¡Y llegó la Televisión!

Aquello era difícil de creer. Oír las voces de quienes hablaban y cantaban, ¡de acuerdo, pero hasta ahí!, pero… ¿eso de verlos moverse, caminar y todo eso?... ¡Qué va!

Poco antes de que se viera la primera transmisión televisiva, muchas personas pensaban de esa manera. Les parecía demasiado que pudieran verse los cantantes, las orquestas y los locutores. Aquello era mucho más que imposible, como imaginarse que las radionovelas llegarían a ser vistas – en tiempo real -, claro que sí, y paradójicamente, como lo exigía la tecnología rudimentaria de aquellos comienzos. 

A pesar de los pesares, de incredulidades o pensar aquella posibilidad como una ciencia-ficción al estilo “juliverniano”, el veinticuatro de octubre de 1950 salió al aire la primera transmisión de Televisión originada en Cuba.

La historia señala al Canal 4 de Unión Radio Televisión, propiedad de Gaspar Pumarejo, como pionero de nuestra primera hazaña audiovisual inalámbrica. Desde aquel día estuvimos entre los primeros países latinoamericanos y de todo el mundo en contar con el novedoso medio de información. 

Hay nombres inspiradores que son de obligada referencia, en primer lugar el de Julio Vega, compañero en la vida de la actriz, cantante y locutora María de los Ángeles Santana. Durante una estancia de ambos en Nueva York, y al presenciar las señales de Televisión, Julio regresó a La Habana enamorado de lo que vio en la llamada “ciudad de los rascacielos”, y comenzó a mover corazones, voluntades y, claro está: intereses, para que el medio llegara a nuestro caimán. 

Tras el primer Canal, empezaron a competir magnates como Amado Trinidad, Goar Mestre y el propio Pumarejo. Rivalidades aparte, la Televisión Cubana fue creciendo y se consolidó. 

El nacimiento de la TV en CubaDe aquellos momentos iniciales son recordados los espacios musicales, humorísticos y dramatizados. Los artistas cubanos – guerra de nervios incluida – se situaron por encima de las exigencias y nuestros productos televisivos brillaron por su indiscutido profesionalismo. Entonces no existía siquiera el video-tape de los 80. Había que hacerlo todo “en vivo”, en permanente desafío a un reloj implacable que no se las entendía con retrasos ni adelantos. Las telenovelas – incluso las de la década de los 60 eran en tiempo real, lo que implicaba que los actores tuvieran que estar allí, “contra viento y marea”, a espaldas de cualquier indisposición física o emocional. 

Nuestra Televisión fue en sus primeras décadas una prueba de fuego, un actuar contra el tiempo, y hacerlo bien. Las limitaciones tecnológicas en cuanto a la grabación de los audiovisuales impidieron que en nuestros días pudiéramos disfrutar de muchos de aquellos momentos trascendentes, algunos de los cuales quedaron para la posteridad gracias a filmaciones rudimentarias en cintas de 16 milímetros. 

Ha llovido mucho de entonces a la fecha. Se masificó la tenencia de telerreceptores, hoy sofisticados con una calidad de imagen nunca antes soñada. Quedaron atrás los pesadísimos cajones con pantallas iconoscópicas en blanco y negro que hacían “lloviznitas”. Las pantallas fueron ensanchándose cada vez más y hoy contamos con todas nuestras transmisiones en colores, varias de ellas en alta definición. 

El proceso de digitalización, a pesar de inconvenientes de orden económico, continúa su marcha. Al mismo tiempo nuestros productos televisivos crecen en cantidad y calidad, aunque los retos siguen siendo enormes para que podamos contar con un medio audiovisual doméstico cada vez más a la altura de lo que exige y merece nuestro pueblo. 

Pronto nuestra TVC transmitirá todos sus canales en Alta Definición (HD)

Con mucho todavía por andar, crecer, mejorar y perfeccionarse la Televisión Cubana – lo mismo que nuestra Radio – es Cuba misma. Testigo de cada acontecimiento histórico, artístico, cultural y deportivo, es la propia historia hecha imágenes y sonidos. Las nuevas tecnologías se imponen y el capital humano que las mueve demuestra su inagotable talento. Son parte continuadora de un compromiso con su identidad y su cubanía. 

Ellos y ellas, como depositarios de una herencia que produce orgullo,  merecen una felicitación sincera y agradecida a setenta y un años del nacimiento de la Televisión Cubana.

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