La inmunización global y el Juego del calamar

 Muy mal anda la distribución mundial de las vacunas contra la Covid-19. Mientras el Norte desarrollado y opulento adelanta la inmunización y se da el lujo incluso de acaparar inyecciones, el Sur subdesarrollado y pobre apenas sueña con tener un día esa protección.

África y algunas naciones tercermundistas parecen ni haberse enterado de la existencia de los inmunógenos correspondientes. Ni siquiera Covax, la iniciativa auspiciada por Naciones Unidas, ha logrado llegar donde más se necesita. Y eso que, con un esfuerzo combinado, se pretendía que todos los países tuvieran un acceso justo a la vacunación, e incluso llevárselas de manera gratuita a los más pobres.

Pero esa intención se diluyó ante el acaparamiento de los más ricos, las fallas de los productores y la falta de infraestructura sanitaria en algunas naciones.

Sin vacunas

Mientras los países ricos aplican dosis de refuerzo, aún está sin vacunar el 98 por ciento de la población de las naciones pobres. Y el mecanismo Covax, que parecía ser una tabla de salvación, apenas ha entregado el cinco por ciento de las vacunas administradas en el mundo.

Pero lo peor es que hace unos días anunció que le será imposible cumplir el objetivo de entregar este año 2 mil millones de dosis. Ahora, muchos quedarán a su suerte y el nuevo coronavirus seguirá diezmando a la especie humana, nadie sabe por cuánto tiempo.

Los ricos, inmunizados y seguros, hasta con dosis de refuerzo garantizadas, mirarán de lejos como se mueren los más pobres, no en una serie de Netflix, sino en un reality show, que por transcurrir en la vida real será más macabro que El Juego del calamar.

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