Eligió vivir del lado del deber (+Video)

Morir es una palabra definitiva. Hay seres que a ella no se amoldan, porque morir tiene que ver con esa idea de que algo se termina. A esa estirpe, conformada por aquellos que, enamorados de la vida, podrían entregarla para que viva la gloria, pertenece Vilma, quien ni siquiera habiendo abandonado el mundo hace hoy 14 años, se aparta de nuestros días.

Mucho pudiéramos decir de lo que hizo, de quién fue esa muchacha santiaguera –la segunda mujer en graduarse en su país de Ingeniería Química– y por qué escogió para sí un rumbo que la apartó de un destino fácil, garantizado por la solvencia material. Bastaría con asomarse a un libro, o mejor a las páginas ciertas que escribieron los jóvenes cubanos para defender su Revolución, para que el retrato de esta sublime mujer se nos muestre íntegramente. 

Entre las tantas imágenes, estaría la estudiante dispuesta a conspirar para acabar con un régimen corrupto y entreguista, que empezó confeccionando panfletos y llegó a ser miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y de su Buró Político; y presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas, ingente organización que devolvió a las cubanas la dignidad, sin la que no es posible la dicha plena, y al frente de esa tarea puso su recta dulzura y preclara inteligencia, para que nunca más padecieran el dolor de vender su cuerpo, o de sentirse opacadas por la falta de derechos. 

Lúcida y segura, su palabra brilló lo mismo junto a Frank País –en el empeño primordial del Movimiento 26 de Julio–, que en todo escenario en el que le fue dado conducirse. Así, resultó imprescindible en el clandestinaje; en la Sierra Maestra; en la misión educativa que asumió dentro de la Revolución, al conseguir cambiar mentalidades y desterrar prejuicios; en la formación de cuadros, labor esencial para enrumbar las transformaciones; en las tribunas internacionales, donde puso en alto, con solo describirla, la obra revolucionaria; o cuando habló, con la calidez de su espíritu, de cualquier tema, con la más humilde de las compañeras.

La que eligió vivir del lado del deber; la que en tierra ajena sintió que en la suya era necesaria; la que experimentando naturales temores ante el horror no tembló ante nada; la que protagonizó hechos que otros habrían evadido; la que junto a las federadas construyó los primeros círculos infantiles, sin «cerca de cemento (…) para que el pueblo viera a los niños en el círculo y los niños vieran a la gente»; la que halló apoyo en la familia que fundó, para ser ella misma ejemplo de mujer en Revolución, nos habla cada vez que ganamos conciencia de todo lo que hemos conseguido.

Un día, refiriéndose a las tantas mujeres que se habían graduado con estudios superiores, gracias a la obra emancipadora, dijo: ¡Cuántas inteligencias se perdieron!, lamentando los muchos valores que pudieron haber sido útiles a la Patria.

La fuerza femenina formada por tu magisterio, que defiende hoy a Cuba en Revolución; la inapelable decisión de un pueblo de no volver jamás al pasado que combatiste, es la mayor evidencia de que tu muerte es mentira.

Editora. Carmen Torres

 

 

 

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