Rolando de la Cruz: Feedback al corazón

Cada pared de Radio Granma tiene desde hoy la huella perdurable de un Maestro, radialista de alma, sonidista de un corazón de altos quilates. Experimentados y jóvenes colegas acuden conmovidos a un domingo de duelo y dolor. La señal se viste de luto, se torna gris. Lloran los micrófonos.

“Radio Granma es mi casa, y siempre será mi casa, a la que entregué los 44 mejores años de mi vida”, me dijo este “muchachón” hace unos días, luego de bien merecer la condición Artista de Mérito de la Radio Cubana.

El pasado 24 de mayo la sonrisa dibujó emociones en el rostro de “El Mulo” (quienes le conocieron saben que era un hombre – «niño grande» por nobleza, sencillez y especial jaranero) por lo arriba expuesto y que es “lo mejor que uno puede tener: que te reconozcan por tu trabajo, por el desempeño al que has entregado todo es lo más lindo de la vida».

La hora triste me trae el recuerdo del profesional, esposo, padre, amigo y genial MAESTRO.

Allá por el lejano mayo de 1995 me recibió en el círculo de interés de locución para el programa infantil Somos la Niñez, de la mano de otra radialista imprescindible: Georgina Mendoza Cedeño, la amorosa «Tía Yoyi» de todos.

“Robertico, tienes que amar esto, sino no entres al medio. La pasión debe estremecerte y vivirla eterna. Mira siempre adelante.

Un realizador no puede encasillarse que si es grabador, editor, musicalizador, no, no. Usted es realizador de sonidos, es integral: un lápiz que suene tiene que descubrir por qué sonó así y dónde lo hizo.”

Rolando alcanzó inigualable maestría en las transmisiones en la calle, desde exteriores, un indiscutible desempeño en los controles remotos desde el Pico Turquino, La Plata, y transmisiones de béisbol desde Pilón a Bayamo, y desde instalaciones turísticas.

Memorable fue la intrepidez de simular un viaje en helicóptero por la legendaria Sierra Maestra. 

“Ibarra me dijo: – Oye compadre, ¿qué hacemos con esto? Y yo: – Olvídate que yo tengo la locura para hacerlo”. «Inventé un sinfín con un pianito Cassio que tenía el maestro Wilfredo Naranjo, oí un sonido y me puse a teclear ahí. Cuando aquello la emisora tenía, como decimos, una identificación del año de la bomba y la actualizamos en la voz de Ernesto Martínez Robles.

La transmisión salió y asombró no solo a los oyentes y nuestros colegas, también a los directivos del Instituto Cubano de la Radio y la Televisión (ICRT).

Quiero que me recuerden siempre como un realizador en el que se podía confiar, al que le dejaban un programa y al otro día lo tenía listo y el director expresaba: esto es lo que yo quería. Siempre rescaté las ideas del líder de los programas, las penetraba en mi cuerpo y las convertía en sonidos exactos. El sonido de mi alma”.

Rolando no pudo vencer el «Feedback» al corazón, pero no se marcha: a Dios le hacía falta un realizador de sonidos para ejecutar la sinfonía del paraíso y escogió al más excepcional de los sonidistas de la Radio Cubana hoy (en el país, es el único de esa especialidad dueño del Micrófono de la Radio cubana).

Ahora imagino el abrazo con Jorge Ibarra Zabaleta, El Uruguayo, y las “locuras” que cocinarán para televisar con la palabra desde el universo de los imprescindibles, de los inmortales. ¡Luz en tu programa de cierre, Campeón!


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