Humanizar la información

Permítanme, sobre todo la juventud que tanto hace cada día por continuar prestigiando a la prensa cubana junto a  los otros de juventud acumulada, hablarle un poquito sobre la necesidad de humanizar la información. Sin preámbulos vayamos directamente al tema, con la obvia intención de serle útil, incluyendo aquellos que aspiran a ingresar en el mágico mundo de la comunicación.

Todo compañero (a) periodista, o no, habituado a leer y escuchar un amplio caudal de información, se puede percatar con facilidad de la ausencia del ingrediente humano en muchos materiales. Es como si los protagonistas de los sucesos, actitudes, etc, fueran personajes metálicos, despojados de sensibilidad humana.

Con frecuencia se abusa de la simple narración y no se atomiza ésta con ingredientes sensibles –¡no sensibleros, por favor!- que embellecen nuestro trabajo, sin que necesariamente nos veamos obligados a la ampulosidad. No olvidemos que prominentes figuras de la literatura han sido magníficos periodistas; que el periodismo no riñe con el vuelo poético y que, además, nuestra información debe tener correspondencia hasta con la propia idiosincrasia del pueblo, caracterizado por su capacidad, inteligencia, calor, solidaridad y fraternidad y, por sobre todo, su alta sensibilidad humana.

En este aspecto creo que el mejor de todos los consejos puede encontrarse en el fabuloso caudal de profesionalismo y entrega total del gran maestro de periodistas, José Martí. Citemos dos de sus ideas que apoyan sabiamente lo dicho: “Hay tanto que decir que ha de decirse con el menor número de palabras, eso sí, que cada palabra lleve alas y calor”; “No hay tormento mayor que escribir contra el alma, o sin ella”. Pero quiero añadir una bella y reveladora crónica del Maestro ante la muerte de un niño asesinado por la policía durante desórdenes huelguísticos en Estados Unidos.

Veamos: ¿Qué han hecho los huelguistas? ¿Han devuelto muerte por muerte? ¿Han despedazado con los dientes la tablazón que guarda las riquezas de la compañía? No. En número de 10 mil, con la cabeza descubierta, en silencio, han acompañado en sus funerales al niño infeliz, y han dejado sobre su féretro una corona de flores pobre: “!A nuestro compañero! Junto a la tumba rompió en sollozos la madre del niño asesinado. Los hombres, los 10 mil hombres, se volvieron a sus tugurios sin comida caliente y sin carbón, siempre en silencio. La compañía cotizaba sus acciones a 67 el año pasado, y este año la cotiza a 135.

Nótese:

El Maestro pudo lograr en tan pocas líneas una carga de pasión tal que llega a emocionarnos y, por supuesto, sin apelar a caminos trillados sensibleros; demostró la injusticia y la avaricia de la compañía, la misma que no tiene reparos que se asesine a un niño si de preservar sus beneficios se trata; la policía llega a actuar contra los trabajadores y el propio niño para defender el poder económico representado en este caso, por la compañía; entre los pobres obreros existe una real y verdadera solidaridad humana, a diferencia del egoísmo de los acaudalados, comidos por el deseo de riquezas a toda costa.

Veamos otras peculiaridades: el énfasis intencionado que Martí hace en que son 10 mil trabajadores los que asisten al entierro del niño, posiblemente con el propósito de demostrar que los más son los desposeídos y los menos, los ricos egoístas que actúan en contra de ellos. Finalmente, nos presenta una información para la cual le pido prestar la mayor atención: al final se produce un “aparente rompimiento brusco” respecto a las cotizaciones de la compañía, pero tal brusquedad es, precisamente, lo que el Maestro pretendió para demostrar la codicia salvaje que practicaban, y practican las poderosas empresas capitalistas. Algo más que resulta evidente: entre los obreros existe una real y verdadera solidaridad humana, a diferencia de los acaudalados.

Finalmente compañeros (as). Claro que la anterior crónica es una muestra fabulosa de todo lo que se puede lograr sin acudir a caminos trillados hasta el cansancio, a palabras edulcoradas y ampulosas.  Es la negación de “la muerte física”, “desaparición física, y tantas otras palabras e ideas repetidas hasta el cansancio. Comprendo que Martí fue único, pero eso no significa que no lo mantengamos como guía insuperable.

No somos simples órganos que emiten en cápsulas, las noticias e informaciones. Somos, eso sí, periodistas empeñados en hacer llegar al destinatario un mensaje que les llegue sano, sin trillos, ni ampulosidad; aunque sí comprometidos con los más caros intereses del pueblo. Se trata de ganarnos su agradecimiento.

Ojalá que mis modestas líneas se conviertan en algo útil para nuestra noble profesión. Gracias.

Autor

  • Silvio J. Blanco Hernández

    Silvio José Blanco Hernández. Colaborador del Portal de la Radio Cubana. Destacado y multipremiado periodista, escritor, asesor y analista de información. Es autor de libros como "La radio, técnica, arte y magia", y "Los programas informativos de la radio... Y algo más", entre otras obras y materiales investigativos con importantes aportes metodológicos al medio radial.

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