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Caridad Martínez: una mujer contracorriente

Caridad Martínez no estaba destinada para la radio, al menos así lo pensaba su familia durante su infancia y primera juventud; pero la vocación por un oficio sale más allá de la disposición familiar y rompe con los moldes para estampar su nombre en la historia de la Radio Cubana.

“Yo tuve la suerte de tener unos padres como los que me tocaron; aunque al principio mi mamá se negaba a que yo trabajara en Radio Progreso, yo empecé en 1961 y en aquel momento había mucha efervecencia todavía; pero además contradictoriamente a mí no me dejaban oír radio, solo los fines de semana me permitían escuchar música porque ella decía que las novelas me encadenaban  y le restaban tiempo al estudio”, declaró esta radialista en entrevista para el Portal de la Radio Cubana con motivo de su 72 cumpleaños.

Cuenta esta reconocida directora de programas de una de las emisoras emblemáticas de nuestro país que su madre no previó que sus dos abuelas eran seguidoras de las telenovelas, una costumbre que heredó de ellas.

“La noche antes de empezar a trabajar en Progreso, donde comencé como copista de libretos, fueron unos parientes de visita a la casa, uno de ellos pertenecía al equipo del Canal 2 de la antigua Televisión Cubana, y en broma cuestionó si mi madre, que se llamaba Esperanza, iba a dejarme ir para allí;  cuando se fueron de la casa ella me dijo que al día siguiente no iría, pero mi papá le recordó que yo había dado mi palabra así que debía cumplirla. Y yo digo que entre la radio y yo sucedió un amor a primera vista porque me enamoré del medio desde ese primer libreto que yo copié”, rememoró sobre sus inicios.

Una mujer que no solo late en su pasión por el trabajo sino que también lo comparte con su esposo, uno de los escritores y directores de radio emblemáticos de este país por el programa “Alegrías de sobremesa”, que lleva más de 50 años al aire ininterrumpidamente de la mano de Alberto Luberta.

“Por parte de Luberta tuve también una comprensión tremenda en cada momento que tenía alguna situación de trabajo; por ejemplo cuando me propusieron por primera vez dirigir un programa porque yo había sido copista y productora de mesa de ese programa campesino con “Nuestros campos y ciudades” y cuando le pregunté su opinión,  me aconsejó que era una decisión mía, pero que había llegado un momento en que debía dar un paso hacia adelante, era tiempo de decidir si el mío había llegado”.

Ambas familias admiraban su capacidad y entrega al punto que a la semana de trabajar en Progreso su mamá estaba reconciliada con la radio y era su orgullo, tanto que muchas veces, durante su vejez y convalecencia,  tuvo que decirle que faltaba al trabajo por las precariedades del Período Especial en vez de la razón real que era cuidarla; lo mismo que al nacimiento de sus hijos, nunca le faltó la ayuda incondicional de sus padres.

También su faceta como madre de familia la ligó por caminos inesperados a la Radio Cubana, ya que con cierta reticencia por parte de Alberto Luberta, y de ella misma, sus vátagos se inclinaron con el tiempo por la misma profesión que habían visto toda su vida atrapando a sus padres.

“Mis dos hijos querían ser militares, ambos cogieron los Camilitos; uno lo terminó, y el otro lo dejó al segundo año, pero ambos terminaron insertados aquí en la emisora, a pesar de que teníamos reservas, pues nuestro trabajo por tanto años les marcaba un precedente, pero ambos han encontrado su lugar en la radio”.

Caridad Martínez continúa desandando los pasillos de Radio Progreso, colaborando con varios programas, impartiendo clases en la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA), del Instituto Superior de Arte, y enseñando a las nuevas generaciones el quehacer de un medio al que le impregnó su sello contracorriente.

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