Ridículos anticubanos

Mientras más afiebrado el odio y más virulenta la campaña contra Cuba, más ridículos hacen sus promotores, actores principales y figurantes de turno.

Lo ocurrido esta semana en la OEA es la muestra mejor del descrédito que cosecha la intensa campaña de presiones políticas desplegada por Washington desde el pasado 11 de julio. Ni los tuits desaforados de los funcionarios del Departamento de Estado, ni las llamadas a lo cortico a los embajadores ante la OEA, ni los pedidos amenazantes de los embajadores estadounidenses en las capitales latinoamericanas y caribeñas lograron el propósito. La farsa no pudo ser ejecutada. La dignidad caribeña y de otros países de la región impidieron se montara el circo en los predios del judas Almagro.

Fue un nuevo ridículo de la diplomacia estadounidense en sus propios dominios, luego de que hace unos días se apreciaran, otras jornadas de presiones en todo el mundo, con un documento acusatorio firmado por 18 países y un territorio. Magra cosecha frente a los 184 votos de países que condenaron en Naciones Unidas el criminal bloqueo económico, comercial y financiero de EE.UU. contra Cuba.

Al ridículo de Foggy Bottom se une el de los mercenarios que sostiene. La bien financiadita “jefa” de la entelequia miamera “Cuba Decide” - muy carnal ella de Almagro, Añez, Guaidó y otros personajes impresentables-, ha salido con un comunicado iracundo y llorón en el que califican de “vergüenza” la digna actitud de las naciones caribeñas y las acusa de “cómplices de dictadores”. Con total desparpajo y fluida mentira - como habitualmente - la señora alude a “asesinatos de jóvenes” en las calles de Cuba y “desapariciones de cientos de cubanos”.

Y para ponerle la tapa al pomo, el corrupto y asesor legal de Trump y ex alcalde neoyorquino Rudolph Giuliani se fue a Miami el 24 de julio a animar con una arenga anticubana el almuerzo del día en el Restaurante Versalles.

Pero ni el menú de la casa ni la publicitada aparición del hombre que puso a la policía de Nueva York a repartir bastante palo en sus años de alcalde, lograron atraer audiencia. The Miami Herald resumía el patetismo de la escena en un titular: “Rudy Giuliani: vino a Miami para golpear al régimen de Cuba. Sólo aparecieron unas pocas personas”

De estas poses y personajes se alimenta la política contra Cuba; de ese odio visceral que ciega y empobrece almas. La fobia enfermiza a la Revolución los convoca; el ridículo los junta.

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