La acechanza del bloqueo de EE.UU a la cultura nacional

«Sin cultura no hay libertad posible», sentenció el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y la convicción de este pensamiento centraliza el actuar de la Revolución cubana y sus fieles continuadores.

Se trata de un concepto que no se restringe a lo artístico, sino que abarca una cultura general integral, la cual se extiende a la preparación profesional y los conocimientos elementales de una amplia gama de disciplinas relacionadas con las ciencias, las letras y las humanidades.

Los efectos adversos del bloqueo del gobierno de Estados Unidos contra Cuba no han impedido el desarrollo espiritual del pueblo, pero han afectado el desempeño de la educación y de forma específica a las manifestaciones artísticas.

Indican los analistas que los daños en este sector se reflejan, entre otros aspectos, en la imposibilidad de acceder al mercado de bienes y servicios culturales de ese país para adquirir los insumos necesarios que permitan la creación y la enseñanza artística, así como para el funcionamiento de las industrias culturales. También se aprecia en el impedimento del disfrute del ejercicio de los derechos intelectuales de nuestros creadores.

El aumento de los precios de los insumos que la industria del arte necesita importar, dada la imposibilidad de adquirirlos en el mercado norteamericano condiciona la  elevación de los fletes de transportación, con particulares efectos sobre la cultura nacional.

De este detrimento no está eximido ninguno de los sectores de la intelectualidad cubana. Entre los casos más significativos se encuentra la falta del avituallamiento para las agrupaciones teatrales y danzarias con dificultades para adquirir vestuario y productos necesarios para las escenografías y atrezo, lo que genera importantes erogaciones financieras adicionales como sucede con el Fondo Cubano de Bienes Culturales, la ACAA y ARTEX cuyos artistas demandan cristales  pinturas, óleos, acrílicos, telas como lienzos de lino, de algodón, imprimidos o crudos, pinceles, brochas, barnices y otros materiales.

A los artistas cubanos no les está permitido firmar contratos comerciales de trabajo en los Estados Unidos y por tanto, recibir honorarios por sus actuaciones o ventas ni aún en beneficio de la entidad que los representa, pese al interés de empresarios, productores e instituciones de comercializar la producción cultural y artística cubana. Esta política dura decenas de años y se  ha recrudecido en estos tiempos de Pandemia, con decenas de sanciones que inciden además con la crisis económica mundial.

Una afectación de particular significación es la inexistente participación institucional cubana en el mercado norteamericano del arte. No es posible asistir a subastas ni a ferias ni se pueden presentar exposiciones comerciales. Las relaciones comerciales emprendidas con potenciales distribuidores del libro cubano, han sido igualmente perjudicadas.

El derecho de autor y el pago por este concepto es reconocido por casi todos los países del mundo. Sin embargo, los intelectuales cubanos se ven privados de este derecho en los Estados Unidos, dadas las restricciones del bloqueo.

Y no pretendo profundizar en su agresividad injerencista al tratar de crear una confrontación entre los artistas revolucionarios y quienes han asumido una posición mercenaria, incrementado el empleo de las redes sociales para tergiversar, manipular e introducir falsas noticias.

Desgraciadamente para el gobierno de Estados Unidos lo más elevado y talentoso de nuestra intelectualidad apoya desde su nacimiento a la Revolución por su espiritualidad y eficiencia a la hora de lograr lo que José Martí expresó: “Ser cultos para ser libres”.

Esa condición sólo se alcanza con el avance de la historia mediante un sistema social que responda al derecho y fomento del arte y la cultura dentro de la población, sin distinciones ni exclusiones: el socialismo. Es como decía mi padre: “una verdad verdadera y punto”.

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