Dora Alonso: La radio me salvó la vida

Estaba de visita en la casa de Dora Alonso, que además de ser una gloria de la literatura iberoamericana, era una incansable conversadora.

Después de una amena charla me invitó a saborear un café en su gabinete de trabajo... y en aquel acogedor rinconcito, junto a los múltiples trofeos, disfruté de esta revelación en la voz de la genial narradora:

“Eran los meses finales de la tiranía de Fulgencio Batista, mi esposo era perseguido y la casa era allanada una vez más... el trato humillante, el registro brutal, muebles y libros por el suelo... y cuando ya se disponían a revisar el fondo de un comprometedor closet, en la propia pieza de la casa donde nos encontrábamos, se me ocurrió decir airada: “Oigan tienen que ordenar todo lo que han tirado, porque así no podré escribir el capítulo que sale mañana.”

Este razonamiento cambió el rumbo de las cosas y aquel policía al conocer que estaba en presencia de la autora de las novelas que tenía a su mamá atada a la radio, dio por terminado el registro. ESE DÍA LA RADIO ME SALVO LA VIDA, afirmaría Dora.

Ese día hablamos sobre su vida, sus días de infancia.

“Fui una niña muy feliz, porque he tenido la naturaleza cubana como raíz de guajiros, a mi antojo, por derecho propio. Viviendo en un casón de madera rodeado de flores y pájaros; con haciendas ganaderas a mi disposición, con cejos de monte de mi tío-abuelo campesino, analfabeto adorable, mambí”

Con ese desenfado que siempre la caracterizó me dijo que desde pequeña presintió su futuro vinculado a la vida intelectual del país vocación que se desbordó a los ocho años, a través del colegio público. Tenía un cuarto grado cuando se convocó, en su provincia de Matanzas, a un concurso para niños, de tema libre, y mandó un trabajo que para su sorpresa y alegría fue premiado.

Tenía veintitrés años, cuando ingresó en La Joven Cuba, de Antonio Guiteras, en la clandestinidad, y empezó a escribir artículos de barricada, contra el gobierno. Ése fue su debut en el periodismo.

También continuó escribiendo, fundamentalmente cuentos, como el que mandó a la revista Bohemia para un concurso nacional. Escogió un tema esclavista. En ello influyó el hecho de haber sido criada por una negra esclava. Ganó el primer premio con el título Humildad. Siguió escribiendo desde su pueblo hasta que se trasladó para La Habana, en 1940, después de su primer matrimonio.

¿Y cuándo aparece su primer libro?

“Hay cosas contradictorias. A pesar de ganar el Premio Nacional del Ministerio de Educación con Tierra adentro, en 1944, y el Premio Nacional Hernández Catá, en 1947, con el cuento Negativo, entre otros premios y reconocimientos, tuvo que llegar la Revolución para que mis obras se pudieran publicar. Te cuento.

En 1961, al convocar la Casa de las Américas al Premio Casa me atreví, ésa es la palabra, a hacer una catarsis de mi vida campesina refiriendo en Tierra inerme toda aquella mala aventura del campesinado cubano, todo aquel dolor; inclusive recogiendo un poco la realidad, con una metáfora guajira sobre los crímenes, porque no había crimen mayor que ver morir los niños analfabetos, parasitados, sin amparo ni esperanza. Conté eso de un modo contenido y tuve la suerte de obtener el premio. Desde entonces hasta ahora tengo alrededor de treinta libros.”

Volviendo atrás, en l942 o 1943, cuando labora en la Dirección de Cultura, es cesanteada. Y me dice que: “junto al bedel me encontré en la calle y sin llavín”

¿Qué hizo entonces?


“El esposo de Antonia Valdés, la actriz, me embulló a que escribiera para la radio. entonces escogí un cuento de tema esclavista por mis convicciones antirracistas y lo llevé a Cadena Azul, a través de la escritora de novelas de radio Caridad Bravo Adams, que me ayudó. Gustó el cuento y empecé a escribir para la firma Gravi. Es en esta emisora donde se trasmite mi novela Tierra adentro, en 1947. Después me disgusté con los patrocinadores, pues trataban de limitarme en mis creaciones, sobre todo porque no les gustaban los temas dirigidos al campesinado. Me fui para la CMZ del Ministerio de Educación y escribí mi primera novela campesina completa: Entre monte y cielo, fue un gran éxito, a tal punto que se ha pasado seis veces por la radio cubana y trece en América.”

En 1957 salió de Crusellas porque escribió una novela que amaba mucho, Se titulaba Un grito en la montaña. En ella la protagonista era una mulata. Es muy interesante esa anécdota, Crusellas la mandó a buscar y le dijo que la novela era preciosa, pero que no podía poner a una mulata como protagonista “porque una mulata no vende”.

Claro, la causa real era el racismo. Dijo Dora: “Mi nana fue mi abuela y sentí que me la ofendían. Por eso me fui de Crusellas.”

Cuando llegó la Revolución se relacionó de nuevo con la radio., volvió a la CMQ, con alguien que quiso mucho y que siempre recordó, Julio Lot, un director estupendo y un gran amigo. Allí estuvo hasta 1973, que pasó a Radio Progreso.

Para la radio en total escribíó catorce novelas. Desde 1973 hasta 1995 hacía guiones para niños y series radiales. Radio Progreso transmitió algunas de sus novelas que ya estaban escritas; otras nuevas, muchas de ellas para niños.

Por cierto, el día de su cumpleaños ochenta y cinco, compartí con Raúl Selis, Miguel Navarro, Marta Velasco y Georgina Almanza, algunos de los personajes de Donde anidan las gaviotas cuando se transmitió en 1953. A ellos se unieron Manolín Álvarez, Julio Alberto Casanova, Miriam Mier, Caridad Martínez y muchas figuras principales de la puesta en el aire que hacía Radio Progreso, en ese momento.

Se trasmitía el capítulo ciento setenta y uno y, cosa curiosa, Marta y Georgina trabajaron en las dos ocasiones, en esta obra, con un tema,¡bueno!, autoría de Dora...

Al analizar su obra, advierto una constante. Además de los temas, con acento en lo humano y el ambiente campesino, se presiente el deleite con que han sido delineados, cada uno de los personajes.

¿Cuáles aprecia más?

“Con más cariño recuerdo el personaje de mi primer novela, porque en Tata Fundora refundí la nobleza, los sacrificios y el coraje de la campesina cubana. Mi padre era español, asturiano, y no conocía a sus familiares; pero todos mis allegados por parte de madre eran campesinos medios y campesinos pobres. Y sus virtudes eran tan ricas que opacaban cualquier defecto que pudieran tener.

Hay un montón de ángulos de la campesina cubana que sólo conviviendo con ella, por años, se llegan a conocer, como son su bondad, su coraje para vivir, su empeño vital.”

De toda su obra para la radio existe una novela muy querida para el público. Por satisfacer mi curiosidad, que puede ser la de muchos, le pregunté a la autora:

¿Por qué el cambio de nombre de la novela?

“Escribo Rancho Luna para Crusellas en el año 1951. Lógicamente, Rancho Luna es un título adecuado a una novela de ganadería. Por ser mi padre ganadero, conozco eso perfectamente, porque aprendí antes a montar a caballo que a gatear. Se estrenó, con mucho éxito, pero cuando se vuelve a poner habían surgido en La Habana dos Rancho Luna restaurantes, uno que debe estar todavía en la calle 23, en el Vedado, y otro en Wajay. No me gustó porque ya el público estaba imbuido del restaurante y entonces ideé Media Luna, con esta anécdota: Hice que al protagonista, Nacho Capitán, en la paliza que le dic la guardia rural por orden de Lucio, le hicieron una herida en forma de media luna en la frente. Después, cuando él regresa de vengador, le pone Media Luna a su finca como un reto y recuerdo de la marca que muestra en la frente”.

“Con el título de Media Luna se pasó cuatro veces y así la transmitió la televisión en 1958 y ha salido en América latina. La televisión hizo una adaptación libre que la guionista y directora Xiomara Blanco tituló Tierra Brava”.

Pasarán los años y siempre se buscarán con frescura de presente sus vivencias de Playa Girón, aparecidas en la revista Bohemia, publicación que la destaca entre sus plumas más brillantes.

“Fue sencillamente un encuentro con mi pueblo alzado por un sacrificio, una convicción de victoria y de libertad, algo tan emocionante que recordarlo me humedece los ojos. Estaba en Santiago de Cuba, cuando supe del bombardeo. Salí inmediatamente, pero sin idea de llegar a Girón porque tenía mucho miedo. Pero al llegar a Colón, de madrugada, me enteré de las salvajadas que habían cometido con toda la humilde gente campesina de la Ciénaga y ya no me pude contener. Con miedo o sin él - me dije – yo voy a Girón y tuve mucho terror hasta que me encontré los niños de las “cuatro bocas”, los niños que defendieron a Cuba. Los vi caer y a otros ocupar el lugar con sólo catorce, quince y dieciséis años”.

“Viendo a esos héroes que propinaron la primera derrota del imperialismo yanqui en América Latina, perdí el miedo. El resto se condensa en cosas horribles que tuve que ver, en cosas hermosísimas que compartí y al final una victoria gloriosa, que no es sólo una victoria cubana sino de América entera.”

Su obra es conocida y reconocida a través de trece lenguas. Sin embargo... Dora me dijo:

“El cochero azul está traducida al griego, ruso, portugués, polaco, checo y ahora acaba de salir en alemán El valle de la pájara pinta tiene demandas por Colombia y Ecuador. Pero mi alegría, mi orgullo es Cuba, aunque me lo lean en el Polo Norte. Tengo una anécdota que acabo de vivir”.

“En el año 1961, Bohemia me envió a reportar la alfabetización en la Sierra Maestra y llegué a un lugarcito que se llama San Francisco de Arroyón, que está donde “el diablo dio las tres voces”, Al final, llegamos a pié a la primera escuelita de la Sierra: piso de tierra, yagua, y en un asta de caña brava una banderita cubana”.

“Los niños no sabían ni hablar, ni saludar, ni mirar. Encogidos como animalitos. Salí de allí y lo expresé en la crónica que mandé a Bohemia. Decía: “Dentro de treinta o cuarenta años, ¿qué será de estas criaturas?: médicos, abogados, maestros... Aquí habrá una gran escuela, carreteras, poblados, hospitales... estos niños podrán continuar estudiando”.

“Llegó el año 1997, mes de enero, se me aparecen dos niños de la Isla de la Juventud, dos mulaticos preciosos, finos, discretos. Vienen a visitarme porque en sus libros de la escuela estoy yo- dicen. Cuando se despiden el que tiene nueve años dice esto: “Dora Alonso, yo me voy pero me la llevo en el corazón.”.

“Me conmoví. Me piden permiso para traer a su papá que me quería conocer también. El papá es profesor de una secundaria básica en la Isla de la Juventud y resultó ser uno de aquellos niños descalzos, parasitados, que no sabían saludar de la escuelita de San Francisco de Arroyón”.

La historia de la radio sería incompleta sin su presencia. Ella la enriqueció y acercó a los valores más autóctonos y de profunda raigambre cubana, que cobraron vida, para afianzar sus raíces en el corazón de un pueblo. Siempre recordaré sus palabras.

“Yo amo la radio. Cuando me he sentado ante la máquina a crear siento un florecimiento de todas mis aptitudes, una entrega absoluta y una facilidad como agua que corre entre escena y escena”.

Las nuevas generaciones encontrarán en la finca Las Mercedes de Sol del Batey, los horrores de la esclavitud; en Tata Fundora reconocerán a la mujer de la campiña en su lucha por la vida; en la Media Luna de Nacho Capitán, está el símbolo del campesino desalojado. En estas y otras, en su obra entera, estará siempre el mensaje de lucha y de victoria de los criollos y los guajiros de esta tierra cubana.

Su grandiosa obra poética y narrativa para los niños y la juventud nos marcó desde la edad más temprana. Su Palomar, que es nuestro; Pelusín; Las aventuras de Guille; El cochero azul; El valle de la pájara pinta - Premio Casa de las Américas – y tantas y tantas de su prolífera producción, no quedarán apresadas entre las líneas de una literatura inerte. Porque esas letras, como dijo el Apóstol José Martí: “no tienen por objeto entretener ocios, sino aprovecharse de ellos para mantener en alto los espíritus, en el culto de lo extraordinario y de lo propio”.

 

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