Mario Limonta Louit, orgullo de pueblo

Mario Limonta, una voz para la poesíaEs un actor que se consagra a la radio, el teatro, la televisión y el cine. Pero sobre todo es la persona sencilla y jovial que camina por las calles con el íntimo orgullo de ser parte de un pueblo grande.

Nace en Guantánamo, pero cuando tiene siete meses su familia se traslada para La Habana, pues su padre tabaquero comienza a trabajar en una de las grandes fábricas de ese tiempo, Partagás. Exactamente cuando tiene siete años se lo llevan a vivir a Holguín. Esta ciudad se convierte en algo muy importante para su vida, porque allí hace los estudios primarios y el bachillerato y los primeros contactos con el arte. Siempre manifiesta una especial afición por la radio. En ese momento sus programas preferidos son Los Villalobos, Leonardo Moncada, El derecho de nacer, Chan Li Po, Ángeles de la calle.

La Radio lo atrapa desde muy pequeño “Tanto es así que cuando tenía diez o doce años jugaba con los demás muchachos en el patio de mi casa, que era muy grande, a hacer radio. Recuerdo que cogía una lata de tomate vacía, le abría unos huecos, le clavaba una estaca y la utilizaba como micrófono. Y allí nos poníamos a improvisar los personajes imaginarios y al narrador... Recuerdo todavía como Armando Couto caracterizaba a los personajes, utilizaban una retórica especial que tenían los escritores radiales en aquel tiempo”.

¿Comienza en el mundo del arte como actor?


“No exactamente. Porque cuando ya tenía dieciséis años, la voz me cambió y entonces comencé a decir versos en la Asociación de Estudiantes. Mucha gente me decía - con esa voz que tienes pudieras trabajar en una emisora de radio, por qué no te presentas? -. Y había un abogado que vivía cerca de mi casa que tenía una grabadora de cinta y me grabó y fue con mis versos a la CMKF, que era una emisora que quedaba muy cerca de su casa”.

¿Y qué pasa entonces?

“A esa gente les gustó mi voz y comencé a trabajar allí diciendo versos en un programa estelar en ese momento que lo auspiciaba La Época, que era la tienda por departamentos más importante que tenía Holguín en ese momento. Me pagaban doce pesos, que en aquel momento era importante, además lo pagaban en ropa, no físicamente y eso me daba la oportunidad de estar siempre bien vestido. Estando en la emisora hicimos como una pequeña compañía y salíamos a los campos a llevarles actividades artísticas a los bateyes”.

¿A quiénes recuerda?

“En nuestra pequeña compañía estaba una persona que con el decursar del tiempo se convirtió en una personalidad de la cultura nacional, El Guayabero, que tenía un grupo musical. Había una cantante campesina que se llamaba Ofelita Chacón y se incorporó una pareja también campesina. Recuerdo que me pagaban cinco pesos por actividad. Comencé a mejorar económicamente porque además trabajaba en un cabaret que se encontraba frente al parque de Holguín, también diciendo versos. Recuerdo que aquí también trabajaron conmigo figuras que alcanzaron notoriedad en la cultura cubana. Raúl Camayd cantaba, la orquesta Hermanos Avilés había hecho un conjunto que se llamaba Orbe, donde estaba Juanito Márquez de director”.

¿En qué momento y por qué circunstancias llega a la capital del país?.


“Cuando terminé el bachillerato, matriculé derecho en la Universidad de la Habana. Estuve algún tiempo solo estudiando, sin acercarme al mundo del arte. Pero la Universidad cerró y estaba sin hacer nada. Yo me había vinculado al Movimiento 26 de Julio desde que estaba en Holguín y aquí en la capital participaba en las manifestaciones estudiantiles que convocaba la FEU. Recuerdo que viajé a Holguín con una tarea específica que me encomendó la Federación de Estudiantes Universitarios, que era seguir con la agitación y participé en algunos mítines relámpagos en centros comerciales importantes, hasta que tuve que regresar a la Habana”.

¿Qué hace entonces?


“Me volví a vincular con el Movimiento 26 de Julio. Un primo mío, llamado Octavio Louit Venzant era el jefe de organización de todo el movimiento clandestino obrero del 26 de Julio. Como en ese momento en la CMQ había una célula revolucionaria bastante fuerte, me dice – el que puede recoger las medicinas y el dinero de CMQ eres tú, que eres artista, que dices poesías -. Le respondí - pero yo digo poesías en una fiesta”.

¿Y cómo logra penetrar en la CMQ?

“Estaba en el aire El programa de José Antonio Alonso y me presenté allí diciendo versos, me convertí en Estrella Naciente y eso me sirvió para recoger las cotizaciones y las medicinas en la CMQ. Era realmente fuerte la célula del 26 de Julio allí. Recuerdo a Gabriel Palau, Julio Ariosa, Isabel Aída Rodríguez, Alberto Luberta, Oscar Vázquez, entre otros valiosos compañeros”.

Me comenta en otras oportunidades, que para usted El programa de José Antonio Alonso, tiene otras connotaciones?.


“Sí allí conocí a la compañera Aurora Basnuevo y fue un amor a primera vista que ha durado más de 45 años, lo que es una heroicidad, cosa bastante rara en este sector y en estos tiempos. Ambos fuimos Estrellas Nacientes, ella cantando boleros y yo recitando. Y hay algo simpático este fue un amor televisado, porque a veces nos disgustábamos como suele ocurrir entre las parejas y nos contestábamos a través del arte. Isolina Carrillo le sugería a Aurora los boleros por sus letras y yo le contestaba los versos apropiados de Neruda, Guillén, Vallejo... porque siempre me gustó la buena poesía”.

En esa época ¿Dónde trabaja usted?

“Cuando cierra la Universidad, comencé a trabajar en la Fábrica de Tabacos que estaba en Marianao. Un día el lector de tabaquería se enfermó y cómo sabían que yo decía versos y era bueno en la lectura, me pidieron que lo sustituyera y ya no hice más tabaco, me convertí en lector de tabaquería en esa fábrica. Después comencé en otra, llamada Larrañaga, que estaba al lado del Mercado de Carlos III “.

Y ¿Cuándo surge el actor Mario Limonta?

“Después del triunfo de la Revolución, hice una obra de Abelardo Estorino que se llamaba La taza de té y eso me sirvió para entrar al Teatro Nacional y me permitió además estudiar realmente una carrera actoral académicamente. Yo tenía nivel universitario y allí di el primer curso para actores que se creó en el Teatro Nacional. Prácticamente lo mismo que hoy se da en el Instituto Superior de Arte. Estuve estudiando hasta 1965”

¿Cuándo se vincula a la radio y la televisión nacionales?

“Yo nunca perdí el vínculo con la televisión ni con la radio. Porque en 1960 se presentó la gran oportunidad de trabajar en la televisión con un papel protagónico en la obra Indio y después continué haciendo otras cosas importantes como por ejemplo, trabajé como coprotagónico en las Aventuras de Sandokan, personificado por Enrique Almirante. Y así continué participando en distintos papeles en televisión”.

Pero en 1968 sale al aire en el espacio Aventuras del Canal 6 de la televisión, un serial que le cambia el nombre a Mario Limonta. Los mambises, con libretos de José Manuel Carballido Rey y dirección de Antonio Vázquez Gallo. Hasta ese momento todas las aventuras que se transmitían por la televisión cubana eran de Salgari, de Verne, Dumas....la literatura universal con temas para niños y jóvenes.

Surge entonces la idea de hacer Los mambises y recrear en la pequeña pantalla al héroe cubano. A Mario le asignan el papel de Nacho Verdecia, el protagonista. Era como una metáfora de la familia del mayor general Antonio Maceo. Recuerdo que Ignacio Valdés Sigler, también mambí hizo el papel del padre, además de otros magníficos actores y actrices que participan en el serial. A partir de ese momento los niños en toda Cuba salían a la calle vestidos de mambisitos, dándole vivas a Cuba libre. Incluso estas prendas las buscaban los padres para regalarlas a sus hijos. En total se transmiten cuatro series de aventuras de Los Mambises, más de doscientos capítulos. Se transmitía de lunes a viernes en vivo y los sábados se grababan algunos exteriores que después se intercalaban en la transmisión.

Al indagar su paso por la radio, Mario sonríe, para decirme que nunca ha dejado de hacer radio y lo hace con mucho placer. Veamos


“Imagínate que yo tuve momentos que hacía dos programas de radio. Por ejemplo recuerdo que hacía la aventura radial que escribía Manuel Ángel Daranas, La Flecha de cobre, con mi personaje de Guaytabó que fue un verdadero boom, que rescató el gusto del pueblo cubano hacia la aventura rural, que se había iniciado con Los Tres Villalobos y que continuó Leonardo Moncada. La Flecha de Cobre se transmitió durante 10 años, por Radio Liberación, a las 12:35 del mediodía. Hacía otro programa de radio y además en televisión tenía las Aventuras diarias y los jueves San Nicolás del Peladero y todo era en vivo”.

También recuerdo haberlo visto en la novela cubana del espacio Horizontes del Canal 6 de la televisión.

“Eso fue antes de las aventuras y después cuando comencé a hacerlas tenía que coordinar bien para que no chocaran. Esta novela se transmitía lunes, martes y miércoles, la dirigía Jesús Cabrera y la escribía habitualmente Aleya Amaya. Yo participaba siempre haciendo el malo, el cabo López. Y cosa curiosa, Carballido Rey que era muy inteligente para captar las cosas, vio el personaje y le gustó y me habló para llevarlo a San Nicolás del Peladero, cambiándole el nombre por el del Sargento Arencibia. Tuve ese personaje todos los jueves desde 1965 hasta 1983, que el programa salió del aire. Para mí fue una magnífica experiencia y un gran honor el compartir la escena con actores y actrices como Enrique Santisteban, María de los Ángeles Santana, Enrique Arredondo, Germán Pinelli, Agustín Campos, Carlos Monctezuma y tantos otros. Figuras todas que dejaron una huella imperecedera en la radio, la televisión, el cine y el teatro cubanos para todos los tiempos”.

Participa en varias aventuras como Tupac Amaru, pero una que a mí me gusta mucho y el pueblo guarda en su memoria, porque deja huellas fue Tierra o sangre. Se transmite en 1973, hace el personaje protagónico de Villo Casanova y tiene de compañero al querido actor Carlos Gilí. En esta primera transmisión de la aventura, el personaje de Lucas Fundora es asumido por Rafael Linares. Después en 1976, se vuelve a llevar a la televisión, y en esta ocasión su compañero de avatares es Luis Lloró. En esta versión es el gran actor Alejandro Lugo, el que interpreta al recio personaje de Lucas Fundora En ambas el personaje de Tinté lo hace como él nos tenía acostumbrados, muy bien, Manolo Milán.

El cine también se nutre de su arte. Sobre su presencia en la gran pantalla Mario me dice:

“En 1963 hice una película que se llamaba La decisión, con un personaje protagónico. Con ese filme se iniciaron figuras que después se han convertido en leyendas casi del cine como Daisy Granados. Más tarde trabajé en Asalto al tren central. Después en 1971 me llamaron para hacer De cierta manera con Sara Gómez. Cuando me propusieron el personaje, la directora me dijo – voy a romper con el esquema de lo que estás haciendo en Los mambises -. Este personaje que te voy a dar no va a ser un mambí, éste va a ser un marginal -. Y efectivamente hice un marginal. Sara Gómez no pudo terminar la post-producción, porque desgraciadamente falleció, y la terminó Tomás Gutiérrez Alea. La película fue un boom, ante todo porque Sara tenía mucho talento. No me cabe dudas que hubiera sido una de las grandes cineastas en Cuba. Trabajamos en los roles protagónicos Mario Balmaseda, Yolanda Cuéllar y yo, secundados por otros magníficos actores y actrices. Después en 1976, Octavio Cortázar me brindó la oportunidad de trabajar en El brigadista, una bellísima película con Patricio Wood y su padre Salvador. Se filmó en la Ciénaga de Zapata. En esos años trabajé también en El retrato de Teresa”.

En la televisión también el pueblo disfruta de su actuación en otros espacios dramáticos.

“En el propio año 1997, el director de televisión Rafael – Cheíto - González, que había terminado de trabajar con Xiomara Blanco en la novela Tierra Brava, fue a mi casa para hablarme de su nueva novela Si me pudieras querer y el deseo que yo trabajara en un personaje, que aunque negativo, a mí me gustó mucho, creo que muy bien delineado por Ernesto Daranas, el escritor. Era un marginal, que yo disfruté muchísimo y sé que al pueblo a pesar que era negativo, le gustó. Después trabajé en Las huérfanas de la Obrapia, tengo una anécdota muy simpática. Buscando locaciones apropiadas la novela se grabó en varias locaciones, entre ellas el casco histórico de la ciudad de Camagüey, fundamentalmente la Plaza de San Juan de Dios y la Iglesia y la Plaza de El Carmen y recuerdo que durante los dos meses que estuvimos en Camagüey, salíamos del hotel Puerto Príncipe y cogíamos un coche hasta el lugar de grabación, y por el camino saludábamos a la gente que nos mostraba su cariño. Aquello fue muy bonito”.

Y ahora volvemos al cine, porque tiene también un intenso trabajo en los últimos años.

“Efectivamente. Terminando este personaje de televisión Humberto Solás me propuso hacer el chofer de alquiler de Miel para Ochún, me estudié el libreto y comenzamos a filmar. Yo no me propuse en ningún momento que mi personaje fuera gracioso. Yo simplemente traté de hacer la versión que yo tenía de lo que era un chofer de alquiler y me asombré muchísimo cuando veo que la gente se reía tremendamente de mi personaje”.

Es una película de mucho éxito no solamente en Cuba, sino en el exterior. Donde le otorgan varios reconocimientos, entre ellos el premio al mejor actor en el Festival de Viña del Mar, en Chile.

Y entre tantas actuaciones importantes en el cine, porque conozco que tiene importantes ofertas. ¿Queda rezagada la radio?

“Qué va!. Ese es un medio muy querido para mí. Yo nunca he dejado la radio, solamente lo he hecho cuando cambiaron los sistemas de trabajo en la televisión. Antes era en vivo y se coordinaba mejor. Ahora la televisión se graba y comienza por la mañana hasta por la noche. Pero esto ha sido esporádico, porque en los últimos años he tenido poco trabajo en la televisión. Ahora en radio tengo dos programas fijos diariamente. Después de muchos años al fin tengo un personaje en Alegrías de Sobremesa y conduzco y animo junto a Aurora Basnuevo la Fiesta guajira de Radio Progreso. Estoy muy contento con el Sandalio que Alberto Luberta creó para mí y también con el programa Alegrías de Sobremesa, porque es el único, contando otros medios, donde se hace teatro popular cubano”.

Un actor que trabaja mucho en radio, televisión y cine. Por eso quise conocer ¿qué personajes le han gustado más a Mario Limonta?

“Esa es una pregunta difícil de contestar. Te podría decir que la satisfacción de este personaje que hice en Miel para Ochún, es muy grata porque se trata de un cubano auténtico que la gente recibió como tal, un chofer de alquiler cubano de los años del período especial, me gustó mucho hacerlo y con mucha sinceridad. También el marginal en De cierta manera, me gustó mucho porque me introduje en el mundo marginal y salió el perfecto marginal. Mi Sargento Arencibia de San Nicolás del Peladero, me dio notoriedad durante casi veinte años en el aire, porque trabajaban las grandes estrellas del humorismo. Recuerdo con mucho cariño a mi Guaytabó de La flecha de cobre. Y con Los Mambises puse a los niños a repetir por las calles ¡Viva Cuba Libre!"