Incrédulos, ignorantes y apolíticos

Pero están los apolíticos; estos sí son más dañinos porque usan su «neutralidad» para esconder sus pensamientos retrógrados y servir de ese modo al amo imperial. Decía nuestro amigo Frey Betto: ¿Qué a usted no le gusta la política? No sea ingenuo: quien se aparta de la política será gobernado por aquellos a quienes sí les gusta.

Precisamente, lo que los políticos corruptos desean es que la omisión de usted asegure la perpetuación de ellos en el poder. Por ejemplo, estos apolíticos saben perfectamente que el sistema de salud cubano es un verdadero ejemplo en el mundo.

Sin embargo comentan -con intencionalidad manifiesta- que el empleado del policlínico lo maltrató o que el especialista que debe atender su mal no vino a trabajar. En cierta ocasión, escuché con gran pesar a una persona afirmando que lo único bueno de la salud en Cuba era su gratuidad.

Es decir, para inferir entonces que no había nada más de loable. Inmediatamente pensé que la susodicha podía ser uno de esos seres que le debe la vida a la Revolución Cubana por haber sido operado de un cáncer, o de un trasplante hepático, o cualquier otro mal y, a pesar de ello, intentaba subestimar a uno de los más grandiosos logros de nuestra sistema dec atención médica. Pasó por alto a las varias instituciones científicas con un impetuoso e incuestionable desarrollo, reconocido a nivel internacional.

El apolítico desconoce también la existencia de hogares de ancianos donde se les garantiza alimentación, cuidado de su salud y una vida digna; ni siquiera menciona la existencia de instalaciones concebidas para la atención de embarazadas que presentan alguna deficiencia de salud, atendidas con el máximo esmero para que culminen exitosamente su embarazo; obvian que Cuba ostenta uno de los índices de mortalidad infantil más bajo del mundo; que personas aquejadas de serios problemas renales reciben tratamiento de hemodiálisis (muy costosos por cierto) y se les garantiza hasta el transporte de ida y regreso al hospital.

Muchos ejemplos pueden añadirse. Mujeres operadas de radical de mama que llevan más de 10 años posteriores a la intervención con una vida absolutamente normal; una niña con una gran afectación en su cerebro, hoy disfruta de una infancia plena a consecuencia de 3 operaciones; casos semejantes de seres que poseen un corazón trasplantado.

En fin, no caben en pocas cuartillas los indiscutibles méritos de nuestro sistema de salud, dígase la conocida misión Milagro que ha devuelto la vista a millones en Cuba y el mundo; y, por supuesto, el contingente Henry Reeve, concebido para ayudar desinteresadamente a otros pueblos que han sufrido catástrofes naturales.

Y aquella persona sigue diciendo que la gratuidad del sistema de salud cubano es su única virtud. A ella le deseo, muy sinceramente, que disfrute siempre de buena salud, no quiero que el precio para que rectifique su opinión sea una enfermedad. Créame.

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