La luz que guía a los amigos
Aviones son cargados junto a almacenes en aeropuertos de otras latitudes; estibadores casi agotados, pero sin dar tregua, cargan buques próximos a zarpar hacia Cuba. Los amigos responden ante requerimientos de los antillanos. No hay barreras a la llegada de insumos, alimentos y otros enseres.


Tienen que ocurrir terremotos o magnicidios para que el nombre de Haití emerja del oscuro manto de silencio que lo envuelve. Es probable que, una vez concluidos los funerales de Estado que corresponden a la jerarquía del Presidente asesinado, el telón caiga sobre el escenario y se apaguen las luces del teatro.
Resulta cínico y totalmente delirante que, solo conociendo los ejemplos de las dos últimas décadas, alguien dentro de la administración estadounidense o ebrio del odio o de sus dólares, se atreva a sugerir una «intervención humanitaria» contra Cuba.
¿Cómo se han conformado los módulos de alimentos que serán entregados, de manera gratuita, a la población? ¿Qué productos contienen? ¿De dónde provienen los recursos? ¿Bajo qué criterios de distribución se ha trabajado? ¿Cómo se han engranado todos los eslabones que participan en dicho proceso?
Mientras más afiebrado el odio y más virulenta la campaña contra Cuba, más ridículos hacen sus promotores, actores principales y figurantes de turno.