Esteban Salas, nuestro músico primado

La arquitectura ecléctica del centenario inmueble articulaba en una graciosa armonía con el Barroco Americano del cual en la música fue Esteban Salas su gran exponente criollo.

En un período comprendido entre 1764 y mediados de 1803, aquel músico y compositor fue el maestro de capilla de la Catedral de Santiago de Cuba; allí formó cantores y ejecutantes que hicieron sonar en Cuba los primeros pentagramas provenientes de Europa.

Nacido en La Habana el día mismo de la Navidad de 1725, a la edad de ocho años se unió al Coro de la Iglesia Parroquial Mayor de La Habana, exhibiendo como tiple su aguda voz infantil. Allí aprendió a tocar el violín y el órgano al tiempo que recibió clases de música.

En febrero de 1764 arribó a Santiago de Cuba, donde fue designado, un año antes, maestro de capilla, por disposición del Obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz.

Con la irrupción de Esteban Salas en los predios eclesiales santiagueros, se descorrió el velo que dio a conocer a semejante talento musical cubano. Nuestra música se abrió paso; es el primer compositor de cuya música existe testimonio.

Debemos al escritor e investigador Alejo Carpentier el encuentro con la música de Salas, un hombre desconocido u olvidado durante más de siglo y medio; fue así como se supo que lo escrito en el pentagrama por aquel habanero radicado en la urbe santiaguera, forma parte del acervo de la cultura universal.

Misas, villancicos, motetes, salves y autos sacramentales engrosan el patrimonio musical cubano aportado por Esteban Salas. Música orquestal, para solistas con o sin orquesta fueron frutos del quehacer de un artista que componía sin descanso y con destreza.

Gran parte de su obra se conserva en las excelentes grabaciones del grupo Ars Longa. Disfrutarla equivale a viajar con la imaginación por aquellos tiempos, cuando la música cubana hizo su despunte definitivo.

Música sacra con el sello de lo barroco y lo clásico; música de época que escribió para todos los tiempos. Deleitarnos con la «Cantada a dúo con violines» o «La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo» basta para sentir el orgullo de haber contado con semejante músico primado quien dejó de existir hace 213 años un día como hoy, 14 de julio, en 1803.

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