Esteban Salas, nuestro músico primado
Resulta fácil imaginar una de aquellas Navidades de finales del siglo XVIII y los tres primeros años del siglo XIX en Santiago de Cuba; la ciudad, bañada por las aguas del Mar Caribe, al extremo suroriental de la isla, desconocía como hoy las gélidas olas invernales; y desde la calle Santo Tomás entre San Basilio y Heredia, abriéndose paso por la entonces explanada de adoquines donde hoy está el histórico parque Céspedes, se oía el órgano que Esteban Salas y Castro empleaba dentro de la Catedral para interpretar los villancicos y la música sacra que él mismo compuso.


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«El primero de Cuba y el mundo. Habrá otros como este, pero aquí nació la idea y será escuela y ejemplo para los demás. La batalla de ideas no puede perderse, ni se perderá. La especie humana depende de ella».