Tito Gómez en la vereda tropical

Tito GómezHay recuerdos que afianzan sus raíces en la memoria. No puedo olvidar el día que me presentan al dueño absoluto de la vereda por donde transitan mis sueños juveniles. Es un día de 1983. Le pido unas palabras para el programa de Radio Cadena Agramonte, La cadena musical del recuerdo, que por cierto aún se mantiene en el dial agramontino.

Con su sempiterna sonrisa y locuacidad Tito Gómez, accede a conversar sobre su vida a pesar de la fuerte afectación catarral que sufre en ese momento. ¿Por qué Vereda tropical?

“Son de las cosas curiosas que yo muy pocas veces he conversado. Estábamos elaborando un disco de larga duración y le faltaban tres números y el dueño de la compañía editora nos dijo que acabáramos de decidir - mira a ver si buscas unos números nuevos - Le dije - yo todo lo que tengo lo he grabado con ustedes -, en este caso la Empresa Puchito. Coincidió que llegaron unos músicos cubanos que llevaban mucho tiempo en México, los Hermanos Rigual. Uno de ellos, llamado Pituco, me trajo un número de él -Te amaré más y más...y me la tararea -. Pero me dice Pituco,- te traigo una cosa que te envió Gonzalo Curiel -. Y me entregó Vereda tropical con el encargo de que la grabara en ritmo de chá chá chá”.

“Yo había oído Vereda tropical en 1936, 1937 y 1938, cantada por Toña la Negra, Juan Arvizu, y Pedro Vargas. Pensé y así lo dije: voy a hacer un papelazo porque lo han cantado muchas personas de nombre y renombre. El dueño de la compañía me dijo - mirando bien las cosas aquí no se trata de competir, se trata de sacar el LP que está demorándose, para la calle. Y vamos a hacer una cosa esos números los grabamos como rellenos, y no los vamos a insertar en discos chiquitos, graba Te adoraré más y más y Vereda tropical -. Sale el disco a los seis meses y resulta que el número que da el es Vereda tropical”.

Con sólo doce años, José Antonio, que es su verdadero nombre, ya canta en tertulias familiares y círculos de amigos melodías del repertorio lírico, incluyendo las inolvidables páginas de los maestros Ernesto Lecuona y Rodrígo Prats. Tiene diecisiete años cuando se presenta en La Corte Suprema del Arte, popular espacio de la CMQ Radio que tantos talentos descubre y proyecta.

“Recuerdo que Rosita Fornés y yo fuimos en la misma gaveta y yo canté una cosa distinta por completo a lo que estaba acostumbrado y mi familia estuvo en desacuerdo. Canté una canción de Julio Brito que se llama Cuando te acuerdes de mí, muy bonita, pero en mi casa esperaban que cantara o bien una “María la O” o una de esas cosas que cantaba en tiempo lírico, pero al aparecerme yo con un bolero canción, desde luego con un acompañamiento sin llegar a los extremos populares que canté después”.

“Lo mejor que hace un intérprete cuando hay inconformidades en su familia, es no cantar y así todo el mundo queda tranquilo y... ¡total a ti no te hacen falta premios, ya cogiste tres y con la edad que tienes creo que es un estímulo bastante grande!. Pero desde luego me quedó el aquello que con esa canción triunfé y ya quería seguir y entonces así me inicié en el camino en que después seguí trabajando”.

“Con diecinueve años terminé el primer año de medicina, pero entonces me ofrecieron una oportunidad para cantar, profesional, con la Orquesta Sevilla Biltmore. Empecé a cantar con ella en el Casino Deportivo. Pero sucede que se enamoró de cómo yo cantaba la dirección del Hotel Nacional y nos trasladamos para allá. Desde luego con mayor disgusto para mi familia porque allí cantaba plenos boleros, contagiosas guarachas y congas. Fue de espanto para mi familia - mira a donde ha ido a parar este muchacho, después de cantar cosas tan finas”.

“Pero mi hermano interviene - mira papá el problema de Pepe es que si el no canta lo que siente ni es cantante, ni va a ser un buen estudiante, porque el ya tiene determinado eso, él tiene edad para hacerlo y yo que comprendo un poquito esas cosas, creo que tiene un campo amplio para trabajar, si no resulta, pues mi recomendación sería que vuelva a los estudios, y Pepe me prometió que sí, pero hay que dejarlo que se desarrolle en lo que quiera, porque no se le puede anular a ningún hombre joven la vocación que tiene-. Y a regañadientes mi papá admitió que sí que continuara por el sendero escogido, después fue mi primer fanático”.

A los diecinueve años comienza a trabajar profesionalmente y a los veintidós ingresa en la Orquesta Riverside. Comparte dos trabajos, con la Riverside en el cabaret Montmatre y a la vez se mantiene en el Hotel Nacional. Casi enseguida llega la experiencia internacional. Porque con el permiso del Hotel Nacional y a través de la agencia del propio hotel va a trabajar a uno de la misma cadena en Perú donde está seis meses.

“Cuando regresé traía más de siete mil dólares. Entonces mi padre no porque viera esas cosas con el sentido económico solamente, dijo - bueno quizás no se haya equivocado porque mira que bien le ha ido, pero yo sigo pensando que no debió cantar esas cosas, porque necesidad no tenía, pero si lo que representa para él es satisfacción y sentirse complacido en la experiencia vamos a tomarlo así ".

"En el Hotel Nacional no había publicidad exterior, todo se movía dentro del hotel, eso sí tenía mucha fama entre los norteamericanos, entre las gentes que venían del exterior. También yo hacía algunas transmisiones por la RHC Cadena Azul de Amado Trinidad, el cual se enamoró de lo que yo cantaba e hizo una orquesta para que me acompañara. Era un programa al mediodía, exactamente a las 12:00. Se llamaba El Show de la Radio Cadena Azul. Por ahí empezó a conocerme el pueblo y comencé a adquirir un poco de popularidad. Pero yo diría que el punto vital de la popularidad mía surgió a través de Vereda tropical".

En la década del cuarenta y con la Orquesta Riverside recorre Puerto Rico, Curazao, New York, Argentina, Brasil, Uruguay y Perú y conquista las simpatías del público en sus presentaciones. Ya para los años cincuenta sus triunfos se suceden y sus presentaciones en bailes, cabaret, la Radio y la Televisión, se convierten en éxitos del pentagrama inmediatamente.

Con cincuenta y cinco años de vida artística, mantiene el mismo timbre, la misma sonoridad y brillantez. Y Tito aclara:

"Yo he hecho todo tipo de chequeo, todo tipo de registro físico y todos llegan a la misma conclusión: es cuestión de la constitución física de la persona. Debo decir que he hecho una vida , me he dado mis tragos, he sido trasnochador, he sido si se quiere un poquito divertido y nunca me cuidé. Me acostaba a las cuatro o las cinco de la madrugada y me levantaba a las 7 y 30 de la mañana, o sea he dedicado poco tiempo al sueño y a pesar de ello tengo la facultad que creo que es lo más divino que puede tener una persona que cante, por ejemplo. Para mí es un don de privilegio de verdad. Le agradezco a la naturaleza que me acueste a las cuatro de la madrugada y a las 7 y 30 de la mañana ya pueda cantar ".

A mediados de la década del setenta Tito se incorpora a otra gran orquesta, la del maestro Enrique Jorrín, con la que continúa su gran cadena de éxitos. Entre ellos un tema de Lolita de la Colina que se ubica en la cima de la popularidad a principios de la década del ochenta, en la voz siempre joven de Tito Gómez, Que te vaya bien.

Graba por vez primera Vereda tropical y lo acompaña la Orquesta Riverside en 1953, cuando ya este tema de Gonzalo Curiel le ha dado la vuelta al mundo en las voces reconocidas de Toña la Negra, Juan Arvizu y Pedro Vargas. ¿Qué repercusión tiene esta grabación, por ejemplo en México.?

Y Tito responde: "De visita en México, me encontré con Pedro Vargas, que me dice - Llegó el hombre que me destruyó Vereda tropical -. ¿Por qué destruir? Le pregunto apenado - Nos opacaste por completo - pero enseguida, Pedro Vargas sonríe y me dice: - te debe servir de satisfacción que la cantó todo el mundo y el único que la ha hecho popular eres tú ".