Contigo en la distancia, de Portillo de la Luz, o La Guantanamera, de Joseíto. Me atrevo a decirte que cada cubano tiene su propia lista.

La música cubana actual ¿qué opinión te merece?

Igual que cada cubano puede darte sus canciones emblemáticas, cada uno puede definir su música cubana. Hay que adentrarse en todos los rincones a los cuales ha llegado la creación musical cubana para comprobar el enorme desarrollo de esa manifestación, que, increíblemente, muchos aún identifican con las maracas y el bongó. Tenemos una escuela coral de enorme prestigio internacional; qué decir de los jazzistas; quiérase o no, hemos entrado en el mundo del rock con identidad propia, instrumentistas y directores que le han dado muchos premios a la música nuestra en los más importantes certámenes mundiales. Seguimos graduando músicos de altísima calidad. La trova continúa su rumbo, al igual que la canción. De todo eso nos da fe, cada año, el premio Cubadisco.

¿Qué ha significado la Radio en tu vida?

Primero, un sueño; después, un reto; más tarde, un camino; ahora, la posibilidad de sentirme realizado y de preparar a los que habrán de relevarme dentro de poco.

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