Iniciamos este 6to. Festival Nacional Virtual de la Prensa bajo una doble conmoción: la muerte heroica de los 32 cubanos caídos en Venezuela y la honrosa y multitudinaria reacción de los cubanos al recibir sus restos en la patria y en respuesta a los ultimátum de quienes pretenden establecer una dictadura mundial contra toda regla civilizatoria.
Es deber ineludible de los patriotas cubanos acompañar la estremecedora reacción emocional con otra racional, que nos permita hacer las evaluaciones profundas de lo que estos graves acontecimientos significan para la hermana Venezuela, nuestro país, la región y el mundo.
En el caso específico de nuestro sector, los desafíos extraordinarios que los hechos específicos y el nuevo contexto nos plantean para contribuir de forma decisiva a la invulnerabilidad comunicacional de Cuba.
La soberanía de cualquier país, se comienza a entender más nítidamente ahora, no depende solamente del control del territorio geográfico. Un muy bien fundamentado y enjundioso análisis del Observatorio de medios de Cubadebate nos deja muy claro que el control del relato se disputó, en la agresión a Venezuela con la misma prioridad que el control del territorio.
El ataque imperial contra Venezuela del 3 de enero de 2026 no fue únicamente un episodio “militar” convencional, sino una acción de dominación multidominio (tierra, aire, mar, espacio, ciberespacio), donde el ciberespacio, el espectro electromagnético y la manipulación informativa operaron como armas para desorganizar capacidades estatales, condicionar la percepción pública y reducir los costos políticos de la agresión, concluye la indagación.
No hubo solo desinformación, sino empleo de tácticas para multiplicar versiones favorables al Ejército de Estados Unidos, erosionar la confianza, dificultar la atribución de fuentes y crear condiciones para imponer la versión de los centros de poder mediático y gubernamental estadounidense.
Esas solas consideraciones del Observatorio nos permiten concluir que ahora mismo, mientras iniciamos este evento, Cuba enfrenta una fase aguda del asalto a su soberanía comunicacional, que pretender abrir un corredor hacia otro tipo de agresión. Lo primero que se nos pretende arrebatar como país es el relato, la ocupación de los territorios mentales para saltar después a la toma de los territorios físicos.
Pero la gravedad de lo ocurrido en Venezuela trasciende a esa nación y también a Cuba. Lo que saltó por los aires con las bombas caídas sobre diversos puntos de esa nación y el secuestro presidencial es algo mucho más comprometedor para los destinos del mundo.
El reconocido teólogo Frei Betto denunció en artículo que coincide con la visión de voces de todos los espectros ideológicos y políticos del planeta, que se precipitaron al abismo el multilateralismo, con todas sus imperfecciones e hipocresías aunque, de alguna manera, constituía la columna vertebral de un orden basado en reglas, aunque muchas solo figuraban en documentos protocolares.
El aspirante a mandamás de la galaxia llegó a decir que su único freno es su propia «moral». Tal vez se equivocó y debió decir «morralla».
Las bravuconadas se dirigen desde países cercanos y hermanos de nuestra región hasta antiguos socios de tropelías planetarias ahora mismo puestos contra las cuerdas por la belicosidad trumpista.
Y todo ese desmadre intenta ocultarse con manipulación, alerta Betto, con una sofisticación perversa del lenguaje que tiene su gran cómplice, voluntario o intensional, en la llamada gran prensa, alineada con los laboratorios de intoxicación mediática que enturbian las redes sociales.
Solo alguien muy inocente, desinformado o maniático ideológico, desconocería, como señalé hace unos días, que el Cártel de los Soles fue una creación engañosa y malvada de la maquinaria compulsiva de manipulación del imperio con varios intereses.
El primero de ellos, señalar a Maduro como un delincuente internacional, no únicamente para tener una justificación frente a la comunidad mundial, y sus propias instancias internas, para agredir a Venezuela y secuestrarlo, sino para establecer que el proyecto histórico de la Revolución Bolivariana había derivado en un grupo delincuencial.
Al señalar a Maduro como un delincuente internacional, que debía ser «capturado», tramaron, y lo hicieron, burlar el Congreso de Estados Unidos, pues hasta hoy sostienen con cinismo que no se trató de una agresión militar a Venezuela —para lo cual tendrán que tener el visto bueno de esa instancia— sino de una acción policial, con el apoyo del ejército, para «capturar», nunca le oirán decir «secuestrar», al presidente constitucional venezolano.
Por las declaraciones, manipulaciones, chantajes y presiones indecibles a la que ahora someten a la dirección venezolana, pretenden la humillación mayor, contra la cual tendrían que lidiar con astucia y honor las nuevas autoridades venezolanas: desmontar a la Revolución Bolivariana contando con la rendición y la traición de su propio aparato y sistema institucional.
Esa sería su victoria mayor, porque constituiría el secuestro del ideal bolivariano de independencia, justicia y dignidad continental frente a los malsanamente retocados postulados de la Doctrina Monroe y de la teoría fascista del espacio vital.
Todo lo anterior nos advierte que debemos acelerar la transformación de nuestra prensa, que tiene en este festival una plataforma de estímulo muy especial. Porque, como apuntamos en otras oportunidades, mientras la importantísima columna comunicacional que constituyen los medios públicos o de las organizaciones políticas y de masas muestran fisuras, se les anteponen, con fondos millonarios provenientes de Estados Unidos y de la derecha mundial, un ecosistema de medios contrarrevolucionarios y de sofisticados laboratorios de intoxicación mediática. Persiste el doble desafío de saldar las deudas sistémicas que arrastra el modelo de prensa y de comunicación pública del siglo XX y sincronizarlo con la llamada era de la convergencia.
Tenemos que continuar estimulando, como nos elogió un hermano de causas, tropa digital revolucionaria, que se active orgánica y activamente y en modo multiplataforma. Respuesta sistémica entre mundo digital y analógico, entre medios tradicionales, digitales y vocerías para enfrentar la manipulación.
Fuerza comunicacional propia, a pesar de la asimetría. Intuición y asertividad operativa en el marco de un escenario asimétrico, la importancia de apostar a variables cualitativas más que a las cuantitativas. Genialidad humorística. Estamos urgidos un nuevo tipo de organizaciones periodísticas profesionalizadas.
En reciente evaluación de la marcha de los acuerdos del 11no. Congreso de la Upec, en el Secretariado del Comité Central, el Primer Secretario del Partido y Presidente de la República Miguel Díaz-Canel, tras exaltar que el proceso de transformación en marcha en la prensa es muy modernizador y renovador, consideró que fortalecer el sistema comunicacional del país es una urgencia ideológica, mediática y cultural, que debe ser apoyada por las direcciones políticas y de gobierno a todas las escalas.
Este festival Julio García Luis y sus premios nacionales de innovación Juan Antonio Borrego tienen que convertirse, como remarcamos en eventos anteriores, en un catalizador imperturbable de los cambios a que nos obligan la despiadada guerra contra Cuba, ahora casi convertida en amenaza de sobrevivencia frente a un imperio belicoso y envalentonado, y a los que nos reclama nuestra sociedad cada vez más exigente, profunda y crítica en medio del cerco y de los problemas estructurales por superar.
Una sociedad cada vez más en red, más parte de la sociedad global y más ansiosa de un socialismo pleno y democrático, como se estampó en el modelo a construir en el siglo XXI.
Reiteramos que no nos basta con hacer cumplir el precepto del maestro Julio García Luis de que la libertad de prensa es el derecho de la sociedad organizada a tener medios. Esa premisa hay que completarla con el derecho de esa sociedad a tener multimedios sólidos, modernos, creíbles, innovadores, articulados entre sí y con sus iguales en el mundo y con una autoridad y ascendencia social que le permitan romper con el cerco de mentiras, soberbia y odios que pretende su desarme moral y simbólico.
Se lo debemos a Fidel, quien nos pidió tenerlo como uno de nosotros, en el Centenario de su natalicio.

