Mañana de sol ensombrecida, ha muerto Enrique Molina

Enrique Molina interpreta a Lenin en el Carrillón del Kremlin…. Se nos va el artista total y el gran amigoCon profundo dolor, hoy  recuerdo el día que Enrique acompañado, como es habitual de Elsita, su gran amor en  La novela de la vida, acude, para brindarme una entrevista, que se publica en la obra Otros Rostros que se escuchan, de la Editorial Letras Cubanas.

Por eso hoy, más que una crónica, vuelvo a la reseña, que el propio protagonista narra en 2004. 

Con sólo diez años, Enrique tiene que abandonar los estudios primarios, se le sustrae a la fantasía infantil para lanzarlo a las calles a enfrentar la triste realidad que lo convierte en uno de los niños que pregona aguacates y maní  por las calles de aquella Cuba de 1953, sobre la que se erige  una  sociedad individualista y hostil. 

Nací en Bauta, provincia de la Habana, hace 61 años. En plena niñez quedé huérfano de madre, al amparo de mi abuela. No creo que yo sea un caso excepcional, ni mucho menos, porque fue una época muy triste para nuestro país, y yo fui uno más de aquellos niños y adolescentes que tenían que salir a la calle a luchar la vida para poder ayudar a la familia, como lo he visto ahora que he tenido la oportunidad de participar en muchos Festivales de Cine en otros países de América Latina y con mucha tristeza  veo a esos niños en México, Bolivia, Colombia, Chile, Perú... una miseria terrible y me da mucha congoja porque me recuerda mi propio pasado. 

Entonces usted comienza su vida artística en La Habana? 

"No que va. En 1960 la abuela que me crió desde que mi madre murió, me llevó para Santiago de Cuba, donde tenía  a una hija, en busca de mejores posibilidades". 

¿Cómo puede desenvolverse en Santiago de Cuba? 

Recuerdo que existía la Asociación de Jóvenes Rebeldes y yo me presenté para subir las cinco veces el Pico Turquino, ganarme una beca y poder estudiar, Nunca llegó mi aprobación y junto con un vecino nos fuimos a Bayamo por nuestra cuenta a un lugar que se llama Pino del Agua donde se encontraban los muchachos que ya habían sido aprobados, pero como no teníamos documentos no pudimos incorporarnos a ese contingente y tuvimos que regresar de nuevo a Santiago de Cuba. A partir de ese momento comencé a trabajar en una cafetería, en la que fui gastronómico durante tres o cuatro años. En esa cafetería que estaba en el Parque Dolores, conocí muchos actores y directores del Conjunto Dramático que iban allí a merendar o a desayunar. 

¿A quiénes recuerda? 

Raúl Pomares, Félix Pérez, Obelia Blanco, María Eugenia García y su mamá Selene Gonce... los directores del grupo que eran los argentinos Jaime Suetisky y Adolfo Gudkin y comencé a relacionarme con ellos. Un día se apareció por la cafetería un compañero que atendía por el Sindicato Gastronómico el departamento de cultura y me preguntó si yo quería ingresar en un grupo de aficionados del sindicato. Me pareció interesante y fui, me presenté y allí estaba un actor que además era el director artístico de aquel grupo, Luis Carrere, en estos momentos está aquí en la capital. 

Puede decirse que esto es lo primero que hace como actividad artística Enrique Molina. 

Sí comencé en una obra de teatro y estuve cerca de un año en este grupo hasta que se abrió una convocatoria a través del periódico Sierra Maestra para integrar el grupo profesional, o sea el Conjunto Dramático de Oriente. Me presenté, pero me desaprobaron. Pero como a los dos días Félix Pérez me dijo – oye, vuélvete a presentar. Eso hice y entonces los argentinos me aprobaron y a partir de ahí comencé en el grupo profesional, pero como ya he dicho muchas veces y te lo repito, comencé mi vida artística sin conocimiento alguno, de nada, no sabía qué cosa era un actor, ni que era dramaturgia, ni como se hacía un teatro, ni quién era Shakespeare, ni Stanislavski, ni nada, absolutamente nada, producto de todo esto que ya se sabe de una niñez sin estudios, sin preparación y una adolescencia igual, con solamente el entrenamiento que puede ofrecerte la permanencia de un año en un grupo de aficionados como yo. Recuerdo que lo primero que hice fue ayudar a los carpinteros y electricistas con las escenografías, eso sí asistía a los ensayos y me aprendía los papeles de todo el elenco de actores que participaban. Recuerdo que en una ocasión estaban ensayando una obra llamada Una libra de carne, también de un argentino, Agustín Cusani y Miguel Sanabria que tenía un rol protagónico se enfermó casi al estrenarse, ya con los programas en la calle y yo le dije al director, casi como algo que me salió del alma – Oiga  Gudkin para el ensayo de esta noche, si usted quiere yo puedo pasarle el personaje de Sanabria – y me contestó – Cómo, que tu puedes – Sí, sí, yo  me sé los textos de todos los personajes. Ensayamos, y eso para mí fue una prueba contundente, de que yo si podía si me los proponía con todo el rigor que esto conlleva, convertirme en un  actor. Hice varios ensayos finales, no se suspendió la obra, y al final llegó Sanabria que pudo estrenarla. A partir de ahí gané la confianza del elenco y los directores, que pensaron – al flaco éste vamos a empezar a utilizarlo como actor -. Claro, primeramente me asignaron pequeños papeles hasta que me fui desarrollando. 

Además del teatro, usted se acerca a las emisoras de radio de Santiago. 

Sí y fue una gran suerte. Recuerdo que Carlos Quintas, un actor del grupo, que después se estableció en la Habana y que es un magnífico actor de radio y televisión, me llevó a la CMKC, para que me hicieran una prueba. Te confieso yo nunca pude imaginar que actuar para la radio era algo tan difícil, yo pensé que era simple y llanamente coger un guión y ponerse a leer lo que estaba escrito ahí y cuando llegué a un estudio y vi el trabajo de los actores, me percaté que cosa era actuar para la radio. Realmente me puse muy nervioso, hice una cosa muy ridícula, apenas si podía hablar. 

¿Y se retira de la radio? 

No. Eso fue un proceso. Comencé a asistir sistemáticamente a los estudios a ver y escuchar a los actores, a los locutores y poco a poco comenzaron a darme un bocadillito, una frasecita, personajes cortos, hasta que me fui metiendo en ese mundo maravilloso. Te digo sinceramente lo considero el medio más difícil y he transitado por todos. Actuar en la radio creo en primer lugar que le da cuando se domina, una experiencia, una facilidad, para encontrar e interpretar la psicología de un personaje, porque en la radio un actor puede en el día interpretar ocho o diez personajes distintos. La radio te entrena, te obliga a tener un dominio de tu voz, conocer la variedad de matices que puedes sacar para poder lograr un sentimiento, que solamente te lo van a oír y que por tanto es la voz el medio de comunicación para trasladar imagen y sentimiento. 

¿Cuándo llega a la capital del país? 

Bueno, antes además de teatro y radio, también trabajé en la televisión. Fui fundador en 1968 de Telerebelde desde Santiago de Cuba. En 1970 llegué a la Habana y yo que me creía que ya habían pasado mis apuros en un estudio de radio, aquí me encontré con verdaderos <<monstruos>> de la actuación, glorias de la radio y de la televisión, tanto actrices como actores, empecé a conocerlos en los estudios de Radio Progreso y Radio Liberación. 

Y ya para mí eso fue un impacto mayor. Un día en Radio Liberación me llamó Odilia Romero que estaba dirigiendo un programa, para que yo sustituyera a Ramón Veloz, que estaba enfermo. Imagínate que era el serial El Quijote de la Mancha, que protagonizaban nada más y nada menos que Miguel Navarro y Ramón Veloz. Yo de fresco acepté el reto, entré al estudio, tomé el guión, lo marqué, ensayamos... pero que va no lo pude hacer. Cuando yo vi a Miguel Navarro ante el micrófono actuando, personificando al Quijote con aquella maestría, aquella soltura, aquel dominio que tenía Miguel Navarro para actuar, sobre todo en radio, yo no pude abrir la boca. Se quedó esa grabación  sin Sancho Panza. 

Pero, no se da por vencido?  

No, que va. También pude comenzar en Radio Progreso con Abelardo Rodríguez que dirigía La Gran Aventura de la Humanidad. Allí trabajé bastante. Pero yo tenía un problema muy serio que me impedía continuar en la radio. He tenido siempre desde niño serios trastornos en la vista. Yo tengo lentes de contacto hace más de treinta años y encima de ellos tengo que usar unos espejuelos para poder leer. Cuando llegué a La Habana usaba unos llamados de fondo de botella, pero no había forma de poder manejar el guión, se me hacía muy difícil empatar una línea con la siguiente y había que parar la grabación demasiado y esto acarreaba dificultades en la utilización del estudio, que se programa de acuerdo al tiempo lógico que tiene cada espacio. Interioricé aquello y llegué a la conclusión que estaba perjudicando a mis compañeros y también consideré que con aquel problema no iba a lograr ser un buen actor de radio y encaminé mis pasos hacia la televisión. 

¿Y le es difícil penetrar en el medio televisivo? 

Mira te voy a narrar algo que es precioso. Cuando en 1970 llegué de Santiago de Cuba con mi maletín, mis ariques y no más de cuarenta pesos en el bolsillo, fui a la cafetería que estaba en los bajos del edificio Alaska, frente a la puerta de M del edificio de la radio y la televisión nacional y allí de pie mirando hacia la ansiada escalinata, veo salir a un hombre que yo apenas había visto una vez en Telerebelde de Santiago de Cuba, Abraham Maciques, director de la televisión. Fui a su encuentro, lo intercepté, y le dije – Mire Maciques, yo soy actor de Telerebelde y vine para la Habana a ver si puedo trabajar aquí. Yo traigo una carta de Enrique Bonne, donde afirma que yo soy actor de Telerebelde -. Y me dice – A ver, ven conmigo - agarró el maletín que yo había puesto en la acera, penetramos en el edificio del ICR, tomamos el elevador, me condujo por pasillos y otro elevador y me llevó hasta la oficina del comandante Jorge Serguera, que era el Presidente del ICR y le dice - Comandante, hace falta que se llame a Telerebelde porque mire yo mandé buscar a este actor, pero vino sin el expediente laboral y hace falta que lo mandan rápidamente -. Así fue como entré en la televisión nacional. Se lo agradezco a Abraham Maciques, que me abrió las puertas y los brazos. Ese gesto tan humano y tan bonito no lo voy a olvidar jamás. Me dio hasta una llave de una casa de visita que tenía el ICR en la calle Neptuno, porque yo no tenía ni donde vivir. Me dijo – esa casa no tiene comodidades, viven algunos compañeros, mira a ver como logras ubicarte, para que vayas resolviendo hasta que consigas algo mejor -. Me llevó al departamento de programas de la televisión y le dijo al compañero Carlos Díaz, que estaba al frente – Este es un actor que yo mandé a buscar de Santiago, comienza a darle trabajo . 

¿Y qué programas le asignan. Con qué debuta en la televisión nacional? 

Empecé con programas educacionales que se transmitían a las siete de la mañana, sobre todo de literatura universal. Recuerdo que un profesor hablaba, por ejemplo, de la obra de Shakespeare y se representaban dramáticamente algunos fragmentos de la misma. 

¿Cuándo se produce su despegue en la televisión? 

Pienso que fue cuando un buen día me llamó el director Eduardo Moya y me dijo – Estoy codirigiendo una aventura junto a Ana Lassalle, que se llama El Gran Almirante y tengo un personaje pequeño que hace falta que lo hagas. Lo hice y al poco tiempo me dijo Moya – Estás conmigo en Los Comandos del Silencio -. Para mí fue una gran escuela, porque hay que reconocer que Moya, era un gran director, muy bueno, que sabe sacarle al actor lo que él quiere. En Los Comandos estaban Miguel Navarro, Salvador Wood, Reinaldo Miravalles, Carlos Gilí, René de la Cruz... un piquete de actores que eran estrellas, en su pleno apogeo de capacidad y popularidad y yo aproveché al máximo aquella oportunidad única que se me brindaba para captar e incorporar toda aquella sabiduría y profesionalidad. O sea que además de la dirección de Moya, tuve el privilegio de ver hacer a aquellos excepcionales actores. 

Entonces usted valora que existe un Enrique Molina  antes y después de Los Comandos del Silencio   

Sí, porque para mí fue una Universidad donde el alumno llega a adquirir altos estudios. 

Le asignan otros programas rápidamente 

Mira ya yo estaba casado con mi esposa actual, vivíamos en Los Pinos en condiciones no favorables para tener una familia y coincidió con la fundación de la microbrigada del ICR, para hacer el edificio que está detrás del Hotel Riviera, cerca del malecón y  decidí convertirme en constructor y por esos años dejé la televisión. La construcción del edificio duró más de cinco años, pero cuando ya llevaba dos y medio me fueron a buscar para hacerme una prueba porque se iba a llevar a la pantalla El Carillón del Kremlin y querían ver si yo podía asumir el papel de Lenin. Hice la prueba, a los pocos días me llamaron para repetirla, pero con mayor profundidad o sea con una verdadera caracterización física. Se hizo, se valoró, y finalmente se aprobó. Entonces me sacaron de la microbrigada por unos siete meses, para que interpretara a Lenin. Eso fue en 1977, con motivo del Aniversario Sesenta de la Revolución de Octubre. 

Y después?. 

Bueno cuando terminé la construcción me incorporé de nuevo a la televisión y comencé a trabajar en distintos papeles en teatro, cuentos y telenovelas, hasta el día de hoy. 

Yo me quiero referir a un personaje pequeño en un principio, pero muy grande, porque se va agigantando en cada capítulo. Se trata de aquel Matías, el nicaragüense de El regreso de David. ¿Cómo lo construye? 

Mira nosotros llegamos a Nicaragua, que fue donde se grabaron estos capítulos como a las ocho de la noche y enseguida me dice el asistente de dirección que al día siguiente se comenzaba la grabación y me entregó un libreto, yo le dije que cómo era aquello pues yo no sabía las costumbres, ni siquiera cómo hablaban los nicaragüenses y él me contestó – Habla con Jesús Cabrera, porque él dice que mañana empieza a grabar en la frontera con Costa Rica, debemos salir a las cinco de la mañana y tú estás en las primeras escenas -. Por suerte para mí teníamos para ayudarnos como guías, choferes, etc. unos compañeros de la seguridad de Nicaragua y me pasé toda la noche hablando con un muchacho joven nicaragüense y lo tomé como patrón para poder salir a grabar. Me fijé en su forma de hablar, en su cadencia, la forma de decir las cosas...Para suerte mía aquel muchacho que tendría dieciséis años, se había enrolado en el ejército sandinista desde que era un niño, había participado en muchos combates, tenía una historia muy linda y me aportó mucho. 

Se convierte en un personaje de primer orden durante el tiempo que David pasa en Honduras. ¿Desde el principio lo diseñan así? 

Memorables actuaciones se inscriben en la labor actoral de Enrique MolinaAbelardo Vidal, que fue el escritor de este serial se fue con nosotros para Nicaragua con un solo capítulo escrito y él empezó a asistir a las filmaciones.. recuerdo que Jesús Cabrera me había dicho – Molina tu regresas en 15 días porque vas a trabajar solo en un capítulo -. El que se enamora de Matías es él. Cuando comenzó a ver lo que yo estaba haciendo en la primera, segunda y tercera escena del primer capítulo, me dice por la noche – oye, ya yo no voy a matar a Matías en este capítulo, lo voy a hacer en el segundo y le dijo a Chucho Cabrera: ya Molina no se va en 15 días, tiene que estar un mes porque va a seguir en el segundo capítulo -. Pero después me dejó vivo en el tercero y en el cuarto. El personaje fue creciendo, Abelardo lo  fue armando, porque él fue el primero que se enamoró de Matías y por supuesto que también me enamoré muchísimo del personaje. La experiencia que vive allí fue maravillosa, pero te digo que los actores que llevamos tiempo haciendo televisión y sobre todo en mi caso, que aunque pequeña tenía la experiencia de la radio y eso es muy importante para los actores que nos dedicamos a hacer televisión, tener una importante base de radio. Es sumamente importante, sumamente necesaria. 

¿Cómo ustedes montan la escena de la despedida a David. ¿Cómo lo indica el escritor en el guión? 

Abelardo Vidal cuando escribió el capítulo solamente puso – aquí David se despide de Matías y nada más -. Entonces cuando estamos estudiando el libreto, me dice Sergio Corriere, o sea David – Y  aquí que hacemos porque está en blanco -. Fuimos a ver al director – Oye Jesús, mire lo que indica el escritor, que usted sugiere- Bueno, miren a ver que hacen ustedes, les voy a situar una cámara a cada uno – respondió Jesús Cabrera, - solamente hace falta que en la conversación tu le digas que tú te incorporaste a una banda contrarrevolucionaria haciéndote pasar por tu hermano, que tu verdadero nombre no es Matías y con estos datos, lo demás es de ustedes -. Y así salió esa escena tan profunda, tan bonita, en todos los sentidos, por su ritmo, por la fotografía, por la emoción de los actores, por la identificación, por la vida interna, por la situación de los dos personajes, luchadores, con un objetivo muy claro. Sergio, que además es un gran actor, ya venía muy identificado con su David desde la primera serie, lo tenía dentro de la piel y yo me había compenetrado con mi infiltrado nicaragüense. Salí muy satisfecho con mi Matías. Han pasado muchos años, y todavía cuando veo esta escena me sigo emocionando. 

Y el pueblo también lo siente así. Pero usted es el dueño absoluto de otra escena que dura muy poco en pantalla, pero son de las cosas que no se olvidan y ocurre en el serial Julito el pescador. 

Sí, mi personaje era el enlace de Julito. Aquí él estaba desesperado porque se suponía que venía la invasión de Girón y no tenía como avisar a Cuba de este peligro. La escena se origina  en una cafetería, pero quiero destacar que aquí también hablamos de un señor actor, de René de la Cruz, que interpretó a Julito el pescador, y que hizo de ese personaje maravillas. Cómo olvidar la escena del encuentro memorable de René de la Cruz, con ese personaje inolvidable <<La flaca>>, interpretado magistralmente por Consuelito Vidal. No medió una sola palabra y se dijo tanto con la mirada, con el gesto, con el sentimiento contenido. ¿Cómo sacó lágrimas esa escena en este país a hombres y mujeres?. La escena nuestra fue muy bonita y conmovedora, si uno se ubica en lo que significa para un luchador clandestino infiltrado en otro país, encontrarse de pronto que alguien en un bar le diga – Y su mujer sigue tan gorda – Y él casi llorando de la alegría al identificar a su contacto respondió – Si mi mujer es más flaca que un güin, pariente. 

En las telenovelas también tienes personajes muy lindos y actuaciones muy destacadas. En especial quiero referirme ahora al personaje de Tierra Brava, donde se logra una caracterización perfecta. Comencemos por el maquillaje. ¿Cómo se hace? 

El maquillaje duraba más de una hora, lo hacía Gisela Timoneda y otra muchacha que ahora no me acuerdo su nombre. Hicimos muchas pruebas de maquillaje a todos los personajes. Pero en mi caso particular hubo un acuerdo con Xiomara Blanco, la guionista y directora general. Yo quería lograr, y ella estuvo de acuerdo, una apariencia física a partir de la tremenda golpiza, que lo presentara bien feo físicamente, porque yo quería que la belleza de Silvestre Cañizo, fuera interna, que  estuviera dada a partir de cada palabra que decía ese viejo. Hubo dificultades porque tenemos muchas carencias y no teníamos el producto indicado para maquillar el ojo, que quedara bien deforme. Las maquillistas probaron con un pedacito de tul que tapara la mitad del ojo, pero en la prueba de cámara se notaba que había una tela. Entonces le dije a Gisela, no improvisemos más, vamos a coger el pegamento que se usa para las barbas y los bigotes, me lo pones debajo del párpado y si pega lo hacemos con eso. Me dice, - pero Molina eso está hecho para la piel, no para los ojos, además a la hora de quitarlo, sólo se puede hacer con alcohol, vas a sufrir mucho y puede hacerte daño -.Pero lo probamos por cámara y salió perfecto. Las grabaciones duraban  diez y doce horas diarias, con el ojo pegado y efectivamente lo que sufrí durante cerca de diez meses que duraron las grabaciones fue muy grande y al final el ojo sufrió las secuelas, porque se le presentó un estafilococo dorado, que me mantuvo mucho tiempo bajo tratamiento con la doctora Blanca Elena Herrera, que además es la esposa de Enrique Almirante. 

Enrique Molina interpretando el personaje de Silvestre Cañizo que hizo historia en la TV Cubana

Y con relación a otros elementos físicos de la caracterización. 

Hice consultas con varios ortopédicos y neurólogos para que me explicaran las consecuencias de deformidad de una persona que recibe una golpiza que le produce varias fracturas y que no tiene asistencia médica. Y así fui creando con la aprobación médica el personaje de Silvestre Cañizo a partir del capítulo treinta. Y se logró el personaje, que no obstante ser grotesco físicamente, es una persona de inteligencia natural, con una luz propia, que dice tantas cosas lindas. Fue muy bien diseñado por Xiomara en el guión. Tuve el honor que Dora Alonso, escritora de la novela Rancho Luna, idea original de Tierra Brava, me invitara a su casa. Me confesó que Silvestre Cañizo había sido una creación mía. Esa satisfacción la guardo en el corazón. 

Allí trabajas al lado de esa gran actriz que es Alina Rodríguez, que también hace una Justa de maravillas. Y ahora Xiomara Blanco los vuelve a unir en Destino Prohibido. ¿Cómo lo aprecias? 

Me acuerdo que estábamos en el Palacio de las Convenciones en una reunión de la UNEAC, cuando Xiomara me habló de su novela y el interés que yo formara el elenco. Le dije me interesa si ahora hago un personaje negativo. Y me dijo si justamente de eso te iba a hablar y comenzó a describirme a este Jeremías, su psicología, su bajeza como ser humano. Entonces le pregunté – bueno y con quién trabajo yo directamente, quién va a ser mi hijo y la sirvienta de la casa . Y me contestó para alegría mía – Alina Rodríguez y Fernando Hechavarría. Entonces le dije: cuenta conmigo. Porque aunque tengo escenas con otros actores importantes como Blaín, Almirante, Norberto... las escenas más fuertes son con Alina y Fernando. Los dos son de esos actores con los que uno va a trabajar con los ojos cerrado, actores de muchos años, de incontables recursos, de una formación teatral, de un rigor de trabajo extraordinario y cuando ellos aceptan hacer un personaje van al seguro. Ellos no van allí a improvisar absolutamente nada y cuando van al set a hacer una escena uno tiene que apretar porque te aplastan en el buen sentido de la palabra, porque son dos actores de marca mayor. La experiencia que tiene Fernando Hecharría de teatro, él estuvo más de 15 años como primerísimo actor del Grupo de Teatro Escambray. Yo recuerdo que cuando se hizo la telenovela Cuando el agua regresa a la tierra que protagonizó Manuel Porto, fueron a buscar a Fernando para que incorporara a Porto joven. Y Alina Rodríguez ha ganado infinidad de premios por sus actuaciones en Teatro Estudio, al lado de Raquel y Vicente Revuelta... de primerísimas figuras de la escena en este país... Si mañana me brindan la oportunidad de trabajar con Alina, tendría que apretar para hacer algo distinto a Tierra Brava o Destino Prohibido. Pero lo lograríamos y para mí sería un verdadero honor, un privilegio, de nuevo presentarme al lado de Alina Rodríguez. Los respeto, los quiero y los admiro como actores a los dos.

Recuerdo haberlo visto en Teatro en Televisión? 

Sí he trabajado en algunos fundamentalmente con Antonio Vázquez Gallo y con  Ana Lassalle, cuando todavía íbamos al aire en vivo. Eduardo Moya también me llamó para la obra soviética El último visitante. Quedó muy buena. 

Molina aquí en la capital usted continúa haciendo teatro. 

No mucho, pero recuerdo dos para mí muy importantes. El primero lo dirigió Eduardo Moya, fue El último visitante, que la presentó en el Teatro Nacional con el mismo elenco utilizado en la versión de la televisión. Éramos pocos actores, recuerdo a Rogelio Blaín, Orlando Casín, Raquel González...Fue un éxito tremendo. Hay un actor y director de teatro que se llama Michaelis Cué, que escribió una obra y me fue a buscar, porque llevaba como un mes de ensayo cuando se enfermó uno de los personajes y no quería suspender. No te imaginas a quién tuve que sustituir nada más y nada menos que a un magnífico actor y extraordinario director Vicente Revuelta. Me lancé, hice dieciocho ensayos, la estrenamos en Teatro Estudio, tuvo como un mes en cartelera y después la llevamos al Teatro Nacional, dos o tres semanas. 

Tiene una vasta participación en el cine. Recuerda el número de películas en las que participa. 

Alrededor de 15 películas. Pasado mañanas comienzo a filmar la última que se titula El Bárbaro del Ritmo, homenaje a Benny Moré. El guión lo considero magnífico, es de Jorge Luis Sánchez y Abraham Rodríguez. Jorge Luis además dirige esta película de ficción. Estoy muy contento. A Benny lo interpreta un actor de teatro que se llama Redmi Arozarena, yo interpreto al taxista chofer del Benny, que con el trato cotidiano se hacen muy amigos, casi como hermanos, hasta la muerte del Benny. Las locaciones todas van a ser en la Habana, incluyendo el estudio uno de Radio Progreso, donde Benny fue visita asidua porque tuvo un programa durante muchos años, el Floridita, y otros lugares que recuerdan la presencia del Bárbaro del Ritmo. 

De todo lo que has hecho en el cine ¿Cuáles son los personajes o las películas que más le han gustado? 

Enrique Molina falleció en La Habana a consecuencia de complicaciones con la Covid-19Mira hay dos que me dejaron un saldo muy positivo por ejemplo Un paraíso bajo las estrellas por la experiencia de trabajar con Abelardo Chijona, un director que sabe lo que quiere en sus películas y Hacerse el sueco, que fue la cuarta o quinta película que hice con Daniel Díaz Torres, que es el director con el cual más he trabajado. Esa cinta me dejó muy satisfecho a mí y también el público. Y la película Caravana me dio la experiencia de poder participar de verdad como voluntario en 2 caravanas que se desplazaron por el frente a llevarles alimentos y pertrechos a los combatientes, por ello la UNEAC me entregó la medalla Majadahonda. Ahora en este Festival de Cine Latinoamericano del 2004 se va estrenar la última película que hice en unión de Daisy Granados, se llama Noventa millas. La filmamos en Tenerife el año pasado, la escribió un cubano que estudió cine aquí y actualmente trabaja en Alemania. Se trata de una familia cubana que se va del país en balsa. Daisy y yo somos el matrimonio, con nuestros hijos, el suegro mío lo interpreta el actor que hacía de Miliki en el popular programa de televisión que se transmitió en la década del cincuenta. Un señor que es una maravilla de persona, me dijo que era la primera vez después de tantos años que él trabaja en algo dramático. El resto de los  personajes lo hacen actores cubanos que están contratados en España como Alexis Valdés y un actor de Camagüey y Claudia Valdés. Creo que va a ser una excelente película por el nivel de denuncia que tiene. Las cosas que suceden en esa balsa son tremendas. Lo único que llega a las costas de Estados Unidos es un bebé de un mes de nacido al que amarran a la balsa. Todos los demás van muriendo devorados por el mar y los tiburones. Daisy y yo aceptamos hacerla por lo que significa esa denuncia de la política de Estados Unidos contra Cuba durante tantos años, alimentando falsas ilusiones a toda la gente que se va deslumbrada por el sueño americano.  Al cine le debo la posibilidad de haber podido viajar a muchos países a Festivales de Cine. 

Usted tiene cinco hijos, 8 nietos y dos biznietos. Todos viven con usted. 

No. En mi casa vive mi hijo más chiquito que es músico, es bajista con los Van Van. Su esposa también es músico, violinista y está en el grupo de Omara Portuondo. Tengo dos hijas que viven en el exterior. Y los otros dos, hembra y varón, viven en Santiago de Cuba, porque estos son del primer matrimonio. Cuando tenía  55 años ya era bisabuelo. Creo que si se hace un estudio pudiera ser el bisabuelo más joven de Cuba. 

Dicen además que eres el que cocina en la casa. 

Sí me encanta. Mira hoy por ejemplo hice unas judías que me quedaron riquísimas. Estoy haciendo la antidieta, lo que me permite sin engordar poder comer frijoles, que me gustan muchísimo. 

O sea que le haces la competencia a Rogelio Blaín. 

A Blaín lo que le gusta es asar pescados. Recuerdo cuando estábamos en Camagüey haciendo la aventura Hermanos, que Blaín siempre estaba inventando con los pescados que conseguíamos en la propia esquina donde estaba el hotel. Te aseguro que le sabe a eso. 

¿Qué personaje hace en Hermanos? 

Un capataz muy malo de un hacendado déspota y abusador que interpreta Rogelio Blaín. 

Recibe premios por sus actuaciones 

Si he tenido el favor de los jurados que me han otorgado dos primeras menciones en el Concurso Caricato de la UNEAC por mis personajes de Matías en El Regreso de David y mi Lenin del Carillón del Kremlin y Premio por mejor actuación masculina por el Silvestre Cañizo de Tierra Brava  todas en  televisión. También obtuve premio Caricato en actuación de reparto por la película Derecho de Asilo y el Festival Cine Plaza 2002 premió mi actuación en Video en familia. 

¿Cómo se siente hoy Enrique Molina? 

No sé si he hecho pocas actuaciones o muchas, pero me siento satisfecho, si valoro la forma en que yo entré en el mundo de la actuación dramática. Yo mismo no me imaginaba que podría hoy estar conversando sobre las experiencias tan lindas que he tenido y sobre todo haber disfrutado la oportunidad de conocer a tantas personas que me han aportado y haber podido situarme ante un micrófono o ante una cámara de video o de cine en igualdad de condiciones con compañeras y compañeros, que cuando yo pregonaba maní o estaba detrás de un mostrador de una cafetería, ya eran figuras admiradas y queridas por su entrega y calidad en este mundo maravilloso del arte. 

Pocas o muchas, su participación y entrega no pueden medirse por la cantidad, sino por la huella, que sin lugar a dudas, deja su andar de hombre humilde, de pueblo, de extraordinaria sensibilidad... El que con exquisita sinceridad nos dice que cuando se enfrenta con un guión  no conoce la obra de Shakespeare ni la existencia de Stanislavski. Ese, tal vez, sea el mayor mérito de Enrique Molina, surgir de lo más humilde del pueblo para ir hacia él y entregarle los personajes tan lindos, que buenos o malos, dejan la belleza de lo perdurable.