El tiempo en la radio

En la radio el tiempo no se oye, aunque es percibido y decide. Es algo que no vemos. Sobre sus coordenadas delineamos la emisión de cada espacio. En este medio de difusión, como en cualquier otro, cada segundo cuenta, y su gestión marca la diferencia entre un programa ágil, realizado con profesionalidad, y otro desorganizado capaz de defraudar a la audiencia.

Para ser del todo creíbles, hacen falta rigor y puntualidad, como valores añadidos a un producto elaborado con celo y apegado a una veracidad que convenza. Si los radioyentes dejan de ser nuestros cómplices, perdemos su confianza.

Calcular con precisión el tiempo en la radio es el arte de conseguir la sincronía entre la palabra, la música, el silencio y ¡el reloj! Un programa que «entra y sale» a su hora exacta genera confianza y respeto; eso comienza con el guion. También con el trabajo del director, último y principal responsable que lo adecua a la dinámica real.

El núcleo del programa es el texto, presentaciones, entrevistas, reportajes, publicidad y música si la lleva. Esa duración no es fija, pues depende del ritmo de lectura.

Leer entre 130 y 150 palabras por minuto, es un ritmo ideal para espacios destinados a incentivar la reflexión, editoriales, narrativa dramática, poesías o contenidos complejos. No es igual la lectura de noticias en flash o un comentario deportivo, que el texto de un programa especializado de música clásica.  Este ritmo al que me refiero “lento o pausado” crea un clima de intimidad y reflexión. Los guiones de 195 palabras a ese ritmo, ocupan, como aproximado, un minuto y medio.

El más común para la radio es el “ritmo medio”, de entre 160 a 180 palabras por minuto. Es aplicable a espacios para la información y el entretenimiento. Un mensaje que contenga algo más de 300 palabras, a “ritmo medio”, dura alrededor de dos minutos.

Le sigue en cuanto a velocidad de lectura el ritmo “dinámico o rápido”, de entre 190 y 200 palabras por minuto, apropiado para promociones, resúmenes deportivos, segmentos de alta energía comunicativa y destinatarios jóvenes. Este ritmo imprime vitalidad. Una lectura de 100 a 210 palabras por minuto, ocupa cerca de treinta segundos.

Se recomienda medir los textos radiales leyéndolos en voz alta, con la misma entonación y energía que demandaríamos de los locutores.  Lo mejor es hacer esto varias veces, midiéndolos con un cronómetro (los celulares lo tienen), y establecer un promedio.

Igualmente útiles para el cálculo inicial, son los procesadores de texto. Entre sus herramientas está el contador de palabras, buen aliado para los cálculos previos.

Otro detalle consiste en medir los componentes sonoros por separado.

La música, efectos de sonido y «spots» son elementos con tiempo fijo, cuyo uso dentro del guion debe planificarse.

No basta saber que una pieza musical dura equis tiempo. Debemos definir si comienza desde cero, si la levantamos en un punto determinado o después de su introducción instrumental.

Si usamos música como fondo bajo la voz, su duración se equipara a la del texto que acompaña. En esto su volumen también importa.

¿La pieza musical se corta al final de un estribillo o se deja desvanecer? Los segundos finales deben ser sumados.

Los efectos de sonido y los spots son breves, pero también suman. Sería un error  dejar de incluirlos en el cronograma. Un spot o jingle de 5 segundos, repetido 4 veces en el programa, ya consume 20 segundos del total.

Programas ni cortos, ni largos: el arte de lo simétrico

El programa de radio debiera de ser como un reloj mecánico donde cada engranaje acopla en su lugar para que todo el mecanismo funcione. La simetría del tiempo consiste en lograr que el contenido llene con exactitud el tiempo asignado sin «vacíos» o “baches” forzados, y sin cortes hechos de prisa.

El programa de radio que queda largo, le «roba» tiempo al que le sigue; el que queda corto, genera silencios y rellenos que dañan la calidad del espacio, y de toda la programación en general.

La simetría de contenidos y tiempo se llama profesionalidad.

Un programa bien cronometrado posee un ritmo natural, con momentos de clímax y de pausa que mantienen la atención de quienes lo escuchan.

En el orden interno, del equipo que lo realiza, da seguridad a todos y permite que los locutores se concentren e impliquen en la interpretación, sin ponerse a mirar el reloj con inquietud.

Tengamos en cuenta que, incluso con la mejor preparación, el tiempo en directo es exacto. Significa que todo programa necesita un «colchón temporal» y elementos “flexibles”.

Por si hubiese riesgo de que un programa “en vivo” quede corto, es útil contar con una reserva de contenidos extra – acordes al género y al contenido, por supuesto, que puedan insertarse. Para hacerlo seamos previsores y no dejarlo todo para el final, de modo que nunca se perciba como un relleno.

Tanto para los espacios en vivo y grabados, sería oportuno elegir cortes musicales más o menos cortos y alargar o acortar algunos fondos. Es válido también repetir informaciones de relevancia y la hora; incluso algún que otro efecto sonoro siempre que encaje en el contexto.

Son igualmente oportunos los spots de reserva y segmentos breves que podamos distribuir y notamos que vaya a sobrar tiempo.

En cualquier espacio tendiente a quedar largo, se puede trabajar el guión mediante el uso de palabras capaces de sustituir toda una frase. Si ello no significa cambiar el sentido de lo que el guionista quiso decir, la economía de palabras es lícita.

Por último, antes de una salida al aire “en vivo” o una grabación, debiéramos ensayarlo todo.  De aquí que el “trabajo o ensayo de mesa” es una opción a nunca desechar.

Calcular el tiempo en radio equivale a potenciar la calidad del programa. Dominarlo prevé los ritmos de la voz, los efectos, los silencios y la música, como disciplina que permite fluir sin sobresaltos.

Saber compensarlo de modo ágil y previsor constituye una habilidad  que marca la diferencia entre un improvisado y un profesional.

El programa bien medido respeta el tiempo y repercute en los radioyentes. Como expresé al comienzo, el tiempo “no se oye”, pero se siente. En gran medida decide la calidad de un programa.

Autor

  • Tomás Alfonso Cadalzo Ruiz (Cienfuegos, 1951). Miembro de la UPEC y de la UNEAC. Periodista, escritor y director de programas de Radio. Autor de varios libros en México y en Cuba, entre ellos, "La Radio, utopía de lo posible". Colaborador del Portal de la Radio Cubana desde su salida al aire. Escribe además para espacios de Radio Progreso, Radio Ciudad del Mar y el periódico "5 de Septiembre".

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