Habrá que seguir dándolo todo

Al reconocer el papel del pueblo durante las pasadas elecciones nacionales, donde ganó la Patria, el Presidente cubano también ha ratificado el concepto de Revolución de Fidel cuando en una parte de su legado habló del ¨sentido del momento histórico que vivimos¨ Mientras las campañas enemigas, caminaron por senderos de todo tipo, comenzando por alentar la no asistencia a las urnas y terminando por noticias falsas publicadas en las redes sociales para desmovilizar el voto, el pueblo concluía con una resonante victoria electoral cuyas cifras ya se conocen y se refrendan no solo en la presencia muy mayoritaria a las urnas, sino además en la calidad del voto. Si nuestros oponentes hablaron de desconocer las pasadas elecciones, es porque realmente les dolió y muy profundamente. Y hablando de triunfo electoral, se ratifica que aunque en esta ocasión el Parlamento nacional tendrá una menor cantidad de integrantes, -470 de acuerdo con la proporción concebida por habitantes en cada territorio-, la calidad y representatividad de sus integrantes es indiscutible: 221 son delegados de base, 135 de ascendencia provincial y 114 de origen nacional, seleccionados con el criterio de diversos actores de la sociedad, acerca de quienes nos representarían por un período de cinco años. El proceso hasta llegar finalmente al momento de las elecciones en el país, ha abarcado en el tiempo un grupo de pasos que apuntalaron el protagonismo y participación de la población, enseñanzas que debemos potenciar, alentar y también sistematizar por lo que aportan los intercambios con el pueblo, y también por las soluciones que pueden derivar de ellos. Habría que destacar las propuestas de las organizaciones al proponer en principio a los futuros candidatos; la labor de las comisiones de candidaturas; la participación del pueblo evaluando quiénes son los delegados; los delegados luego nominando a los futuros candidatos …

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El pueblo plantó bandera, y Cuba ganó

No le cabe a la Patria un milímetro más de orgullo. A su pueblo noble, y al propio tiempo irredento, prueba de su invencibilidad, se le desborda el pecho de emociones. Así como lo afirmara el Primer Secretario del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en las elecciones nacionales Cuba ganó. Dice el refrán que no hay sábado sin sol ni domingo sin resplandor. Pues en esta primavera fueron luces de democracia las que encendieron cubanas y cubanos, cuando corren tiempos de tormentas y carencias que azotan al mundo –más fuertes a nuestra Isla, víctima de un cruel bloqueo–, un planeta cada vez más desigual, con crisis multidimensionales que caen con esa fuerza más sobre las naciones del Sur, avasalladas por la gula del norte prepotente. Las cubanas y los cubanos, con la histórica jornada dominical del 26 de marzo, en la que soberanamente eligieron a sus diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, respaldaron no solo un proyecto social, sino que defendieron, aun en las condiciones más adversas de hostilidad del enemigo de siempre, la continuidad de la esencia martiana y fidelista de una obra social humana por excelencia. Si en Girón, en abril de 1961, se combatió por el socialismo; si en octubre de 1962 se creció la Patria por el mismo ideal; si ante la oleada terrorista de los 70 enarbolamos la misma bandera; si respondimos con la Guerra de todo el pueblo frente a las amenazas fascistoides del gobierno de Reagan, así como contestamos a las amenazas de Bush; si en los 90 resistimos el llamado periodo especial, mientras los entreguistas se frotaban las manos por «el fin inminente de la Revolución»; ahora la proeza estuvo en empinarse, con un triunfo contundente, sobre las dificultades objetivas y los nuevos agoreros. Como pauta …

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