Una ojeada al pasado (V) La prostitución

Muchachas y muchachos: si estás de acuerdo te pido prestes atención a otro de los grandes males sociales que existió en nuestro país; y de ese modo continúo el objetivo mayor, mostrarte lo que fuimos para comprender mejor lo que somos.

Por tanto, ahora corresponde hablarles brevemente de lo que fue la prostitución en Cuba, particularmente en la propia capital, que sobre todo allá por los años 40 y 50 llegó a ser nombrada como “El burdel de América”, calificativo obviamente bochornoso e insultante a nuestro pueblo.

Claro, es importante saber que la prostitución era uno más de los males sociales que sufría Cuba, resignada solo a servir a los grandes intereses yanquis y la clase más podrida del patio, como politiqueros, empresarios, ricachones y la propia policía que se enriquecía con aquel  indecoroso negocio.

Hasta ese negocio estaba dividido en clases, porque existían desde prostíbulos de lujo (los de Marina, por ejemplo) hasta los llamados de orilla para los menos favorecidos. Pero antes de continuar te aseguro que estos lugares constituían gran peligro por la posibilidad de contraer enfermedades derivadas del acto sexual, como por ejemplo la sífilis, entre otras; contagiados por desdichadas mujeres –se registraban unas 100 mil- que se veían obligadas a vender su cuerpo, las que a su vez eran enfermadas por hombres.

Pero, te decía que existieron prostíbulos de lujo, los más importantes fueron los de “Marina”, una mujer extremadamente ambiciosa que prácticamente dominaba el negocio, ya que poseía una gran cantidad de prostíbulos a los que asistían personalidades del mundo de la política y de la clase alta. Aquella “gran” señora, por supuesto, emigró de Cuba al principio de la Revolución, la misma revolución que barrió de un plumazo tales antros.

Aquel fenómeno social llegó a ser uno de los negocios más lucrativos que poseía la policía nacional. Les describo: el policía de barrio se paseaba permanentemente por el barrio donde pululaban tales sitios; y  tocaba en cada puerta para recibir su premio por  no denunciar; y obviamente, el capitán, su jerarca mayor, recibía una contribución sin tener que caminar el barrio. El primero era amigo de la gran “matrona” –así le llamaban- y el segundo, el clásico chulo de uniforme. Toda una inmoralidad de proporciones criminales a costa de mujeres despreciadas por la sociedad que, simplemente, las ignoraba, era como si no existieran, desprovistas de todo derecho social y, además, víctimas del llamado chulo o proxeneta que también explotaba su desgracia.

Por confiar en tu inteligencia es que no escribo más para establecer la comparación con la actualidad revolucionaria, solo menciono que nuestras queridas compañeras tienen a su disposición lo que tenía que tener como decía nuestro poeta mayor Nicolás Guillén.

¡Y pensar que existen seres que aún en nuestros tiempos añoran aquel pasado!

Hoy el empoderamiento que poseen nuestras féminas habla por sí solo de su andar en Revolución durante más de seis décadas. Es por ello que nuestro actuar masculino debe enaltecer el rol de la mujer, tal cual lo hizo nuestro Héroe Nacional. Como se conoce nuestro Martí le dedicó a la mujer cubana palabras sumamente hermosas. Tomo una muestra que no por simple deja de ser profunda:

Tú sola, solo tú, sabes el modo de reducir el universo a un beso”.  

 

 

 

  

    

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