Manuel Villar, sencillamente Maestro

Villar, un hombre de radioEl primer impacto con una manifestación artística lo tuvo a los siete años. Porque en la esquina de su casa había una vidrierita donde vendían tabacos y cigarros y se apuntaban a los números de la Lotería Nacional, práctica extendida en aquel momento. Y el dueño mantenía un radio encendido todo el día. Allí se hizo tanguero, porque en esa época, allá por la década de los treinta, el tango en Cuba tenía una popularidad extrema.

En el año 1943 su familia había mejorado económicamente y recibieron el primer radio en casa. Manuel Villar me dijo que comenzó a escuchar una emisora, la CMK, situada en el quinto piso de la manzana de Gómez que transmitía una clase de inglés a la 1:30 de la tarde. El creador de aquel programa era el profesor Luis Lima y el patrocinador, cigarros Regalías el Cuño.

Este programa fue el causante de que él se incorporara a la radio hasta nuestros días. Pero nada le fue fácil en aquellos primeros momentos.

Veamos lo que dijo el propio Villar:

“¡Cómo no! . Un día se me ocurrió con la osadía que dan los trece años ir a la emisora a ver como era aquello. Empecé a observar al profesor dando las clases, cómo deletreaba, como acentuaba las palabras... y cuando terminó, él me preguntó y le contesté . Para mi asombro el profesor, dijo . Fue así como me incorporé a la radio”.

“Estas clases se transmitían de 1:30 a 2:00 de la tarde. Le seguía un programa de música norteamericana popular. Me acuerdo que el tema musical era I had he craziest dream, por la orquesta de Harry James. En aquellos tiempos la programación se hacía rotando los discos de pasta de setenta y ocho revoluciones por minutos, que tenían un número musical por cada cara. Por ejemplo el que se usaba se iba situando debajo, alrededor de cuatro discos de aquellos eran suficientes para cubrir la media hora que duraba el programa. Como me gustaba tanto la música me quedaba a disfrutar de este programa y me fui convirtiendo como en un productor al que le consultaban los nombres de las canciones en inglés que se transmitían".

"El cambio de local, del Hotel Plaza para la Manzana de Gómez, benefició a CMK, que pudo instalar su transmisor en la azotea. Como anécdota me dijo Villar: “cuando el ciclón de 1944 fue la única emisora que se mantuvo en el aire, ya que la Manzana de Gómez tenía planta eléctrica propia capaz de alimentar los estudios y el equipo transmisor. Aunque contó con muy pocos oyentes porque la ciudad quedó sin electricidad, esto le sirvió a la CMK para adquirir cierta preponderancia dentro del círculo radial y ampliar sus horizontes”.

Desde los catorce años soy un trabajador de la radio. De esa primera época “Recuerdo con mucho cariño al Ingeniero Eugenio Jiménez Solís, todavía activo en Radiocuba, era el técnico de la CMK en aquel momento. Yo trabajaba como mensajero y hacía la limpieza de los estudios y el local del transmisor y Jiménez comenzó a practicarme como operador”. Por el auge adquirido por la emisora, se había separado el locutor y el operador. Más adelante Delfín Fernández que era el operador pasó a CMQ, donde más tarde sería un excelente musicalizador. Por supuesto esta fue mi gran oportunidad porque me quedé como operador. Pero la alegría duró poco porque la emisora fue clausurada, aparentemente por razones técnicas, en el fondo estaba la política, ya que sus dueños apoyaban a Fulgencio Batista y las elecciones las ganó de forma arrolladora Ramón Grau San Martín”.

¿Y la CMK desapareció totalmente del espectro radial del país?

“En 1946 reabre sus puertas bajo los auspicios de otro dueño llamado Fausto Montiel. Los que habíamos permanecido atentos a qué pasaba con la emisora nos incorporamos. La CMK asumió una nueva propuesta que era seguir la línea que tenían otras plantas de radio en todo el país: el locutor-operador. El aspecto técnico estaba diseñado con una consolita, encima el micrófono y a cada lado un plato tocadisco. El propio locutor era el que operaba la consola y ponía los discos. Así reinicié mi trabajo en CMK, como operador-locutor”

En esa época comenzaba a tomar auge el Colegio Nacional de Locutores y empezaron a fijarse en el muchacho que hablaba por radio sin estar aprobado oficialmente, lo que motivó que se fuera para Radio García Serra en un espacio de música popular norteamericana que tenía a un locutor titular llamado Román Conte. Allí se convirtió en una especie de colaborador y como tal continuó hablando por radio.

Villar figura entre los que fundaron, el 12 de marzo de 1948, el edificio de Radiocentro en la calle Veintitrés y M, en el Vedado, donde actualmente se ubica el ICRT.


“Realmente pude haber engrosado la nómina de la CMQ mucho antes, cuando la emisora se encontraba en Monte y Prado, pero esa anécdota la reservaré para el final. Cuando se inaugura este edificio, además de ubicar a la CMQ, se tenía la idea de crear- y así se hizo-, una emisora que todavía conserva las siglas originales. Y me contrataron como operador de la CMBF, junto a José Ferreiro y José Vals. A mí me asignaron el turno de la mañana. En un principio enero y febrero, de forma experimental, tuvimos que operar el equipamiento que iba a ser utilizado en la nueva CMQ. Eran unas consolas un poco más modernas, platos tocadiscos con las mismas agujas de setenta y ocho revoluciones por minuto”.

“Como Radio Reloj también se trasladó para Radiocentro, pues era propiedad de la misma empresa, los hermanos Goar y Abel Mestre, CMBF, comenzó en sus primeros meses utilizando a los locutores de Radio Reloj. Y cosas de la vida mi pareja durante aquel tiempo fue el querido compañero Héctor de Soto, uno de los locutores que se había brindado a ayudarme a buscar un trabajo como técnico, cuando tuve que alejarme del micrófono en CMK”.

Trabajó en CMBF desde el 25 de abril de 1948, que comenzó oficialmente esta radioemisora. CMBF tenía el principio de otras emisoras: el operador y el locutor ante el micrófono cuarenta y cuatro que en aquel momento era el de más calidad.

Villar ¿Qué representó para usted el trabajo en CMBF?

“Mucho. En primer lugar conocí a muchos compañeros. Al lado de la nuestra había otra cabina idéntica, pero era de la CMQ. Allí conocí al operador Ramón Fernández Morales, que tenía el turno igual al mío. Él era hermano de Manolo Fernández Morales y de Albertico Fernández Morales, el padre de Albertico Fernández, talentoso director de Radio Rebelde”.

“Algo que he valorado mucho con el paso de los años. Acumulé conocimientos y datos sobre artistas y grabaciones que en aquel momento, tal vez, no sabía aquilatar en toda su importancia, pero ¡cómo me han servido el resto de mi vida artística!”.

Aunque Manuel Villar ha dado su aporte durante algunos años, sonríe, para decir: que es y será siempre un hombre de radio.

“Lo que sucede es que la televisión en Cuba, surgió gracias a la radio porque el apoyo intelectual, técnico y artístico de los primeros tiempos fue de la radio. Puede decirse que la radio fue una madre en el sentido más estricto de la palabra, de la televisión. En un momento determinado la televisión tuvo necesidad de buscar sonidistas. Recuerdo que Jesús Cabrera y Amaury Pérez, me llamaron y les dije que yo no quería dejar la radio”.

De esta forma continuó en CMBF, CMQ, Radio Liberación, algunas incursiones por Radio Progreso, aisladamente también por otras emisoras como la CMCM, la CMCR de las antiguas bodegas Morera, Radio García Serra y Radio Continental.

“Fui sonidista de la televisión hasta hace ocho o nueve años que dejé la consola, pero sin abandonar mi trabajo en la radio. Es más nadie me reconoce como trabajador de la televisión, a pesar que fui fundador. Todo el mundo me ubica en la radio y yo me siento feliz de eso”.

Comencé a escuchar su nombre vinculado a un programa que todos los sábados y domingos, traía a mis oídos lindos recuerdos, recreados por las voces que han trascendido su época para perpetuarse entre lo más auténtico del arte musical internacional. Sin lugar a dudas que Un intérprete, un recuerdo, aportó mucho a la cultura radial.

¿Cuándo comienza a producir y dirigir programas?

“A partir de 1961, después de la victoria del pueblo en Playa Girón, hubo una especie de éxodo y se produjo el abandono de muchas posiciones. Tanto en CMQ, después Radio Liberación como en otras emisoras, necesitaron gente de cierta experiencia para asumir el trabajo. A partir de ese momento comienzo a escribir y dirigir”.

“Recuerdo un programa que se llamaba Canciones del ayer, que se transmitía a las l0:00 de la mañana por Radio Liberación. Después surgió otro, identificado como Polvo de estrellas, de gran espectro porque presentaba lo mismo figuras del continente, como italianas, francesas, españolas”...

“Hasta que apareció Un intérprete, un recuerdo, a las 11:00 de la noche con una línea peculiar. El sábado la música era romántica y el domingo se recreaba el recuerdo a través de ritmos más movidos. Este programa estuvo en el aire hasta marzo de 1984, que se produjo la fusión de Radio Liberación y Radio Rebelde”.

Este espacio lo comenzó haciendo un locutor de referencia en Cuba Manolo Ribeiro. A éste lo unió una gran amistad. Sobre ello, Villar recuerda:

“Manolo Ribeiro al igual que yo en mis años juveniles trabajó en muchos programas de música popular norteamericana y como teníamos la misma forma de trabajar existían las conexiones, nos intercambiábamos discos y éramos muy amigos. Él llegó a CMQ, aún en Monte y Prado con apenas diecisiete años. Cuando el traslado de la emisora para Radiocentro, el 12 de marzo de 1948, cual no sería nuestra alegría, al encontrarnos nuevamente. Él como locutor en los estudios de CMQ y yo en la consola de CMBF. Imagínate lo que significó para mí escribir para la voz de Manolo Ribeiro, primero las Canciones de ayer”.

“Aunque debo decirte hablando en términos beisboleros que en aquel momento Radio Liberación tenía muchos “cuartos bate”. Bastaría con señalar a Agustín Roquefuentes, Mario Blanco, Enrique López, y por supuesto Manolo Ribeiro, por su calidad artística y desde el punto de vista de compenetración”.

“A partir de allí siempre fue Manolo el locutor de mis programas Polvo de Estrellas y Un intérprete, un recuerdo. Pero un día surgió otro programa estelar por Radio Liberación, llamado Oiga, que salía al aire diariamente de 10:00 a 11:00 de la noche y acaparó un extraordinario elenco que integraron Germán Pinelli, José Antonio Cepero Brito, Manolo Ribeiro, Mario Limonta y me encargaron a mí escribir la sección Algo para recordar, que la locutaba por supuesto Manolo Ribeiro. Como dato curioso les digo que Gladys Goizueta, que más tarde y hasta nuestros días, ha sido una de las mejores locutoras radiales, incursionó en este programa”.

“Después Manolo quedó como locutor titular de Oiga, incluso hasta 1984, que pasó a transmitirse por Radio Progreso, pero al poco tiempo el programa desapareció. Ello determinó que los últimos tiempos de Un intérprete, un recuerdo, lo asumiera otro destacado locutor, Mario Blanco López. No obstante yo protesté, porque eran muchos años los que llevábamos unidos artísticamente Manolo y yo”.

"Cuando se produjo la fusión de Radio Liberación y Radio Rebelde, en marzo de 1984, lo llamó Juanito Hernández Díaz, entonces Director de Radio Rebelde y le dijo " Villar, Un intérprete un recuerdo no se puede perder, pero hay que cambiarle la vestimenta. Yo lo quiero en Radio Rebelde y no vamos a usar un locutor, vamos a buscar una mujer".

Así fue como nació Memorias. Un programa que hace muy agradable el amanecer de cada domingo y que acumuló los mayores rating del país, en los últimos veinte años.

“Buscamos el horario más adecuado y como la Discoteca del ayer, del amigo Rosillo se transmitía de 9:00 a 11:00 de la mañana del domingo por Radio Progreso, ubicamos a Memorias de 6:00 a 9:00 de la mañana y así no chocábamos y el pueblo podía disfrutar durante cinco horas con la música del ayer”.

“Juanito me dijo . A partir de ese momento Memorias comenzó con Jossie Jiménez, que lo hizo durante algunos años, hasta que ella no pudo continuar por otros compromisos. Entonces a Ana Margarita Gil, que lo presentó también con mucho amor hasta que sale a la República de Corea a cumplir una misión de colaboración. Y en ese momento surgió Betsy Acosta hasta el día de hoy”.

Y aquí la gran lección, porque el que escribe para la radio y la televisión debe observar una regla básica. Hay que tratar de escribir siempre de acuerdo con la personalidad del actor, la actriz, animador, locutora, que proyecte su manifestación artística. Y las tres voces de Memorias, han contribuido la permanencia del estilo y del contenido del programa y ello se debe en primer lugar a su creador Manuel Villar.

Y como el maestro Manuel Villar es para los cubanos una institución de las Memorias y recuerdos, dejamos para el final, una anécdota. Estamos de nuevo en los años iniciales de la década de los cuarenta del pasado siglo.


“Delfín Fernández, a quién sustituí en CMK cuando se fue para la CMQ se acordó de mí y me dijo . Imagínate el espectáculo radial del momento, a finales de la década del treinta y principios de los años cuarenta. Me llevaron a CMQ y veo la transmisión en vivo de Tarzán con Marta Jiménez Oropesa, Enrique Santisteban, Bernardito Menéndez, Alejandro Lugo... y aquello me sedujo de una forma tal que me quedé petrificado. Vicente Morín que fue el maestro en su especialidad estaba haciendo los efectos. Cuando yo esperaba que me hablaran de mi ubicación, me dijeron que no me podían incorporar porque me había ensimismado con el espectáculo radial. Lo correcto hubiese sido que yo me hubiera acercado a Morín a interesarme por el trabajo de los efectos, que dicho sea de paso, jugaban un papel protagónico en estas aventuras porque lograban trasladarnos al entorno selvático”.

“Yo me había trasladado, ensimismado, a la selva a vivir la propia aventura, junto a Tarzán y Juana. Ese fue el pecado mortal que me costó no ingresar en la emisora que junto a la Cadena Azul era la más importante del país en ese momento. Tanto en la radio como en la televisión el que está actuando no puede dejarse seducir por lo que está sucediendo a su alrededor, tiene que estar con toda la atención puesta en su trabajo. Esa fue una experiencia muy triste para mí y a la vez aleccionadora”.

Es cierto que no pudo desarrollarse como locutor y realizador de efectos de sonido, pero su vida ha sido una constante superación.

Su obra radial tiene el mayor de los reconocimientos, el del pueblo que la sabe apreciar en toda su grandeza.

Un programa sólo bastaría para inscribirlo entre los hombres de radio que más le han aportado a la promoción y difusión de la cultura musical: Memorias. Gracias Manuel Villar, MAESTRO.


Manuel Villar Fernández
Director de programas radiales. Relacionado muy joven con el medio radial primero como aficionado y después ya en 1945 como trabajador de la CMK, se ha mantenido en este medio de manera ininterrumpida aportando su experiencia. Maestro innato, sus conocimientos enciclopédicos, especialmente de la música, forman parte del acervo cultural que atesora eI ICRT. Muchas generaciones de locutores, escritores, musicalizares y directores de radio, cine y televisión le deben sus enseñanzas y ejemplo. Ostenta las distinciones "Por la Cultura Nacional" y "Raúl Gómez García" y la medalla "Alejo Carpentier"