Cinco Palmas o la clarinada del ¡sí se puede!
Aquella noche extraordinaria en que un cielo iluminado, una luna ancha, un pequeño cañaveral y cinco palmas fueron testigos del grito profético de Fidel de ¡Ahora sí ganamos la guerra!, a Cuba le nacía la certeza de lo posible, desde la inquebrantable fe en la victoria de un puñado de hombres que la historia convirtió en miles, en millones.


Un informe de un Comité creado por las Academias Nacionales de Ciencia, Ingeniería y Medicina (Nasem) de EE.UU. señaló, recientemente, que las ondas de radiofrecuencia pudieran ser la causa más probable de las supuestas afectaciones de salud de los diplomáticos de EE.UU. y sus familias en la capital cubana.
Soñábamos con participar en la construcción de una nación mutilada. Vivíamos en la soledad y el aislamiento. El Golpe del 10 de marzo había aniquilado las últimas ilusiones asentadas en la posibilidad de solucionar los problemas más acuciantes mediante la implementación de reformas dentro del sistema.
No por azar se escogió el 20 de octubre como Día de la Cultura Cubana. Recuerdo con cuánto orgullo Armando Hart reiteraba la trascendencia de que la fecha en que se entonó por primera vez el Himno de Bayamo sirviera para rendir homenaje a los hombres y mujeres que protagonizan la vida cultural del país. Se había sintetizado así, de modo inmejorable –decía Hart–, la identificación orgánica entre nuestros creadores y los ideales patrióticos, antiesclavistas y anticoloniales de 1868, enriquecidos luego por Martí, Mella, Guiteras, Fidel.
La victoria del pueblo angolano en su lucha de liberación nacional corría peligro. Los acuerdos de Alvor, el 15 de enero de 1975, establecían al 11 de noviembre de ese año como la fecha para proclamar la independencia, pero el proceso de descolonización pretendía ser abortado.