Mario Limonta: una presencia duradera

Mario Limonta es uno de los rostros más entrañables de la cultura cubana. Con sus actuaciones dejó una huella en el teatro, la radio, la televisión y el cine. Su vida estuvo marcada por la pasión artística y el compromiso con el humor y la verdad de los personajes; es por ello que merece ser recordado y celebrar su legado.

Mario Eddy Limonta Louit nació el 19 de enero de 1936 en Guantánamo. Desde joven mostró inclinación por la palabra y la interpretación, al dar sus primeros pasos como declamador en la emisora de la ciudad que lo vio nacer. Con su voz fue erigiéndose, mientras comprendía cada vez más su destino. Comenzó estudios de Derecho que no demoró en abandonar para entregarse por completo al medio radial.

Llegó a la televisión en los años sesenta, hasta consolidarse como actor versátil. Su inolvidable papel del Sargento Arencibia “contó con un precedente poco mencionado; me refiero al personaje del Cabo López, que encarnó en la telenovela “Horizontes”. Fue ahí donde proyectó la voz del futuro Sargento Arencibia.

La diferencia entre ambos personajes fue que, en “Horizontes”, era un militar abusador con toda su fuerza dramática, mientras que en “San Nicolás del Peladero – con su antecesor “Ritmos de Cuba” -, encarnó a alguien parecido, pero lleno de comicidad y adecuado a la comedia y la sátira.

Años después reímos con el inolvidable Sandalio que con acostumbrada maestría nos regaló en “Alegrías de sobremesa” de Radio Progreso. Mario supo encarnar al cubano común, haciéndolo con gracia y autenticidad para lograr que sus personajes trascendieran convirtiéndose en símbolos de la idiosincrasia criolla.

Hasta 1965, formó parte del grupo Guernica del Teatro Nacional donde interpretó varios personajes protagónicos.

Dos años antes debutó en el cine. Su primera película fue el drama cubano La decisión, dirigido por José Massip en 1964 en el que Mario aparece junto a Daisy Granados y Manuel Benavides. En su trama, desarrollada en el Santiago de Cuba de 1956, interpreta el personaje de Pablo, joven mulato que estudia en la universidad.

A partir de aquel filme participó en otros que suman doce, entre ellos las recordadas Miel para Oshún y El cuerno de la abundancia. Su presencia en la gran pantalla culminó con una actuación especial en Neurótica anónima, dirigida por Jorge Perugorría, fue estrenada en La Habana en 2025, meses después de su deceso, el 18 de enero, un día antes de cumplir 89 años.

Un detalle especial es que Mario fue compañero en la vida y el arte de la actriz Aurora Basnuevo. Junto a ella protagonizó momentos memorables en la televisión el teatro y la radio. Aquella unión es un referente ideal de la complicidad artística y afectiva de dos seres que fueron referentes del humor cubano.

La partida de Mario, a quien se le había adelantado Aurora, dejó un vacío que se llenó con el dolor por la pérdida de alguien que, junto a su compañera, se consagró en la actuación. Ambos fueron sinónimos de autenticidad y talento en la historia cultural cubana.

En sus personajes, Mario encarnó con humor y ternura una crónica de la vida cotidiana en Cuba.

Fue testimonio y espejo de una nacionalidad. La Radio, fue una de sus plazas privilegiadas, y es recordado con el respeto y la admiración que merece.

Su nombre, junto al de Aurora Basnuevo, seguirá siendo sinónimo de autenticidad y talento en la historia del arte cubano.

Autor

  • Tomás Alfonso Cadalzo Ruiz (Cienfuegos, 1951). Miembro de la UPEC y de la UNEAC. Periodista, escritor y director de programas de Radio. Autor de varios libros en México y en Cuba, entre ellos, "La Radio, utopía de lo posible". Colaborador del Portal de la Radio Cubana desde su salida al aire. Escribe además para espacios de Radio Progreso, Radio Ciudad del Mar y el periódico "5 de Septiembre".

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