
“¡Muero por la Revolución!” alcanzó a decir el combatiente comunista y antiimperialista Julio Antonio Mella cuando fue baleado de muerte en una calle de Ciudad de México a la edad de 25 años, el 10 de enero de 1929, por sicarios bajo órdenes del tirano de Cuba, Gerardo Machado.
Una frase histórica que no solo prueba su acertada presunción acerca del origen del fuego que lo mataba. También mostraba que sabía que la muerte era una posibilidad real cuando se combatía de manera valiente y vertical hasta el fin, y lo asumía con coraje. Una actitud digna de ese ejemplar, gigante de las ideas y el combate.