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Tras la pista de Emilio Tamayo

En el fascinante mundo de la radio, al igual que sucede en la literatura, el policíaco es uno de los géneros más populares. Así ha sido desde los tiempos de Félix B. Caignet y sus exitosas series de Chan Li Po, primeros hits del dramatizado radial en la Isla. En Santiago de Cuba, un escritor, Emilio Tamayo, y un espacio, Objetivo X, llevan más de treinta años atrapando a la audiencia.

Gracias a ellos, los oyentes han podido conocer de disímiles casos tomados de la realidad, aunque recreados - en mayor o menor medida- con el enriquecedor prisma de la ficción.

Economista de formación, Tamayo llegó a la radio en 1964. Comenzó adaptando cuentos, como una manera de realizar su inclinación literaria. 

“Escribir había sido mi vocación desde muchacho” me revela con algo de timidez-, escribía muchas cosas que después destruía. El que me llevó a la radio fue Rigoberto Cruz, un escritor camagüeyano con el que hice una gran amistad. Rigoberto estuvo por acá un tiempo por cuestiones de trabajo, y como él escribía para la radio un día me preguntó si yo también quería hacerlo. Así empecé. El primer cuento que adapté fue El camino de las lomas. En la emisora gustó y lo grabaron, y a partir de ahí seguí escribiendo.
 
¿De qué manera se inicia en el género policíaco? ¿Cómo comienza a escribir Objetivo X?  
 
Lo primero que hice dentro del género fue la adaptación de varios cuentos de Sherlock Holmes. En aquella época no existía un espacio policíaco, así que había que utilizar el cuento, que se llamaba Mi narración favorita. En ese espacio se pasaba cada día un cuento completo, pero no era posible hacer un policíaco en una sola audición. Había que grabarlo en tres o cuatro días, o hasta en una semana. 

En el año 70 pasé a formar parte de la plantilla de escritores fijos de CMKC. Empecé adaptando aventuras, todavía no escribía originales. Ya por entonces había un espacio policíaco que se llamaba Acción y misterio, donde se hacían adaptaciones de novelas de ese género. Pero la Dirección Nacional de Radio, en coordinación con el Ministerio del Interior, decidió crear un espacio para el policíaco cubano, con casos de aquí, que son en definitiva los que más gustan, los que más le interesan a la gente. Mucho más que las novelas de Conan Doyle y Agatha Christie. Y así se fundó Objetivo X a inicios de la década del setenta. 

El primer escritor del programa fue Frank Borrás Rizo, que ya no está en la emisora. Después lo asumí yo. En aquella época el director de CMKC era Roberto Lastre, y él fue quien me propuso asumir el programa. Yo ya tenía experiencia con el género, había hecho muchas adaptaciones de cuentos y novelas policíacas de varios escritores muy buenos, principalmente norteamericanos. Por eso me llamaron, y acepté. Eso fue sobre el 74 ó el 75, así que ya llevó unos 35 años haciendo Objetivo X.”
 
¿Cómo se escribe una serie policíaca? ¿Cómo concibe Emilio Tamayo un  Objetivo X?

 
Yo no escribo las series exactamente igual a los casos que las inspiran. Hay mucha ficción también, para darle más amenidad. En principio, trato de diferenciar a los personajes de los protagonistas reales. Mantengo, eso sí, los hechos fundamentales de los delitos que se cometen, ya sean delitos económicos, robos, asesinatos y cosas así. Entonces juego un poco con lo sucedido para darle el corte policial.

Hay muchos escritores que han intentado hacer el policíaco, pero no han podido, porque éste tiene su propio código; es diferente a la novela. Hay que buscar una trama que sea atrayente y al mismo tiempo que intrigue, que la gente se pregunte qué va a pasar. Además, hay que seguir los esquemas, los pasos del género. Está la parte típica, necesaria en toda novela policíaca, donde se trata de descubrir quién es el asesino, y eso es lo que atrapa a los oyentes, lo que los cautiva. Siempre tiene que haber varios sospechosos. 

La complejidad de Objetivo X  es que hay que hacer eso con un caso real. Adaptarlo para que sea entretenido, intrigante, para que sea radial. Es necesario cortar lo que no aporta y dilatar lo que haga falta desde el punto de vista dramatúrgico. En los casos reales, por ejemplo, desde el principio ya se sabe quién mató, pero en la radio no puede ser así. Hace falta la intriga, el suspenso.
 
En el caso específico de su trabajo, ¿cómo selecciona los casos que van a radiarse?
 
Existe un convenio de la Dirección de Radio con la Fiscalía y el Ministerio del Interior. Eso garantiza que siempre haya material sobre el cual escribir. A veces en el tribunal el presidente de la sala me sugiere algún caso, pero si no tiene posibilidades no lo acepto, porque a veces no hay de dónde sacar elementos para hacerlo. 

Generalmente yo elijo los casos. En la Fiscalía me los comentan, me buscan los expedientes, o sea, la causa, que es dónde viene todo. Yo leo el expediente, y si el caso me parece interesante entonces voy al tribunal, hablo con el presidente de la sala, y ahí mismo me siento a escribir, a sacar todos los datos que yo necesito, porque la causa no se puede sacar del tribunal. Allí me lo facilitan todo: papel, máquina de escribir, y así yo puedo obtener la información esencial para la serie. 

Si no hay ninguna sugerencia, entonces voy a la Fiscalía, una vez al año más o menos. Cuando voy, me facilitan bastantes expedientes, sobre todo los de los casos antiguos, ya resueltos. Para no tener problemas, a mí me dan los que no se van a utilizar más. Entonces tengo más libertad y me quedo con ellos todo el tiempo que quiera. Incluso, me los llevo para mi casa para estudiarlos con más profundidad. Si alguno me interesa, regreso al tribunal a buscar el resto de los datos necesarios.

También debo decir que el programa tiene un asesor del Ministerio del Interior. Primero era un teniente de apellido Cruz, que pasó a retiro, y ahora es el mayor Joel Massó. Él asesora los libretos, los lee, les hace algunos señalamientos técnicos, cosas puramente policiales. Las cuestiones de dramaturgia él las respeta. Así es como lo hacemos.
 
En tantos años escribiendo Objetivo X, deben ser decenas las series escritas por Ud. ¿Cuáles recuerda con más cariño, con más satisfacción?
 
Yo debo haber escrito más de 30 series, aunque ya no puedo recordarlas todas. Uno siempre tiene sus favoritas. Por ejemplo aquí hubo un caso, por El Cobre… En unos carnavales apareció un hombre muerto, y había un montón de gente que podía haberlo asesinado, que tenían motivos. Entonces demoré la parte investigativa. Eso fue real hasta cierto punto, porque la policía no tardó mucho en descubrir quién había sido, pero yo no podía revelarlo tan rápido. Tuve que idear varias subtramas, alargar la historia, hasta dar al final con el verdadero asesino.

Una de las series que más éxito de audiencia tuvo fue Ceremonia criminal. Ésa sí fue basada de principio a fin en los hechos tal como sucedieron, de acuerdo con todos los expedientes y la documentación que me dieron, hasta videos. Fue el caso de una mujer que entregó un sobrino suyo a un palero. No se supo si fue mediante soborno, o por dinero. Era un niño chiquito, no tendría más de un año, para aprovechar su inocencia. A ese niño lo asesinaron, le dieron mucha amitriptilina, que da un sueño profundo, y después lo sacrificaron. El promotor del crimen era un hombre que estaba siendo perseguido por la policía, lo estaban buscando porque se había fugado de la prisión, y el palero le dijo que si mataban a un niño se iba a volver invisible, no lo iban a ver ni aunque le pasaran por al lado. Ese caso se oyó mucho.

Hubo otra, que ganó premio en el Festival de Radio, que se llamó El desquite. Se trataba de un hombre que había salido de la cárcel. Durante un tiempo llevó una vida normal, pero después empezó a beber y a reunirse otra vez con delincuentes. El hombre abusaba mucho de su mujer, cada vez que tenía un problema le daba golpes. Una noche le dio un banquetazo, borracho, rompió el televisor y un tocadiscos… La mujer esperó que se durmiera, le tiró alcohol y luz brillante, y le pegó fuego. Pero ella se fue, y no se sabía quién había sido. Se sospechaba, pero también podían haber sido otras personas. \

Después se descubrió todo y entonces ella contó lo que pasaba, por qué lo había hecho: porque el hombre era una escoria. Técnicamente no actuó en defensa propia, aunque de cierta forma sí, porque él le había hecho la vida imposible; incluso había violado a la hija de ella con otro hombre, que también era sospechoso por eso. Hubo muchos atenuantes extraordinarios, algo que está recogido en la ley penal que está en vigor.  Al final, la mujer estuvo presa cerca de un año y después le dieron la libertad condicional.”
 
Objetivo X ha sido su consagración como escritor radial, pero supongo que también ha constituido un gran reto 
 
El reto ha sido enorme. Cuando empecé a escribir el programa, era la primera vez que me enfrentaba con un original, y basado en hechos reales. Imagínate la responsabilidad. Por suerte, he contado con la ayuda del Ministerio del Interior y la Fiscalía. Y luego, los años siempre te van dando un poco de práctica.  

Por otro lado, Objetivo X es un programa de mucha popularidad. Eso supone un gran compromiso para quien lo escribe, porque sabes que hay un público que lo espera y al que hay que responder. Uno siempre quisiera hacerlo lo mejor posible, pero muchas veces estoy contra reloj y no quedo satisfecho, siempre descubro algún defecto. 

Durante muchos años he sido prácticamente el único escritor del programa. Termino de escribir un serial y enseguida tengo que empezar el otro; no tengo mucho tiempo para hacer correcciones porque están esperando la serie para grabarla… Tengo que apelar a la experiencia, a las mañas de la profesión, para salir a flote. 

Por suerte, Objetivo X  es obra de un colectivo. Afortunadamente cuento con un asesor dramático de la experiencia de Emilio Guerra Sánchez. Él y yo siempre hemos trabajado en equipo y nos entendemos muy bien. Te hablo de una relación profesional de más de 20 años, que en mi opinión ha dado muy buenos frutos.

También he recibido mucha ayuda de los directores, de los mismos actores. Sus criterios pueden ser muy válidos, muy aportativos. A veces hay parlamentos un tanto impropios, muy cultos, como ellos dicen, para los delincuentes, y los actores ponen de su parte, los recrean e inventan parlamentos también. Eso ayuda mucho al resultado final de la serie.
 
Ya que habla de ello, ¿cómo es su relación con el resto del equipo de Objetivo X?
 
Nosotros tenemos un buen colectivo, los actores son buenos y casi siempre dan lo que uno quiere. Ellos se toman mucho interés cuando les gusta lo que están haciendo, cuando se sienten motivados por lo que uno escribió. 

Recuerdo, por ejemplo, la vez que escribí El reloj delator, una serie basada en un hecho real pero con mucha ficción. Era sobre un hombre que tenía un accidente cerca de una presa que hay por Los Reinaldos, mientras huía para no caer preso por graves delitos económicos. El hombre entonces desapareció, lo dieron por muerto, pero al cabo del tiempo capturaron a un individuo que estaba cometiendo delitos de estafa en Guantánamo. Este hombre tenía un reloj antiguo, de bolsillo, que pertenecía al que había desaparecido por la presa, y resulta que era el mismo hombre, que había aparecido y estaba haciendo otras fechorías. Esta serie motivó mucho al equipo, en particular a los actores, por la propia naturaleza del caso.

Por lo general, participo en las grabaciones, hacemos el reparto en colectivo y yo sugiero quién puede hacer algún personaje, teniendo también en cuenta el criterio del director… Con los directores siempre he tenido buenas relaciones de trabajo. Me llevé muy bien con Alejandro Quiroga, aunque a veces, como es lógico, teníamos nuestras diferencias. Eso es inevitable. Pero en general agradecí mucho trabajar con él. Había sido un actor de mucho renombre, tenía una vasta experiencia.

Salvador Virgilí, que es el director actual, es más artístico, en el sentido de que él se mete dentro de la trama, que analiza con profundidad la parte dramatúrgica, y es muy exigente. A veces me pide cosas que no puedo dar, o cambia cosas dentro el capítulo, pero siempre con vistas a mejorarlo. Tenemos una relación bien fluida, y trabajamos muy unidos, junto al asesor, que es una figura indispensable.
 
Finalmente, ¿cómo ve Emilio Tamayo su trabajo después de tantos años? ¿Qué siente por haberse dedicado por completo al género policíaco?
 
Me siento satisfecho. Sé que hay cosas que hubiera podido hacerlas mejor, pero no siempre ha sido posible por el tiempo. Aún así, me enorgullece mucho que el programa tenga tanta audiencia, que le guste a la gente, porque ése es el fin de todo, que llegue a la población. Es muy estimulante cuando las personas van a la emisora y lo felicitan a uno por su trabajo. A veces se reciben muchas llamadas, y yo he podido hablar con los oyentes, escuchar sus criterios y felicitaciones. Uno se siente realizado con eso, se siente motivado a seguir. 

Yo pienso continuar escribiendo para la radio mientras me queden fuerzas. Ya tengo 70 años, y todavía me siento bien física y mentalmente, aunque a veces uno llega a sentir fatiga intelectual, y tiene que coger un diez. Cuando empecé con los cuentos, nunca pensé que me iba a quedar toda la vida en la emisora, pero es verdad que la radio te atrapa. Con el tiempo te engancha el ambiente, el luchar con los actores… Unas veces tienes fracasos y otras tienes éxitos, así poco a poco. Lo fundamental es perseverar, y tratar de hacer cada día un mejor trabajo.

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