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Georgina Almanza: hay que desgarrarse con cada interpretación

Georgina Almanza es una cátedra viviente, aun cuando su visión está un poco afectada y su andar es cansado, su alma y su mente siguen intactas. Quizás, es un vestigio de haber interpretado tantas niñas y niños que la dejaron marcada para siempre con esas ansias de descubrir el mundo cada día.

Siempre puntual y sonriente, Georgina, a sus 83 años, está dispuesta a responder cuanto le pregunten y a ayudar, siempre que pueda, a las nuevas generaciones.

Hay profesiones que de niños soñamos con ellas, por ejemplo, ser profesores, o médicos, o actores… ¿pasó así con usted?

Bueno, siempre me gustó el arte, o sea, pensaba que iba a cantar, que iba a bailar, yo crecí en el tiempo de Ginger Rogers, Fred Astaire, y siempre me vi como ellos.

Al principio pensé que sería cantante, o bailarina, pero pronto descubrimos que la que heredó el talento musical fue mi hermana Enriqueta, recuerdo que yo estudiaba el piano todos los días y practicaba y practicaba y cuando llegaba a la escuela, la maestra me decía que por qué no estudiaba como mi hermana y ahí fue cuando dije, este no es mi camino.

Sin embargo, cuando decidí ser actriz, fue como algo innato, yo entraba y salía de la situación con una facilidad tremenda, o sea, podía emocionarme y cambiar de ánimo y transformarme como con un toquecito mágico y eso ya me convenció de que por ahí andaba mi camino.

Yo fui una actriz que nunca precisé de Konstantín Stanislavski ni nada de eso, aunque yo defiendo el método Stanislavskiano* y digo que soy Stanislavskiana, pero honestamente yo no lo necesité, porque entraba y salía de situación sin problemas.

Una vez Andrés Castro, que fue uno de los mejores directores que tuvimos en Cuba y que después estuvo impartiendo clases en una academia de Estados Unidos me encomendó que hiciera muy pronto la Raposa, una vieja hurraca, mala con mucha actitud y cuando me vio trabajar escenificando ese personaje se quedó asombrado con la transformación que yo había hecho, y cuando ya llevaba dos años en la compañía suya impartieron Stanislavski y para mí fue un conocimiento que me ayudó a entender un poco más el mundo de la actuación, pero yo no lo tenía que utilizar, a mi llegaban las caracterizaciones por arte de magia.

¿Hay algún medio al cual le profese un amor particular?

Todos los medios han sido especiales en mi carrera. El teatro es para mí algo indescriptible, pero, por ejemplo, yo tenía en la radio cuatro o cinco programas al día y además tenía facilidad para hacerla, tanto es así que hasta un Premio Nacional de Radio me otorgaron en el 2007.

Pero mi camino como actriz fue simultáneo en todos los medios, el camino que emprendí por los años 1948 y 1949 del siglo y del milenio pasado, sí, porque la gente se olvida del milenio que es tan importante, pasar un milenio es algo trascendental, y yo lo viví. Pero volviendo al tema, siempre pude hacer las diferentes manifestaciones y todas fueron casi parejas, podía hacer la radio en la mañana todos los programas, hacía en la tarde la televisión, porque como se hacía en estudio uno iba y grababa, y los fines de semana al teatro. Así fue hasta que la televisión comenzó a grabarse en los exteriores y entonces tuve que dejarla, porque no podía perder el trabajo que tenía en la emisora. Así que prácticamente dentro de esos medios me desenvolví durante toda mi juventud.

Radio Progreso es especial para usted, si tuviera que calificarlo hoy cómo lo haría…

Progreso fue para mí una casa, y hay una etapa de la emisora que no ha sido muy difundida, nosotros grabamos en la Calle Reina, en un estudio que había allí y trabajamos en condiciones muy difíciles, lo mismo muy temprano en la mañana, que bien tarde en la noche, pero lo hacíamos con un placer enorme.

Los actores que trabajaban en otras emisoras ganaban muy bien, sin embargo, nosotros lo hacíamos por un peso o 1.50, aunque ya era cadena nacional y ellos tenían que pagarnos 3.75, pero así estuvieron tres años los dueños, sin pagarnos lo correspondiente. O sea, que de estas gargantas salió mucho del dinero que sirvió para construir el edificio tan bello que hoy conocemos, que ya no está tan bello, pero lo están embelleciendo, como todo ahora en La Habana.

Cuatro o cinco programas en una mañana es mucho… ¿Cómo hacía para preparar los personajes?

Chico, era una cosa instantánea, porque eso te lo exige la radio. Tú sales de un estudio donde estás haciendo un personaje, a mí me tocaba siempre caracterizar a las niñas o los niños, y tenía que mutar de una piel a otra en los pasillos porque cuando llegas al otro estudio ya es otra persona la que entra.

Cuando mi hermana y yo empezamos en esto, íbamos a la Cadena Sur buscando trabajo, habíamos perdido nuestro padre, teníamos muchas penurias económicas, venía el juzgado para desalojarte, sacarte los muebles a la calle, cosas que desconoce la juventud de hoy día y entonces ya te digo, dentro de toda esa penuria tratamos de ir buscando una posibilidad, tratamos de salir adelante y se descubrió que mi hermana tenía una habilidad para la música y yo iba siempre de sapo acompañante con ella, sapo acompañante que se dice cuando estás jugando al póquer y eso, que déjame decirte, jugábamos al póquer, pero al de cinco centavos y subir las apuestas con cinco centavos más, entonces volviendo a la historia, ahí me fui desenvolviendo y fui entrando en el mundo de la actuación en la radio y por eso la aprendí rápido.

La radio es uno de los medios más difíciles al decir de los que han pasado por ella… ¿considera esto usted también?

Nada es fácil en la vida, hay cosas para las que se tiene una determinada facilidad y otras que no. El que tiene menos facilidad, pero es constante, puede llegar, sin embargo, el que tiene mucha facilidad y no es contante, no llega. Cuántas veces uno prejuzga y dice que a tal persona no se le da bien la actuación y después se desarrolla y no llega a ser un actor no genial, porque no todos son geniales, pero si un buen actor, un profesional.
Yo pienso que todo es cuestión de decisión, entrenamiento, constancia, todo está en proponérselo y estar bien enfocados en la meta.

¿En tantos personajes encarnados algunos se han quedado pegados en la piel?

A mí me han marcado mucho los personajes de Dora Alonso y te cuento algo, una vez que llegué a Cadena Roja, era joven e iba con un vestido que me hacía todavía más aniñada y Aracely Torres, la directora de entonces, tenía necesidad de una actriz para cubrir una que se había ido para la Cadena Oriental de Radio, el programa era al aire y cuando yo entré me dijo “Ay Georgina, coge este libreto y hazlo” y no sé cómo me salió hacer una niña, que no es por nada, pero ella quedo muy complacida y seguí con ese personaje.

Otra vez llego a Progreso, en Reina, y me citan a las ocho de la mañana, entro y pensé que era una niña, pero la sorpresa fue grande cuando descubrí que yo era un varón grandecito, al que golpeaban, y yo iba a decir “pero yo solo sé hacer de niña”, sin embargo, cuando veo la cara del director a las 8:00 am lo pensé bien y dije… “bueno, si yo digo eso aquí él no me va a llamar más”. Entonces me fui para el pasillo e hice memoria emotiva con un muchacho que vivía al lado de mi casa y el padre lo mandaba a callar y lo golpeaba, y él era un jovenzuelo, y de esa manera conecté con ese muchacho entré y lo hice, desde entonces seguí haciéndolo.

Yo no sabía que podía hacer esos papeles, pero en los momentos críticos los interpretaba, los sacaba de adentro, es lo que te decía, como algo mágico y definitivamente uno saca enseñanzas de esos personajes, aunque no lo queramos se nos quedan las experiencias como vividas.

A raíz de cada interpretación me imagino que también hay métodos que uno adopta para poder salir y entrar en caracterizaciones distintas… ¿cómo haces para hacer un personaje u otro sin que interfieran?

Al personaje que vayas a hacer siempre hay que estudiarlo psicológicamente, emocionalmente, en la radio tu salías de un programa y ya inmediatamente entrabas en el otro, y no sabías lo que ibas a hacer, lo mismo una niña que un niño o una vieja hurraca, cualquier cosa podía suceder, entonces tienes que aprender a entrar en situación, a conectarte con esa persona en la que te vas a convertir.

Esas personas que dicen “hay el personaje me persigue”, no. Cuando sales ya tú tienes que dejar esa persona, tú tienes que saber salir de ese ensimismamiento rápido y coger otro, yo siempre trato de aplicar la psicología a cada personaje y quizás los rasgos de uno puedan ayudarme a caracterizar otro, pero no puedo cargar con todos a la vez.

Yo no opino sobre nadie y además encuentro muy bien todo lo que la persona hace, porque lo sienta o lo quiera hacer así, o sea porque está realizando su sueño, sin embargo, para mí, pienso que el temperamento y la emoción es algo que se transmite, se comunica emocionalmente, es algo que fluye como una corriente, esa ha sido y es mi línea de trabajo.

Yo sin emocionarme, sin tener las vivencias en las que te tienes que desgarrar porque no puedes fingir una lagrimita y hacerte un truco en los ojos para llorar, yo pienso que tienes que darlo todo y sentir lo que estás haciendo.

Los demás si quieren hacer fingir y los aceptan… bien hecho, pero a mí siempre me ha funcionado a mi manera en todas las artes, por diferentes senderos se avanza y este es mi camino.

La poesía es otro de estos “caminos” que Georgina ha transitado… ¿puede contarme de esta necesidad de expresarse mediante los versos?

Con el tiempo creo que es el sumo del artista poder expresarse mediante la poesía, porque es precioso; pero claro te digo una cosa, me gusta la poesía por el sentimiento, la fuerza, el temperamento, las vivencias que tú tienes en tu vida y todo lo que de una forma u otra te ha alentado a ser quien eres pienso que hay que imprimírselo a la poesía.

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